"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 9 de abril de 2015

"Bochorno"


Apenas tenía diecinueve y llevaba con Marcos año y medio. El muy memo, tras pasarnos juntos media infancia en el colegio y la mitad del BUP en el instituto, se decidió a lanzarse cuando nos quedaba medio curso para acabar COU. Se me declaró en una fiesta de esas que organizábamos para recaudar fondos con vistas a que la excursión de fin de insti nos saliera más barata...Yo llevaba unos gin tonic de más y él de menos por lo que se mosqueó cuando me puse a ligar con un compañero que tenía fama de mujeriego y sin contemplaciones me sujetó del brazo, me sacó a la calle y me aplastó contra la pared más cercana borrándome el gesto incrédulo de la cara con un beso tórrido que me dejó sonadísima. Después de comerme la boca me soltó un severo “A ese tipo ni lo vuelvas a mirar” y siguió con el morreo sin pedirme permiso.
Era lo más atrevido que le había visto hacer desde que lo conocía; no conmigo, con nadie. Luego me contaría que estaba coladito por mí desde el parvulario. Y ya no nos separamos. Hasta que le dio por entrar en el ejercito, claro.
Yo estudiando en la ciudad para no moverme de su lado y él va y se apunta al maldito ejército. Estábamos saboreando el gustazo de conocernos cuando tuvo que irse a Zaragoza...y me dejó a tres velas.
Por entonces no existían los móviles, ni con pantallitas ni con nada, ni Skay y programas de esos que salvan a las parejas hoy día de la distancia...Teléfono fijo y gracias. Con lo cual yo no podía mantener una conversación privada en el salón de mi casa con las orejas de mis padres apuntando en mi dirección. A sus insistentes “Te quiero” yo respondía con un “Hum” que a él lo ponía de los nervios y a mí me dejaba anhelante.
Total, que cuando me dio fecha de sus primeras vacaciones mi corazón se puso a latir a mil por hora. Dos días antes me pasé por la peluquería, donde me dejaron monísima, y para la tarde en que quedamos en nuestro sitio de encuentro habitual me puse mi mejor vestido y avancé calle arriba con el corazón frenético y las manos sudadas. Ni que decir tiene que me moría por zampármelo a besos. Tantos “Te quiero” y tantos “Hum” me tenían insatisfecha de la cabeza a los pies. Y en eso que... en la distancia, en la lejanía, percibo una silueta conocida, un cuerpo macizo como el de Marcos...Y apresuro el paso, y me relamo los labios y me acerco a él, y me pongo de puntillas para colgarme de su cuello, y jadeo casi en su boca...Y me detengo paralizada, horrorizada más bien...porque no es Marcos. No sé quien puñetas es el desconocido que me mira con los ojos abiertos de puro atónito, pero no es Marcos. ¡Dios! ¡Y yo que sentía húmedo cada hueco de mi anatomía! Nos quedamos a un palmo, mirándonos, sin reaccionar...hasta que me bajé de mis puntas y salí a correr despavorida calle abajo y di la vuelta en la primera esquina que encontré.
¡Qué vergüenza, Dios santo!
Conseguí llegar al banco del parque con sólo unos minutos de retraso y Marcos ya estaba mirando el reloj con el ceño fruncido, tan ávido como yo del encuentro. Nos fundimos en un beso largo sin importarnos las miradas curiosas de la gente pero admito que mientras respondía a su urgencia de mi mente no se quitaba la mirada atónita del otro tío, añadiendo al rubor de sus carantoñas la del bochorno por lo que podría haber pasado de no detenerme a tiempo.
Jamás se lo he contado. No es que Marcos sea celoso, es que a mí me da tanto apuro haber confundido al hombre de mis sueños con un desconocido que no puedo perdonármelo ni aún hoy, veinte años después.
Nos hemos vuelto a ver. Resulta que vivimos en el mismo barrio. Y lo gracioso es que él, que no tuvo culpa de nada, aparta la mirada del mismo modo que lo hago yo, como si tuviera conciencia culpable. Suele ir acompañado de una rubia oxigenada y dos niños pero jamás hemos cruzado palabra. Sin embargo, cuando nos encontramos, yo sola o con Marcos de la mano, me pregunto qué se imaginó aquella tarde y, sobre todo, qué sigue pensando a día de hoy para no lanzarme ni una simple sonrisa burlona...
No es que fantasee, de verdad. Pero ¿ hubiera preferido que me hubiera dado cuenta tarde?
¡Jesús, qué bochorno!



"Para una amiga; ella ya sabe quién"

2 comentarios:

  1. ¡Qué chulo! Creemos que el desconocido que no lo es tanto, sí hubiera preferido que no se hubiera dado cuenta hasta más tarde. Ains, cómo echamos de menos ese desenfreno. ;)

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    1. Gracias, chiquis...yo también creo que lo hubiera preferido...ja, ja...
      pero a la prota aún le suben los colores cuando lo recuerda.

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