"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

martes, 28 de mayo de 2013

Hola a todos.
Esta semana he optado por no publicar un poema; en vez de eso he decidido comunicarme directamente con todos aquellos que seguís mi blog.
 En primer lugar, muchas gracias. 
En segundo, tengo un mensaje que quisiera haceros llegar. Veréis, el motivo de mantener esta página abierta al mundo es  para saber si  lo que escribo interesa a alguien; y en principio parece que sí puesto que en apenas un mes he recibido 1200 visitas  de todos los rincones del planeta ( algunos tan asombrosos para mí como el sudeste asiático o Estados Unidos) Saber que hay personas en lugares lejanos que abren mi blog para leerme me llena de un inmenso orgullo, lo admito; lo que no entiendo es que me leáis pero no dejéis alguna reseña de qué sentís al hacerlo. Me gustaría conocer vuestra opinión, francamente, sea buena o mala ( aunque demoledora no debe ser si se mantienen las visitas, supongo) Para ello sólo tenéis que pinchar en comentarios y escribir, escoger la casilla de anonimo si no teneis cuenta en Google - si deseais dejarme vuestro nombre ponedlo al final del comentario - y pinchar en publicar.
Por otro lado, la  idea de colgar los primeros  fragmentos de mis novelas a lo largo de dos jueves seguidos es para motivaros a que me digáis si os parecen interesantes o no. De parecéroslo, seguiría insertando capítulos para que pudiérais leerlas o crearía un enlace para colgarlas enteras. 
Como veis, estoy a vuestra entera disposición. 
De nuevo, muchas gracias.Espero seguir manteniendo vuestro interés.

De haber algún problema para establecer comunicación conmigo a través del blog, os dejo mi dirección de correo electrónico : mpg1962@hotmail.com.

martes, 21 de mayo de 2013

"Morir lentamente" de Pablo Neruda ( 1904-1973)

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito,
Repitiendo todos los días los mismos trayectos;
Quien  no cambia de marca,
No arriesga vestir un color nuevo
Y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión,
Quien prefiere el negro sobre el blanco
Y los puntos sobre las “ies” a un remolino de emociones ;
Justamente las que rescatan  el brillo de los ojos,
Sonrisas de los bostezos
corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente  quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
Quien no arriesga lo cierto  por lo incierto para ir detrás de un sueño,
Quien no permite , por lo menos una vez al día, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja,
Quien no lee,
Quien no oye música,
Quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien  destruye su amor propio,
Quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien pasa los días quejándose de su mala suerte
O de la lluvia incesante.
Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo;
No pregunta de un asunto que desconoce
O no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitamos  la muerte en suaves cotas
Recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
Que el simple hecho de respirar.
Solamente  la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.
Depende de cómo lo vivamos...
Si te vas a calentar, que sea al sol;
Si  vas a engañar, que sea  a tu estómago;
Si vas a llorar, que sea de alegría;
Si vas a mentir, que sea sobre la edad;
Si vas a robar, que sea un beso;
Si vas a perder, que pierdas el miedo;
Si existe hambre, que sea de amor;
Y si  es para ser feliz... que sea todo el tiempo.


martes, 14 de mayo de 2013

" Me basta así ". Ángel González ( 1925-2008)






Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando  -luego-  callas...
(Escucho tu silencio.
                                        Oigo
constelaciones: existes.
                                          Creo en ti.
                                                            Eres.
                                                                     Me basta.)



He de confesar que Ángel González es uno de mis poetas favoritos - regresaré con otros poemas suyos, irremediablemente - Pero cómo no enamorarse de una persona que dijo cosas como ésta:


“Se paga con la muerte

o con la vida,

pero se paga siempre una derrota”


martes, 7 de mayo de 2013

“Si dos personas se encuentran” Robert Burns (1759 - 1796)



 Este poema de Robert Burns serviría a J. D. Salinger tras una ligera adaptación de un fragmento para dar título a "Catcher in the rye" que aquí se tradujo como "El guardián entre el centeno".




Jenny es una pobre chica empapada;
Jenny rara vez está seca;
Arrastra las enaguas,
A través del centeno

A través del centeno, pobre chica,
A través del centeno,
Arrastra las enaguas.
A través del centeno.

Si dos personas se encuentran
A través del centeno,
Si dos personas se besan.
¿Tiene alguien que llorar?

Si dos personas se encuentran
A través de la cañada;
Si dos personas se besan,
¿Tiene el mundo que saberlo?

 Si dos personas se encuentran
A través del trigo;
Si dos personas se besan,
Es sólo un asunto de ellos.

 Ya sabeis que adoro Escocia así que era imposible no traer a estas páginas a su poeta más emblemático. Parte del poema lo he usado, además, como inicio de mi última novela "Mo duinne".

jueves, 2 de mayo de 2013

"Gomita de nata"

En un país cerca de aquí vive una preciosa niña a la que sus amigos llaman “Gomita de nata”. ¿Queréis saber por qué? Pues porque al cerrar los ojos y dormirse comienza a salir de ella un olor especial que no tiene nada que ver con su colonia ni con el jabón con que la lava su mamá.
 Nadie sabe desde que momento empezó a oler así porque como sólo le ocurre cuando está dormida, no habían reparado en ello. Lo descubrió una noche su tía Irene y cuando lo supo, Marina, que así se llama la niña, se quedó maravillada.
Aquella noche su mamá había ido a una fiesta y ella se quedó con su tía. Juntas se metieron en la cama y comenzaron a leer y a comer chucherías ¡Lo pasaron en grande! Pero como Marina se durmió antes, su tía empezó a sentir aquel olor tan extraño.
Intrigada, rebuscó en los cajones de la mesilla, olisqueó las flores secas del jarrón, metió las narices en los restos de las chuches…¡Pero nada, aquel olor no estaba allí!
De pronto Marina se removió en la cama y su tía fue a arroparla. Los ojos se le agrandaron por la sorpresa ¡Era Marina quien olía tan bien! Y rápidamente supo de qué era el aroma… ¡De goma de nata!

 Cuando era pequeña a Irene le habían encantado las gomas de nata y se pasaba las horas muertas en el colegio con la goma pegada a la nariz ¡Y ahora su sobrina olía igual! ¿Qué mágica sorpresa era esa?
Nadie lo sabía.
 Sin embargo, a partir de investigar en la guardería, una profe le dijo que había notado algo pero que había creído que era una colonia nueva para bebés.
 Sin salir de su asombro, su mamá empezó a olerla todas las noches cuando se quedaba dormida y a Marina aquello le encantó porque toda su familia estaba pendiente de ella. Y empezaron a llamarle “gomita de nata”.
 Un día, en el colegio, cuando ya tenía siete años, ocurrió algo increíble. Estaba haciendo sumas y se le acabó la goma; entonces empezó a quitar con los dedos los restos que se le habían pegado al papel y al mirar de nuevo la hoja ¡había borrado las soluciones de las sumas de arriba! 

 Asustada, Marina se miró los dedos…¡ Llevaba un número pegado en la yema! Se lo quitó en un momento, frotándose el babi, y miró alrededor por si alguien la había visto ¡Y vaya que sí! Su amigo Carlitos estaba con los ojos grandotes fijos en ella.
 - ¡Hazlo otra vez! – le pidió.
Marina negó con la cabeza. No quería que la señorita se enterase porque a lo mejor se enfadaba.
 - ¡Venga, hazlo! – insistió Carlitos.
- ¡Qué no, cállate! – suplicó Marina.
De repente, la voz de la señorita se oyó desde detrás de su mesa.
 - A ver, Marina y Carlitos ¿habéis terminado ya las cuentas?
- ¡Marina borra sola! – gritó Carlitos haciendo que toda la clase se volviera a mirarla.
 La señorita se acercó (tac, tac, tac) con sus tacones altos y miró muy seria a Carlitos. Marina no sabía dónde esconder la cara porque la tenía colorada como un tomate; y para colmo, el 5 que se había quitado del dedo se le había pegado en una manga del babi. Corriendo, se lo limpió de un manotazo.
 - Bueno, Carlitos, ¿qué es esa broma? Marina no es ninguna goma.
- ¡Pues en su casa la llaman “gomita de nata”! – se chivó Valentina.
- ¡Pero es por mi olor! – replicó ella, poniendo cara de querer morder a su amiga.
- ¿Cómo? ¿Cómo? – la señorita se acercó un poco más y le olisqueó el pelo - ¿Qué es eso de que hueles a goma de nata? Yo no huelo a nada.
 Marina bajó la cabeza, avergonzada porque todos la estaban mirando.
 - Es solo cuando estoy dormida – respondió bajito.
 - ¡Que se duerma! ¡Qué se duerma! – gritaron los niños a coro.
 -¡Ahora no tengo sueño! – protestó ella.
- ¡Bueno, pues que te entre! – insistió Carlitos – Pero es que además – le contó a la señorita poniendo cara de revelar un secreto - ¡Es que borra! ¡Yo  he visto como se quitaba un cinco de encima!
- ¡Pero no sé cómo lo he hecho! – se defendió Marina mientras los otros niños rodeaban su pupitre al grito de: ¡Borra! ¡Borra!
La señorita, que no sabía cómo actuar  porque jamás se había encontrado a una niña tan curiosa, mandó callar a todos con un silbato y después le pidió a Marina:
- Por favor ¿quieres borrar esa hoja de cuentas?
Y Marina tuvo que hacerlo, claro ¡Lo mandaba la seño! Empezó con el dedo gordo y cuando se le puso colorado pasó al Índice, y después al Corazón, y así hasta que borró con todos los dedos y la hoja quedó en blanco.
La señorita se quedó con los ojos tan abiertos que parecía un búho pero sus compañeros dieron palmadas y la llevaron a hombros por toda la clase al grito de “¡Gomita de nata! “ “¡Gomita de nata!”
Durante todo el día fue la sensación del colegio y los demás profesores vinieron a ver cómo Marina dejaba limpias las hojas de su cuaderno.
 A partir de entonces sus compañeros no tuvieron problemas para borrar cuando se les acababa la goma porque siempre estaba Marina para echarles una mano.
 Sin embargo, la profesora se había quedado muy intrigada y quería saber si lo del olor también era verdad. Una tarde, a la hora de gimnasia, estuvieron jugando a los bolos
y se le ocurrió dar permiso a los niños para que se tumbaran en las colchonetas, y como estaban muy cansados y el sol entraba calentito por la ventana, todos se quedaron dormidos.
Entonces, un olor estupendo comenzó a llenar el gimnasio…¡Olía a nata! La señorita, que no quería que los niños se perdieran aquello, comenzó a espabilarles uno a uno, poniéndoles un dedo en la boca para que no despertaran a Marina, y así todos pudieron disfrutar de su olor.
Y a partir de entonces todos, todos los niños del colegio la llamaron también “Gomita de nata”.
 Y colorín, colorado, este oloroso cuento se ha acabado.


" Para Elena, de tía Chus, en recuerdo de una noche en que mamá se fue de cena y nosotras lo pasamos genial "  Enero 1999.


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