"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 28 de mayo de 2015

Yo también pertenecí a ese club





¿De qué club hablo, os preguntaréis? Pues al de la Iglesia Católica. Sí, la romana, apostólica y todo eso. Muchos de mis amigos aún se consideran parte activa de él, y a mí no me queda otra que respetarles, claro; como hago con los creyentes de cualquier cosa mientras no intenten “arrimarme a su sardina”.
Hoy, en la actualidad, no tiene mucho mérito seguir en esas filas. Desde que apareció el nuevo Papa - con el que una de dos, o han hecho un trabajo de marketing que hasta a los más desconfiados nos está haciendo tambalear, o ese hombre está vivo aún porque después del anticristo que seguro fue Benedicto, ha llegado el momento del nuevo Jesús, como dice la Biblia que pasaría – decir soy católico es casi moderno. Un hombre como Francisco, canonizando monjas palestinas, intercediendo por los cubanos y pidiendo perdón por los antiguos pecados de la Iglesia, debe tener al Opus Dei “perdío”de los nervios.
Pero en fin, no era eso lo que yo quería contar.
Quería recordar que, hace treinta años, cuando yo era joven y me sentía llena de inquietudes sociales, no había más sitio donde mirar que la Iglesia para sentirte solidaria.
En mi parroquia de barrio no sólo di catequesis – ganándome alguna que otra reprimenda por mi “talante liberal” por parte del sacerdote de turno que no quería perderse mi carisma pero tampoco que le alborotara demasiado el cotarro - También fui parte activa de Caritas, realizando funciones de secretaria por mi edad y mis estudios; atendí “casos”, metiéndome en la piel de los necesitados y echándoles una mano de acuerdo a las posibilidades de nuestro reducido presupuesto; visité familias...Me dejé engañar, a veces a sabiendas, porque es lo que trae la pobreza, que piensas que te mereces más que otros y actúas del modo que haga falta...
En esos años aprendí muchas cosas. A ser solidaria, práctica, a “hacerme la tonta”...y también a ser un poquito cínica.
Mi paso posterior por la escuela para mujeres sin recursos me afianzó en esa misma postura. Los que te ayudan lo hacen para que les des algo a cambio, aunque sea simplemente publicidad, tratándose de estamentos públicos o privados; y los que te “camelan” pidiendo, a espaldas tuyas se piensan que te la han pegado, aunque no les remuerde la conciencia porque , a ver por qué tú vas a tener derecho a vivir mejor que ellos... Sin imaginarse que muchas veces tú, con tu medio sueldo y tu voluntariado te encuentras en situaciones más lamentable que la de ellos mismos...Sólo que con otros recursos, es verdad; con una familia o unos amigos que proporcionan su apoyo...Y ellos no disponen de otros medios que su astucia para salir de los malos trances.
¡Qué mala es la experiencia! ¡Cómo rompe los ideales que uno tiene!
Siempre fui tan crédula, tan esperanzadora...tan segura de que se podía ayudar al resto del mundo...
Hoy me considero defraudada de demasiadas cosas. Y me da rabia. Me gustaría, por ejemplo, vibrar con la energía de esa gente que cree que ciertos partidos políticos van a hacerlo mejor de lo que lo hicieron otros. Por eso me metí yo en la iglesia, porque era mi puente para “solucionar” los problemas de mi entorno, para llegar a los más necesitados y ofrecerles calor y ayuda...Me pregunto si alguna vez lo logré.
Es cierto que amigos sí saqué. Personas que solucionaron sus problemáticas y alcanzaron a llevar una vida mejor, catecúmenos que se metieron en las “modernas” ongs y andan por ahí “partiéndose la cara” por el asunto de las viviendas, los 0,7 y así...gente que puso negocios y normalizaron sus ingresos, chicas que abandonaron a maltratadores y son felices...
(Suspiro)
Para algo serviría todo aquello, sí. Aunque a mí ya no me llene. Aunque ni siquiera termine de fiarme de que dejen a un Papa “ser guay” mucho tiempo...
Aunque ya no confíe en las buenas intenciones de algunos políticos...
La edad. La experiencia. Una m...
¿Por qué he sacado todo esto de mis entrañas? Hace unos días supe que uno de esos curas con los que discutí y trabajé codo con codo, a quien quise mucho a pesar de saberlo un manipulador, había fallecido.
DEP Rafael Guzmán.

2 comentarios:

  1. Yo soy un ejemplo de lo bien que lo hiciste como catequista mano a mano con Dios, je.

    Dicen que no se debe de hablar mal de los fallecidos, así que me callo, que yo era mu' chico y lo mismo interpretaba mal las cosas que le oía decir.

    Lo mismo hasta tú eres feliz 'fuera' de la Iglesia del Papa Guay. Si es que se puede ser feliz casi en cualquier lado.

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  2. Se puede ser feliz a pequeños sorbos, sin la vana esperanza de serlo todo el rato, apreciando y saboreando los breves instantes en que la vida te permite un respiro. Pensar otra cosa es una quimera.

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