"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 4 de septiembre de 2014

"Al final, esto es lo que queda"

Esa frase la pronunció una de mis amigas, despatarrada en un sillón y divertida, contemplando cómo el resto de los reunidos o bien bailaban o bien parloteaban de tonterías con rostros risueños.
Noche de verano,  mitigado el calor  por el frescor de una fuente cercana y la abundante bebida. No celebrábamos en realidad  nada concreto, salvo el placer de nuestra compañía. El lugar elegido era la casa de un par de ellos, una preciosa casa con patio, dos plantas y ático que nos pone al resto los dientes largos pero de la  que sacamos provecho en noches como ésta.
Rondamos los cincuenta los reunidos, unos por debajo y otros por arriba pero nos unen los más  de veinticinco años que llevamos “soportándonos”. No estábamos todos, aunque brindamos por ellos y como no podía ser menos, a muchos les hicimos partícipes de fotos y comentarios con los dichosos móviles. Ni siquiera nosotros, a nuestra “crecidita” edad nos libramos de chorradas como el selfie, el whats App, y conectarnos a youtube con un altavoz para rememorar a voz en grito canciones que nos traen melancólicos recuerdos.
Por aquello de que soy “escritora”, algunos me dicen “¿Cuándo vas a escribir sobre nosotros?” Y yo pienso que cómo podría describir a cada uno de ellos si en tantos años nos conocemos tan a fondo que sería incapaz de callar los defectos (aunque también resaltara sus  virtudes) y lo mismo el cariño se iba a hacer gárgaras… Porque no lo neguemos, a nadie nos gusta ver reflejadas nuestras  miserias y menos si la relatan gente que nos conoce bien. Por eso me niego y prefiero la ficción. Ni siquiera cuando me replican : “Pues se ve a la legua que la prota de tus novelas es calcada a ti” ven el trasfondo auténtico porque como suelo responder : “Es inevitable, porque pongo el alma en ella, pero también es cierto que me retrato como a mí me gustaría ser, física y psíquicamente, no como realmente soy. Lo chungo de mí, lo mantengo oculto. Saco mi cara social, no la casera”. Así, pues, queridos míos, nada de novela de amigos. Me mantendré fiel a mis principios de que la vida ya es bastante chunga y  prefiero divertirme inventándola.

De todas formas, me he ido por los cerros de Úbeda, lo que yo quería resaltar hoy, y por eso empecé con la frase de Cecilia, es lo asombroso que resulta que doce personas con vidas tan variopintas ( y los que faltaban, claro) hayamos podido mantener ese sentimiento que hace que te reúnas a cenar y te sientas tan cómodo en el grupo, sabiendo que a derecha o izquierda se sientan junto a ti personas con las que has tenido más de un roce, con las que no estás de acuerdo en sus modo de pensar, con la que no compartes apenas tiempo a lo largo del año.. pero te juntas y la conversación sale fluida, la sonrisa te enmarca el rostro y tu corazón nota una paz y una alegría porque estamos juntos; porque se ha producido el prodigio de que la amistad se renueva, de que las bromas se  captan, de que los “insultos” te divierten, de que los recuerdos te ponen nostálgico...De que siempre hay una canción que te retrotrae al pasado y te hace verte con el pelo sin teñir, sin algunos kilos de más, con un aspecto menos sofisticado...Pero da igual. Porque seguimos estando ahí. Y a los que faltan por causas varias les echamos de menos (mi especial  brindis por Carmen y Santiago)… Porque  al final, esto es lo que queda. El sabor de la amistad. Como dice Lope de Vega del amor, “quien lo probó, lo sabe”.

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