"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 7 de diciembre de 2017

La "bendita" Constitución


La Constitución Española cumple 39 años y según leo en wikipedia se ha modificado en dos ocasiones; la primera en el 92, para adaptar uno de los artículos al Tratado de Maasstricht, en referencia al sufragio de los extranjeros; y la otra en 2011 por asuntos presupuestarios. O sea, una birria. Nada que ver con las peticiones que , desde todos los medios, los ciudadanos reclamamos.
Que sí, que estuvo muy bien para la época y se la trabajarían «hasta las tantas» los señores encargados del evento ( los llamados «padres» de la susodicha), pero como resulta que se ha quedado un pelín retrógrada, que ni una sola mujer participó en su creación y ya va siendo hora de que digamos algo al respecto, que demandamos que las Cámaras cuenten con menos políticos ( menos sueldos, menos coches, menos móviles, menos prebendas de todo tipo que pagar de nuestros exiguos bolsillos) , que insistimos mejor dicho, en que se disuelva el Senado y que esos señores se vayan a sus casas , a buscarse un trabajo acorde con sus estudios y no con sus enchufes, que incluso se reduzca el Congreso, que tampoco hace falta que haya de 300 a 400 vocingleros que nos representen...Total, poco han demostrado que les importemos , sean del partido que sean. Con que elijamos a unos 100 bastaría; igual así lograrían ponerse de acuerdo más fácilmente…
Nos sobran políticos, señores. Y leyes. O ganas de cumplirlas. Sobran privilegios para unos y faltan derechos para otros. Como esos que aparecen en el Título I «De los Derechos y Deberes fundamentales» :
- Aconfesionalidad del Estado ...Por eso la Iglesia – católica y romana, no la judía, ni la musulmana, ni otras que nos vengan a la cabeza – está presente en todo evento importante o la Corona  cumple con los sacramentos públicamente en vez de en privado , como debería ser en el improbable caso de que lo sintieran de corazón…
- Derecho al trabajo… Este es de carcajada ( triste, claro) . Que se lo digan a  los millones de parados que se levantan  de la cama sin ilusión, sin esperanzas de que ese curso que te han obligado a hacer para cobrar X ayuda te recicle ni te sirva lo más mínimo, porque lo que en realidad está haciendo es llenando los bolsillos de quienes te lo están dando; a jóvenes cuyos padres se han gastado un pastón en másters y demás porque sin ellos no eres nadie por mucha carrera que tengas, y se tienen que largar al extranjero a servir copas o, con mucha suerte, a trabajar en lo suyo; a  parados de más de cincuenta años que se sienten más obsoletos que un mueble del dieciocho…
- Derecho a la vida y a la integridad física y moral; que se lo cuenten a las 44 mujeres asesinadas por violencia de género hasta estas fechas. La policía no cuenta con medios suficientes , ni personales ni económicos, para proteger a las mujeres que se atreven a denunciar. Para otras historias sí hay.
Son sólo algunos de los ejemplos; pero lo cierto es que nuestra «Ley madre» anda necesitada de reparaciones. Lo peor del asunto es  qué,  quienes deben hacerlo, no están dispuestos a perder su parcela de poder. 
Vamos, que cumplirá cuarenta o sesenta  y seguirá como está, trasnochada.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Pon un coach en tu vida



Tengo el inmenso honor de contar entre mis amigos con personas inteligentes, curiosas, que siempre buscan el modo de mejorar la vida propia y la de los demás. Entre ellos están Rosa Cañamero, socia directora de Execoach y protagonista de este artículo, y su marido, Jose Manuel , conocido en ámbitos cinéfilos como Liteo Deliro por sus cortos Imago, La Hégira y La quinta dimensión, hasta el momento. Ambos son sensibles, reflexivos y con una gran conciencia social.
Rosa lleva varios años trabajando en el campo del coaching junto a sus dos socios – podéis visitar su web si os interesa – pero hasta el pasado sábado no supe que habían puesto en marcha un blog para mostrar temas de interés general. El último escrito de Rosa se titula El poder de oriente en occidente, y me pareció tan interesante que he querido mostrároslo. Ya me diréis si tengo razón o no. O mejor, entrad en el blog y decídselo a ella.

A menudo en los talleres de Mindfulness que imparto y en los procesos de coaching que llevo a cabo, mis clientes expresan su frustración por no poder salir de sus patrones habituales de comportamiento, ni rebajar su nivel de estrés y se encuentran con la sensación de que en su vida, a pesar de llevar a cabo pequeños cambios en el día a día, no consiguen hacer frente a un cambio sustancial que suponga un verdadero cambio de paradigma.
Estas dos disciplinas, coaching y mindfulness, se combinan para contribuir a ese cambio que nos proporcione la felicidad y el éxito que todos deseamos en nuestra vida y en nuestro trabajo. Ambas llevan asociados una óptica diferente, que va más allá de una visión racional de los procesos mentales en los que estamos inmersos; ya que profundizan en un estilo de pensamiento más global e intuitivo. Esta forma de abordar la existencia, que poco a poco va calando en nuestra sociedad occidental, procede de Oriente, y ha sido desarrollada durante siglos.
En las últimas décadas, esta mirada desde Occidente hacia Oriente ha impregnando las diversas áreas del conocimiento científico, implicando algunas de las sabidurías del budismo, el taoísmo o el hinduismo procedente de países como Japón, China o India. Estas tradiciones comparten un sólido núcleo de conocimiento intuitivo al que autores como Aldous Huxley llamaron Filosofía Perenne. Los investigadores y científicos han observado que existe una relación entre las descripciones de la realidad que ofrece hoy la ciencia moderna y ese cuerpo de conocimiento anterior conocido como Filosofía Perenne.
Jon Kabat-Zinn aprovechó sus prácticas de meditación zen y sus estudios con diversos maestros budistas para integrar parte de esas enseñanzas en las de la ciencia occidental desvistiéndolas de cualquier connotación religiosa y creando la técnica de Reducción del Estrés Basada en la Atención Plena (conocida de manera más generalizada como Mindfulness) en la Universidad de Massachusetts (USA). Pero esa pasión por Oriente en algunas mentes de Occidente con visión clara de su futuro se remonta a bastante tiempo atrás.
Henry David Thoreau, uno de los miembros más destacados del movimiento trascendentalista surgido en Estados Unidos en el siglo XIX -junto a Ralph Waldo Emerson-, descubrió la fuerza de los Upanishads, el Bhagavad Gita o el Majabharata, libros sagrados del hinduismo que inspiraron su famoso libro Walden, en el que describe toda una filosofía de vida, igualmente desprovista de connotaciones religiosas, que forma parte del ideario colectivo occidental y que ha sido la base de muchos de los caminos que han desembocado en el coaching como herramienta fundamental en la vida y en el trabajo. Walden fue escrito tras trasladarse Thoreau a vivir en la cabaña que él mismo había construido en Walden Pond, casualmente también en Massachusetts. Y allí le demostró a su generación su famosa frase: “El dinero no es necesario para comprar lo que el alma necesita.”
Algunas de las claves para este nuevo paradigma de vida se resumen en:
  1. Tener objetivos bien definidos a través del coaching: de forma específica, realista y con una fecha para alcanzarlos.  Esto nos ayudará a motivarnos y a mantener la autoridad sobre nosotros mismos para no abandonar el camino trazado.
  2. Establecer hábitos a través de la atención plena. Al repetir el mismo comportamiento una y otra vez conseguiremos convertirlo en un hábito positivo. Al principio puede costarnos mucho trabajo vencer la inercia; pero, a la larga, cuando consigamos hacerlo, saldremos reforzados.
  3. Marcarse pequeños pasos para andar el camino (el método kaizen, que procede de Japón). Lo importante es dar pequeños pasos a medida que caminamos hacia delante: ir andando poco a poco y no con grandes zancadas. Al principio será más costoso; pero a medida que avanzamos será cada vez más fácil.
  4. No compararse con otros sino sólo centrarnos en nuestro propio camino (filosofía Taoista).  Fijarnos demasiado en lo que hacen los demás y desear lo que otros poseen puede apartarnos de nuestro camino, hacernos sentir insatisfechos y conseguir que nos desmotivemos para lograr nuestro objetivo.
La cuestión es averiguar la persona y la organización que siempre hemos deseado ser y tener la clase de vida o futuro que queremos tener para nosotros y para nuestra empresa. El principal escollo con el que nos encontramos a la hora de cambiar cualquier aspecto de nuestra vida somos nosotros mismos. De nada nos sirve saber teóricamente cómo hacerlo si nos falla una óptica diferente para llevarlo a cabo. La sociedad occidental ha evolucionado en muchos aspectos respecto a la oriental; sin embargo, en otros muchos, hemos retrocedido respecto de ellos y tenemos mucho que aprender de su modo de vida. En muchas ocasiones sentimos que hemos perdido el enfoque que tenían ellos de conceptos como el éxito o la felicidad, que nuestra sociedad occidental ha redefinido por completo.
Es reconfortante y esperanzador comprobar cómo esos procesos de transformación personal que se pueden conseguir combinando coaching y mindfulness y que se abordan desde la mente están cada vez más avalados por la neurociencia. La neurociencia aporta respuestas que nos permiten entender de manera racional los procesos de desarrollo personal que de manera intuitiva se han llevado a cabo durante siglos por las tradiciones orientales.



jueves, 23 de noviembre de 2017

Si una mujer dice no, es NO


Algunos hombres , por supuesto que no todos, en pleno siglo XXI no ha aprendido que un monosílabo tan simple lleva un mensaje bien claro: «no quiero que». No quiero que hables por mí, no quiero que decidas, no quiero que me prohíbas, no quiero tener sexo contigo.
Muchos maridos piensan que tienen «derecho de pernada» sobre sus esposas, de ahí que las busquen en casa y se las tiren sin consultar si les apetece o no; y si no les apetece, igual se consideran con derecho a soltarles un bofetón, o a seguir en la escala de violencia, dependiendo del tipo y de lo enfermo que esté.
Algunos creen que si vas en el autobús o en el metro y consideran que «estás buena», pueden aprovecharse del alboroto circundante y apretarte el culo o sobarte un pecho; esos mismos consideran que porque te estés tomando unas copas, luzcas ligera de ropa – a su entender – y sonrías mientras te diviertes, «los estás provocando». Lo cual les da derecho a «entrarte» con un ligoteo fácil y ponerse pesados, y si les dices que no, lo más suave que te adjetivan es de puta o zorra.
Hay algunos que a violar lo denominan «ella no se resistió» ; no cuentan con el pavor que da que un tipo con mas fuerza que tú, sin necesidad de que lleve navaja o pistola, de un simple puñetazo te parte una ceja o te rompe la boca.
Esos hombres no deben tener madre, ni hermanas , ni primas; y si las tienen, no les duelen. O las tratan mal.
Cansa un poco lo de «están enfermos» . Por descontado que lo están; como mínimo son cortitos e entendederas porque sino no se entiende que a un NO le siga un avance por su parte, del tipo que sea.
Ni hablar ya de los celosos patológicos que hacen la vida imposible a sus parejas y las maltratan de voz y mano; que llegan al punto de matarlas, incluso delante de sus hijos, y después se suicidan. Joder, si no puedes vivir sin ella, muy bien ¡mátate tú! ¡Déjala vivir! Esos no han aprendido que el verdadero amor es otorgar la libertad a quien amas, te corresponda o no.
Ahora, que parecía que las mujeres habíamos alcanzado cierta posición en la sociedad resulta que no, que somos malas madres porque trabajamos y los niños terminan en guarderías, malas ciudadanas porque les quitamos el trabajo a los hombres, y unas zorras porque escogemos con quien nos acostamos.
Quizá habría que trepanarles el cerebro a esos «algunos» para meterles en su estrecha mollera que las mujeres hemos alcanzado la mayoría de edad hace algún tiempo. Además de enseñarles el significado de un concepto tan sencillo con es el del respeto.

PD: A las mujeres que ejercen la prostitución también se las viola en muchas ocasiones, no lo olvidemos. También ellas deberían tener derecho a decir NO.

jueves, 16 de noviembre de 2017

7 de DICIEMBRE


"Nunca se dice adiós. No de un modo definitivo."

Un encuentro inesperado reunirá a Sylvie Doumier, escritora de novela policíaca, Sasha Abbaci, cantante famoso, y Dimitri Rouzade, fotógrafo freelance, en mitad del Atlántico.
Venciendo contratiempos, desconfianzas, persecuciones, sentimientos encontrados, secuestros y vicisitudes varias, se hilvanará una historia que transformará unas sencillas vacaciones en un inquietante periplo.
Desde las costas de Brasil hasta Venezuela, pasando por la selva amazónica, los protagonistas vivirán peripecias que ni siquiera en el seno de la civilizada capital parisina cesarán.
Dos hermanos, una mujer abrumada... y un clan mafioso.

Una aventura que te atrapará.


( 2,84 euros en PREVENTA, en Amazon )

jueves, 9 de noviembre de 2017

Espero


Espero.
Sentada.
Inmóvil.
En la inquietante penumbra de la luna llena.
Espero.
Y siento miedo de escucharte.
Me pregunto por qué tu decides
sobre mi estado de ánimo.
¡El estúpido corazón que es así de tirano!
Aguardo tu sentencia
cual veredicto de jurado.
Un simple vocablo y seré feliz o desgraciada.
En ocasiones te odio,
porque dominas mis emociones.
En ocasiones te amo
porque consigues que las estrellas brillen en la noche.
Y aquí estoy, aguardando.
Absurda esclava de ti.



jueves, 2 de noviembre de 2017

Claro de luna


Necesitaba perderme. Renegar del ruido y el caos en que se estaba convirtiendo mi vida. Las alabanzas, las palmaditas en la espalda, las miradas de envidia...Resultaba un contacto tan vacío que me asqueaba. Conduje sin rumbo por carreteras del norte, entre árboles gigantes que formaban galerías de sombras para darme cobijo, maravillada por el color de las hojas que amarilleaban y el gris del cielo encapotado. Me habían hablado de una pequeña casa rural que regentaba un tipo peculiar , acostumbrado a dejar a los huéspedes a su suerte, y me pareció el lugar idóneo para esconderme. Desistía casi de mi propósito cuando lo hallé, al final de un sendero estrecho señalizado por un tablón que rezaba «Villa silencio». ¡Y por San Judas que lo era! Ni el piar incómodo de los pájaros al atardecer se percibía.
La casa constaba de una sola planta , con tejado a dos aguas y chimenea. De no salir humo por ella hubiera dado por abandonado el lugar; con todo, me mordí los labios con incertidumbre y miré en rededor. No se escuchaba un alma ni había más medios de locomoción que el mío. Resistí la tentación de dar media vuelta cuando la puerta de madera oscura se abrió y asomó por ella la faz de un hombre de mediana edad, con cabellos crespos y ojos verdes que parecieron taladrar mi ánimo. Vestía cómodos pantalones con botas a media pierna y camisa holgada, como si fuera cazador o siguiera la moda de otra época , pero la ropa le sentaba bien a su cuerpo fornido. Rechacé el pensamiento esbozando una sonrisa que supuse amable y me presenté con voz distante.
– Me hablaron de la casa ¿ tiene usted alojamiento para un par de noches?
El me estudió como si lo estuviera decidiendo, lo cual me incomodó, lo admito, pero luego se volvió en redondo y abrió la puerta para señalarme el interior.
– Es todo lo que hay – declaró.
«Todo» consistía en un salón abierto, con el fuego crepitando frente a un sofá acogedor , una mesa con sillas de madera auténtica, ventanales con vistas al bosque , una cocina rustica y un dormitorio sin baño. Vislumbré un bacín bajo la cama y un aguamanil en un rincón. Tentada de dar media vuelta me dije ¡Qué puñetas, sólo será una noche! y asentí al taciturno posadero. Le cerré la puerta en las narices, abrí mi maleta para ponerme cómoda y ya en chandal salí a otear el panorama. Olía bien. Hallé sopa sobre la mesa y pan crujiente así que , advertida de que el hombre era huraño, me serví a mi aire. Cuando llevé el plato a la cocina estaba vacía y el fogón helado pero no le di importancia. Me arrebujé en un chaquetón acolchado y salí a merodear por los alrededores. La luna estaba alta y permitía recorrer el bosque sin usar la linterna del móvil, que por cierto estaba sin cobertura, aunque fuera lo menos raro de semejante sitio. Me incomodaba que el silencio fuera «tan» silencioso. En un claro hallé un grupo de lápidas. Sin nombres, excepto una. Sólo piedras enhiestas sobre mullido verde. Intrigada, palpé las tumbas y rocé con las yemas el frontal de los sepulcros, esperando un relieve, por mínimo que fuera, pero no lo había.
– Nunca supe sus nombres -escuché en un susurro, sobresaltándome.
–¿ Les conoció?
Me miró de nuevo , severo.
– Igual que a usted.
Fruncí el ceño, molesta por su hermetismo.
– ¿Quiere decir que fueron huéspedes de la villa?
– Hace muchos años que nadie acudía en una noche como hoy – asintió, cruzado de brazos con indolencia – La noche de difuntos.
Me estremeció un escalofrío la columna vertebral y el pelo se me erizó con desconfianza.
– ¿Está insinuando que es usted un asesino en serie o algo así?
Su risa sonó hermosa, seductora, y mi estúpida mente me dijo que el hombre resultaba atractivo. ¡Menudo momento para menudencias!
– Mi nombre es Samuel. Samuel Vigil.
En un fogonazo recordé que ese era el único nombre que figuraba inscrito en el inquietante paisaje de piedra donde me había adentrado. Samuel Vigil (1815 – 1850)
– ¿Insinúa que está usted muerto? - repliqué, mas furiosa que asustada.
– Estamos – asintió.
Y entonces lo recordé. El paisaje arbolado, el ciervo que no vi, el precipicio...el silencio.


jueves, 26 de octubre de 2017

Familia?


No logro que deje de sorprenderme cuando veo una serie o película  americana el que miembros de una familia pasen años sin verse, que unos y otros se pierdan la pista por completo, que los hijos se desentiendan de los padres y viceversa, que haya hermanastros que ni se conocen ...No nací ayer y mi visión de la familia ha ido cambiando con el tiempo; sé que todos escondemos cadáveres en los armarios, que TODOS discutimos en navidad, que si nos caen bien los «agregados» es porque muchas veces hacemos grandes esfuerzos...pero jo, por el  bien común los hacemos.
Me dicen conocidos que se mueven en otras culturas que es normal el hecho de que la familia se disgregue, que los hijos se independizan «a la fuerza» en cuanto cumplen la mayoría de edad, que las distancias son más grandes en ciertos países.
Sí, vale. Pero a pesar de todo me cuesta entenderlo. Me he pasado veintiséis años de mi vida a una hora de distancia de mi gente y ha habido ocasiones en que las circunstancias sólo me permitían verles cada equis meses, pero el contacto telefónico era constante  ( incluso nos compramos las dichosas webcams – aburridas ya por desuso- en un ataque de nostalgia ). ¡Y qué decir del pasado! De cuando estudié la carrera conservo mogollón de cartas, tanto de mi familia como de los amigos.
No sé si es que yo me relaciono con personas que necesitamos el contacto como el comer, que somos muy «tocones» ( léase del verbo tocar) y cuidamos unos de otros con interés, pero ese desapego de las pelis me parece antinatural.
Y luego, sin embargo, tienen el dichoso día de Acción de Gracias que parece que si no se juntan se les cae el mundo encima… Nieve o luzca el sol allá que se movilizan… Supongo que, o son incongruencias o es que los americanos, al igual que nosotros, tienen de todo, como en botica , y que en las pelis nos enseñan momentos dependiendo de lo que les venga bien para la trama.
No sé; me debato. ¿Cómo lo percibís vosotros? ¿Familia/ piña – Familia /dispersión?

jueves, 19 de octubre de 2017

LLuvia, bendita lluvia


Levanté los ojos al cielo y pedí un milagro. Mi esposo, mis hermanos, mis amigos….todos bomberos, todos luchando contra un fuego infernal que, mientras se llevaba por delante los maravillosos pastos, los arboles centenarios, los animales del bosque , provocaba una agonía en los corazones de quienes tenemos a seres amados luchando por sofocarlo.
Mi espíritu no es religioso pero hay momentos en los que elevas los ojos a lo alto y quieres creer, en Dios o en quien sea; necesitas que un ser superior te escuche, se apiade de tu angustia ...Y ruegas, y rezas...sea a Urano «hacedor de lluvia», a su equivalente romano Neptuno, a Dios, o la Virgen de la Cueva.
Levanté los ojos y pedí un milagro.
Y supe que los dioses – grandes o pequeños – a veces se apiadan de los insignificantes humanos.

jueves, 12 de octubre de 2017

Ojos negros


Me miraste,
de ese modo absurdo que se miran las cosas que se desean mucho;
traspasaste mi coraza
con tan simple anhelo.
Lograse que pensara «¿quien será ese hombre?»
y tras la pregunta viajó la zozobra por el sabor de tus besos.
Una mirada y trastocaste todo.
Una mirada y rompiste el hielo.
Dudé si era fácil o tonta de remate
pero te colaste en mis sueños
y allí te quedaste.
Te alojaste en mi casa y en mis sentimientos,
marcando territorio con tus ojos negros.

jueves, 5 de octubre de 2017

Desolación


Llevo dudando toda la semana acerca de si debía manifestarme o no en este blog acerca de mis sentimientos con respecto al TEMA de los últimos meses y he optado por un sí, porque dejando de dar la cara no ganamos nada y mostrando opiniones quizá ayudemos a otros a reflexionar.
Reconozco haber pasado por todas las etapas posibles: «dejemos que se expresen en libertad», «votemos todos los españoles y no solo ellos», «pues no señor, nada de referéndum, quién co... se han creído que son...» Y me he asustado viéndome al final pensando como una reaccionaria. Lo cual me ha llevado a darme cuenta de cuán manipulables llegamos a ser.
Se habla de continuo en los medios , y es cierto, la propaganda en uno u otro sentido nos afecta. Lo que Goebbels consiguió con el pueblo alemán a base de machacarles los oídos y la vista con odio, desinformación e insistencia terminó con seis millones de judíos asesinados. En España, podemos acabar con catalanes contra catalanes y con españoles contra catalanes en un odio sin cuartel que, no se nos debe olvidar, ya vivimos hace unas cuantas décadas.
La culpa de todo, no me cabe la menor duda, es de los políticos mediocres que tenemos, los que usan los medios para decir lo que muchos quieren oír y para no mojarse otros, en un ataque de cobardía inconcebible para los tiempos que corren. Señores, si fueran gente decente dimitirían todos, los de derechas y los de izquierda, sin distinción ninguna. TODOS.
Me cuesta aceptar que tengo que tragarme mi ira y asumir que TODOS tenemos que perder para que TODOS ganemos. Hay que dialogar. Con quien sea, como sea. Pero no podemos dilatar una situación tan peligrosa para los españoles. No podemos permitir que unos cuantos ( porque no son más) decidan por el resto de sus conciudadanos, pero estos tampoco pueden quedarse acobardados sin decir en voz alta «queremos ser España» Les toca un difícil papel,pero tendrán que mojarse más, puesto que si llegara a proclamarse una Cataluña Estado, serían ellos quienes perderían.
Los demás tendremos que agachar la cabeza y aceptar que tengan un referéndum; con garantías, eso sí, que voten los catalanes y decidan de una vez por todas sí o no, conociendo las consecuencias y aceptándolas.
Igual que el resto debemos entender que de nada vale contar con una Comunidad Autónoma más que se resiste a serlo, que se niega a serlo.
Llevamos demasiados años de tibieza. Démosle una solución ya. Ni victimas ni verdugos. Sólo ciudadanos de derecho.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Los viejos roqueros...


Regresar a mi pueblo ha supuesto un cúmulo de sensaciones contradictorias; por un lado la alegría inmensa de reencontrarme con los míos, y por otro, la tristeza de abandonar una ciudad donde dejo amistades valiosas y un barrio en el que me sentía integrada. Para que la cosa no fuera tan dura me zambullí en los festejos de la feria y he disfrutado a tope con el concierto de Melendi ( ese tío es un poeta y un crack en el escenario) pero casi un pelín más – cosas de la edad, imagino – con el de Burning. Fijo que muchos ni los conocéis, pero para mí son el símbolo de una época roquera, de fogatas a la luz de la luna y viajes en autos a oscuras. Hacía siglos que deseaba coincidir con un concierto suyo y cuando al fin he podido estar no me han desilusionado en absoluto. ¡Y eso que ya ESTAMOS viejos! ¡Dios mío!, de los originales sólo queda un miembro y cuando salió a cantar llevaba manga larga bajo la chupa! Claro que hacía un frío del c… Hasta cerca de las dos estuvimos aguardando que comenzaran, escuchando a otros grupos que, no es por nada, pero no eran ellos. Soporté frío, dolor de pies, me «coloqué» con la gente que tenía al lado, aguanté empellones... pero por encima de todo me enterneció contemplar familias enteras - los padres con aires de los 80 y los hijos respaldándoles - siguiendo la actuación. ¿Qué tendrán ciertos estilos musicales que tendemos a perpetuarlos en nuestros retoños con énfasis? Ese rasgar la guitarra imaginaria o tocar la batería...esos vaivenes de caderas… ¡Qué gustazo!
Escuchar en directo a una banda de rock no tiene precio. Escuchar letras como «Qué hace una chica como tú en un sitio como este» o «Mueve tus caderas» o «No es extraño que tú estés loca por mí» . ¡Guay! Ni frío, ni pies, ni porros. Integración absoluta y griterío siguiendo los alardes vocales del cantante...Juventud recuperada. Corazón ensanchado.
Gracias Burning. Por tantos buenos ratos.


jueves, 21 de septiembre de 2017

Bajo el sol del atardecer


Un hombre solo frente al mar, absorbiendo la fuerza del océano que refleja el color  de sus ojos claros , imbuyendo de energía su espíritu rebelde aún hoy, después de negar durante tantos años que lo común no va con él, que tiene madera de líder, que le va el riesgo y la aventura, que le aburre soberanamente la realidad  cotidiana. Se esconde tras un halo de humildad pero es gallardo y arrojado. Sólo mirando a través de sus iris azules puedes percibir ese toque de vulnerabilidad...su ternura que, pese a esconderla, a todos  los que le amamos  nos salpica.

Sus pasos dejarán huellas en la arena;  el sol que calienta su cabeza y morenea su piel matizará la ira de sus palabras cuando de conversaciones transcendentales se trata. Porque es un ídolo con pies de barro, como todos;  tan humano que la inmensidad de una playa lo engulle como un ser invisible.



Con todo el amor que mereces.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Cara y cruz


Tengo una suerte negra. Estaba tan tranquila en casa, con la comida y la cenita organizada, liada con mis cosas, cuando recibo un mensaje de mi amiga Julia: «Mis hijos me han dejado tirada a mediodía. Me voy con Miguel a picar algo ¿ te apuntas? » Y yo, pues claro, me apunto. De paso, no cocino mañana, que con los calores del verano lo llevo fatal. Me acuerdo del sitio espectacular que descubrí el otro día y le digo «en tal a las dos y media». Llego la primera y descubro, pasmada, que sólo hay postes de toldos y persianas bajadas. En toda la plaza, un solo local abierto. Cruzo los dedos y allá que me largo, esperando pillar mesa...Y la pillo. Para bien o para mal, la pillo. Cuando llegan mis amigos estoy bebiendo tinto de verano y sudando desde la nuca al culo. Empapada, vamos. El interior hasta los topes. Con aire acondicionado, faltaría más. Discutimos si quedarnos o largarnos a casa y Julia dice que nanai, que ya que se ha arreglado, ella está muerta de hambre y aguanta. Pedimos ronda de bebidas. Esperamos. Las mesas de alrededor van quedando vacías. Normal, el calor abrasa. Rogamos por los ventiladores muertos de asco en una esquina y cede la chica en ponérnoslo, eso sí con cara de ogro. Suplicamos la bebida y nos da un alegrón «Dentro se queda una mesa libre» La asaltamos y nos traen las cervezas. Pedimos unas tapitas y una ración para compartir. La tele a toda pastilla, aunque nadie la atiende; esa jodida manía de los bares. Nos entra la risa tonta; « con la mugre de la mesa, a la cocina ni asomarse» «la camarera sigue missing» «están sirviendo a esos que ya estaban cuando llegamos; igual nos toca» Y nos toca. Hora y media después de haber llegado. Cuando traen la cuenta que si queremos chupito. ¿Chupito? ¡Son las cinco de la tarde, lo que queremos es la siesta que nos han robado! Pagamos sin dejar propina ni dar las buenas tardes; en plan groseros, cierto, pero vamos, es que el servicio ha sido de dejar comentarios en internet. Juro que a mí esta gente no me ve más el pelo.


¡Estoy hasta las...! Al imbécil de mi jefe se le ha ocurrido abrir hoy, después de un extenuante puente de la Virgen, que anoche recogimos a las dos y media, y hoy a las doce estaba a pie de calle, con el delantal y el maldito uniforme negro que me asfixia de calor. La plaza entera está vacía y somos la única oferta para que a medio barrio se le ocurra salir un miércoles a comer fuera. Todos con prisas. Con sus consumiciones delante, sus vacaciones, sus risas...y yo aquí como una imbécil intentando poner buena cara mientras suelto «de eso no nos queda» , porque claro, con una cocinera sola en la cocina y conmigo haciendo de pinche cuando estamos menos liados, mi jefe piensa que sobra, pero no sobra, que la gente pone el gesto desabrido y termina con irónicos «pues tú nos dirás qué os queda» o «bueno está, nos aguantaremos», que de todo hay entre la clientela. Para remate, me llegan tres y dale con el calor, que les ponga el ventilador.¡Con él les daba en la cabeza! Pesa un huevo y el tío ni se ofrece a ayudar. Encima, me avisan de barra que queda una mesa libre y se la ofrezco. Ven el cielo abierto, a ver, pero ni las gracias dan. Les sirvo como puedo y me ponen a cien con sus miraditas de «ya te vale». ¿Ya te vale, capullos? Mientras ellos se ríen, sirvo mesas, pelo patatas,friego vasos, reparto cuentas...Intento ser amable y les ofrezco un chupito al final. ¡Menos mal que no han querido!¡ 41 con 10 y hasta los diez me han dado! 


Este relato lo he escrito para la revista digital 20 minutos.No es incompatible que lo comparta en mi blog así que ahí os lo regalo. (Basado en un hecho real, que se dice) 

jueves, 7 de septiembre de 2017

La añoranza del regreso





Recuerdo cómo, de pequeña, a lo largo del verano se llenaba el pueblo de forasteros que acudían al calor de la familia. Era divertido conocer caras nuevas, contemplar la Avenida rebosante de gente, las terrazas abarrotadas, escuchar en la piscina acentos de otras provincias. La vida que adquiría Don Benito lo convertía en un lugar atractivo, distinto del aburrido pueblo del invierno. Al menos desde mi percepción de niña.
Con el paso del tiempo la situación cambió. La gente de fuera prefirió las playas y la de dentro también. Pasear a la una de la madrugada en pleno verano era hacerlo por calles vacías. Lo comentábamos con tristeza los que quedábamos, sin otro sitio de reunión que la piscina porque los fondos no nos alcanzaban para más.
Hasta que nos llegó la oportunidad y también nosotros nos fuimos. Unos solo durante el verano y otros para todo el año. Estos últimos descubrimos lo que significa la «añoranza del regreso».
Tras vivir más de veinticinco años fuera de «mi casa» puedo comprender cómo se sentía aquélla gente que acudía verano tras verano al reencuentro con los suyos. También entiendo que dejaron de hacerlo no porque prefirieran la playa sino porque sus hijos ya tiraban para otros lares, poco identificados con el concepto de familia que sus progenitores acunaban en su corazón. Lo que no se asimila no se ama. Y para esos críos Don Benito debía ser, simplemente, «el peñazo de pueblo de mis padres».
Para los que nacimos allí, no obstante, cada calle tiene un significado, cada rincón del parque, cada bar, cada comercio...Nos enorgullece contemplar cómo ha crecido, cómo hemos pasado de llamarnos «villa» a serlo de verdad; en definitiva, cómo ha prosperado. Y puedo asegurar que, en cada regreso, por fiestas del tipo que fuera, me ha encantado retornar a mis orígenes, sentirme «calabazona» hasta la médula, presumir de pueblo.
Ahora que me dedico al arte de escribir pregono mis raíces, alardeo de extremeña y de dombenitense donde quiera que paro. No en plan regionalista ni nada de eso, que me resulta cateto siendo el mundo tan grande y mi alma universal, pero sin querer, algo en mi interior me lanza a definirme de ese modo, a dejar claro que en un remoto lugar - para mucha gente - nacimos personas que creamos, que intentamos construir un mundo más bello.
Esa necesidad que nos nace de dentro parece ser imperativa de «la gente de pueblo», según he podido contrastar. En las ciudades grandes no tienen tanto afán por definirse. Somos los emigrantes laborales o «los hijos de», los que parecemos sentirlo. Hace unos días, en Galicia, una escritora desconocida para mí, me abrazó de sopetón y me llamó «paisana». Y eso que vivía en Asturias, nacida allí, y su padre había emigrado al norte desde un pueblo de Badajoz cuando apenas era un muchacho. »Pero todos los veranos vamos unos días, porque la tierra nos tira», aseguró, contundente.
Y resulta que es cierto, que tira. Tira tanto que he decidido volver para siempre. Regreso a mis raíces, a mi familia y mis amigos. A mi hogar.


Esta reflexión la he escrito para la revista de la feria de mi pueblo, que es esta misma semana,  y ya que muchos de los que me seguís no vais a poder tenerla a vuestro alcance, he querido compartirla con vosotros. Abrazos y bienvenidos.

jueves, 31 de agosto de 2017

"Por ti"

Por ti
escalaría acantilados;
por ti,
me lanzaría sobre la cascada
con los brazos al viento
imitando el salto del ángel.
Por ti
pasaría frío y hambre;
por ti
calor y sed.
Por ti
ignoraría otras miradas.
Sólo por ti.
Mi sueño.
Mi dueño.
Sólo por ti.

jueves, 24 de agosto de 2017

"Fin del camino"

Dejé la mochila. Apoyé mi trasero en la hierba sin importar la humedad que mancharía los tejanos, polvorientos del camino, y me senté a observarla. Esa casa destartalada a los pies de la laguna y rodeada de verdes colinas era el ansiado hogar que estaba buscando.
No hallé la deseada inspiración en las multitudinarias calles de Nueva York, ni en las exóticas de Bangkok. Tampoco junto a las playas de Bali o el bullicio de Madrid.
El caos del universo desvía la mente de la paz necesaria para crear. Pero he logrado encontrarlo. Recorriendo senderos a pie y en traqueteados pick up de amables granjeros me he topado con esa casa abandonada que me susurra que me quede, que llene de palabras su apatía de postal.
Es maravilloso sentir el alma calma, en comunión con el universo, percibir que las estrellas que se acunaran en el cielo nada más ponerse el sol reflejarán la serenidad de mi espíritu. 
Hogar...Fin del camino.

jueves, 17 de agosto de 2017

"Hoy comienza la primavera"

Desde hace unos meses vivo en un infierno del que no sé cómo escapar. Hoy empieza la primavera, ha dicho alguien mientras aguardaba la llegada de la psicóloga que me atiende una vez al mes y una mueca sarcástica se ha dibujado en mi rostro. Tengo veintidós años recién cumplidos; mi ultima fiesta de cumpleaños fue una sorpresa que mis padres me tenían organizada cuando llegué de la universidad; somos cristianos pero estaban invitados también nuestros amigos árabes y resultó maravilloso comer y beber al son de las melodías que a todos nos entusiasmaban. En esos días ya circulaba el temor, los murmullos...La televisión contaba cómo se estaban complicando las vidas de los libios y los egipcios y daba un cierto pavor que esas calles llenas de tumultos que nos mostraban fueran un día las nuestras...Pero vivíamos bien, mis hermanos y yo estudiábamos, mi madre atendía nuestra casa y mi padre trabajaba para una industria farmacéutica. Somos de Alepo, una ciudad bella entre las bellas. Disfrutábamos de electrodomésticos, un auto, vacaciones en la playa, pequeños lujos...Como tienes tú.
Después de ese cumpleaños mi padre perdió su empleo porque la empresa cerró; mi madre tuvo problemas para abastecerse en el mercado y nos prohibieron a mis hermanos y a mí salir de casa porque las calles dejaron de ser seguras. Nos trasladamos a una pequeña aldea de la que mis abuelos habían emigrado para proporcionarle un buen futuro a mi padre y durante varios meses conseguimos sobrevivir de lo que daba la huerta y una cabra que mi padre cambió por su reloj suizo. El problema fue que la población de la aldea era mayoritariamente árabe y una noche vino un grupo de jóvenes alborotadores y nos quemó la casa. Logramos salir vivos gracias a la intercesión de un viejo amigo de mi abuelo, pero tras entregarnos un paquete con comida nos conminó a marcharnos de allí. Alguien le había dicho que una organización humanitaria ayudaba a la gente “como nosotros”. Recuerdo que me eché a llorar cuando escuché esa sentencia ¿ Y cómo éramos nosotros? ¡Eramos tan sirios como él y los que nos atacaron!
A ese día le siguieron otros y otros y otros...Andando, porque nuestro coche se lo quedaron los que nos atacaron, nos topamos con riadas de gente buscando lo mismo que nosotros, un lugar donde quedarnos. Mi padre fue malvendiendo las cosas de valor que llevábamos cosidas en la ropa, en una búsqueda incesante de calzado que aguantara las piedras del camino y unos abrigos que sustituyeran a los que se nos caían a pedazos...Hubo días en los que no tuvimos nada que llevarnos a la boca y el frío nos traspasó la piel, y otros en los que el calor nos abrasó las cabezas. Al fin conocimos a los que creíamos nos llevarían al paraíso, una gente amable con pegatinas de ACNUR en sus ropas. Nos subieron a un autobús...Y llegamos a Grecia. Yo había leído sobre Grecia, un país maravilloso, plagado de restos arqueológicos, como nosotros teníamos la bella Palmira, con sol, gente amable como éramos nosotros, música y risas...No sé dónde se encuentra esa Grecia. Vivimos en un edifico gris y desconchado en el que el frío del invierno nos ha congelado los huesos, en los que la lluvia se deja resbalar por unos sucios cristales y en los que habita gente de tan malos modos que mi madre nos retiene bajo su falda cada día porque se escuchan historias de violaciones y robos. No sé qué podrían robarnos si la ropa que llevo es prestada, huelo mal y ningún chico con buenas intenciones se atrevería a abordarme.
La psicóloga, una española muy simpática y amable, me escucha con gesto resignado y me alienta a que piense en positivo. Cada mes me pregunta cómo me han ido las cosas y me habla de un posible traslado a un lugar mejor. ¿Mejor? Yo antes, cuando estudiaba, sabía que mejor significa más que bueno. Este sitio no llega a calificarse ni de poco malo ¿ Qué significa para ella mejor? Y que tenga esperanza, que debo salir de mi depresión...Me entran ganas de estallar y gritarle que necesito que me devuelvan mi antigua vida, el color del cielo de mi país, el sonido de su música...Mi antigua habitación. Un baño familiar y no comunitario, compartido por miles de personas que hacen cola para asearse de mala manera.
¿Esperanza? Saber que a pocos kilómetros de aquí la gente vive vidas de verdad, con televisiones, ordenadores, risas, bares..¡Y encima hoy empieza la primavera! Mi estación favorita del año. Sin embargo, lo único que anhelo es cerrar los ojos y dejar de oír que soy una refugiada, que estorbo en todas partes, que somos una molestia para los políticos, para esos que pagaron las bombas que asolan mi tierra.
¿Esperanza? La española debe estar de broma. Porque yo estoy sumida en un sueño macabro pero no soy la protagonista de una serie televisiva ...Simplemente me veo obligada a ser una refugiada.
Una persona que hasta hace unos años era tan normal como tú. 
Este relato lo escribí  el día internacional de la felicidad, tras escuchar a una cooperante en la radio cómo vivían los refugiados a los que atendía  en Grecia. Da igual en realidad dónde estén, su edad o su género. Sólo he pretendido que no olvidemos que ellos están allí y nosotros aquí pero que las tornas se pueden cambiar para todo el mundo en cualquier momento. He querido remover nuestras conciencias aunque sólo nos dure el instante de esta lectura. 

jueves, 10 de agosto de 2017

Reverte , de nuevo.



Falcó, una novela más de Pérez- Reverte ante la que solo puedo quitarme el sombrero y llamar maestro a ese hombre deslenguado y mordaz que muestra un corazón de oro escondido en una coraza de hierro.
Sabiendo que los escritores nos inventamos cada día en los personajes que escribimos, estoy convencida de que Reverte es tal cual un Falcó, un Alatriste, un Quart...Uno de esos personajes descarnados, secos, de mirada distante...Sentimentales cuando la ocasión menos oportuna resulta, aunque da igual, porque las cosas llegan cuando llegan y uno se aguanta y apechuga con ellas.
Me atraganta un poco que escogiera Reverte el bando para quien trabaja Falcó, pese a que luego lo arregla con ese desenfado que da el ser hombre de mundo, alguien a quien ya no pueden convencer de nada porque lo ha visto todo; un mercenario a ojos ajenos, pero claro, ¿ cómo no serlo cuando la humanidad no puede demostrarte ya que merece la pena? Así en global, no ser humano a ser humano, que es muy distinto.
A poco que vivas, la vida le quita la letra mayúscula a palabras que antes escribías con ella: Honor, Patria, Bandera...” comenta uno de los personajes principales, un militar , lo cual diría yo que en plena guerra civil suena fuerte de narices. Por eso Falcó tiene, como la mayor parte de los protagonistas de Reverte, alma de mercenario. ¿Cómo creer cuando te están mostrando el mismo salvajismo, las mismas mentiras, la misma hipocresía, un bando que otro? Pero en algún lado hay que ganarse las habichuelas y, al menos en esta entrega - porque fijo que habrá otras - , Lorenzo Falcó está al lado de los vencedores, que por algo es un descreído.
Un mercenario, por cierto, de los que nos hace entornar la mirada con deseo a las mujeres y con envidia a los hombres; alguien que tiene palabra, que por borrar la sonrisa maligna de un cerdo sin escrúpulos es capaz de jugarse la vida y poner su futuro mirando al paredón...¿O esa es la excusa y lo hace por salvar a una mujer? Nos deja con la duda. O no.
El Falcó que yo he encontrado es un caballero encubierto en piel de lobo. Un héroe, sin que ni siquiera él se dé cuenta. Un protagonista de romántica metido en el género histórico.
No dejéis de leer la novela. Para aprender entre líneas Historia e intrahistoria. Pero sobre todo, para disfrutar de la pluma de un maestro.

jueves, 3 de agosto de 2017

¿ Vacaciones ?

Exactamente esto es lo que querría hacer durante el mes de Agosto. A cambio estoy en otra movida
 
por eso, amigos míos, cerraré el blog hasta septiembre.
Eso sí, como no quiero que os olvidéis de mí, recordaré los artículos más leídos a lo largo del año en las diferentes facetas en las que intento desenvolverme. Los que ya me leísteis estáis liberados;  para los nuevos en visitarme, es una invitación. 
Besos y feliz mes.


jueves, 27 de julio de 2017

Despertar


Me desperezo, voluptuosa, tras un sueño reparador. No estás a mi lado. No importa. Tu presencia permanece entre mis sábanas. Tu olor. El recuerdo de tus manos en mi piel. Sonrío al borde de la carcajada. Me has hecho feliz. ¡Tannn feliz! Dormir entre tus brazos fue el broche final, la ovación con que finaliza el concierto de año nuevo en Viena tras interpretar la orquesta la marcha Radetzky. Puedo oír la música en mi cabeza, retumbando en mis oídos, como anoche me atronaron nuestros jadeos.
Miro a la ventana y veo la claridad que ilumina el día, las lilas que inundaron mis sentidos cuando deslizaste la bata de mis hombros y la dejaste posarse de cualquier modo en el sillón...La copa de licor de violetas que dejé a medias al escuchar que cerrabas la puerta a tus espaldas.
Tiene un color distinto la mañana. Me envolviste en tu fragancia y ahora soy una flor permeable,sensible. Una lila más que desmenuzaste entre tus dedos.

jueves, 20 de julio de 2017

"El traidor"


Leí «El traidor» y «Rescate en Berlín» en noviembre de 2014 , ambas de un tirón, y desde entonces pido a Alexis J. Regnat con insistencia la tercera novela , basada en un personaje alemán al que adoras nada más conocerlo, pero ella está empeñada en ser una perfeccionista ( lo cual por otro lado, alabo) y ha estado remozando la primera para lanzarla de nuevo al mercado. Admito que después de releer la historia, esta vez en papel , sí he pillado pequeños fallos, que seguro vosotros no encontraréis pues me consta que se la ha currado a fondo.
«El traidor» va dirigida a los que disfrutamos de la literatura de guerra. En épocas de conflicto las personas se ven movidas por sus sentimientos más hondos; se convierten en héroes individuos que nunca se creyeron capaces de realizar hazañas , y en cobardes los que tampoco pensaron que se dejarían vencer por el miedo. Surgen relaciones intensas, basadas en «no sabemos si estaremos vivos mañana» y la pasión se pone en cada aspecto de la existencia. Para el amor es bueno, para la acción también.
En esta historia tenemos a un militar de doble nacionalidad , inglesa y alemana, de lo cual se aprovecha el Alto Estado Mayor para enviarlo como espía a Berlín en tiempos de preguerra, cuando se está gestando la debacle; por una serie de desafortunados acontecimientos, queda aislado y en su país de origen se le considera un traidor. No obstante, contará con la ayuda de su único hermano, espía también, y de un grupo de rebeldes antinazis a quien les queda claro por sus acciones que Henry/ Heinrich es un hombre de honor.
En su camino de desesperanza se cruzará con una persona que modificará su carácter taciturno y sus pocas ganas de vivir, una institutriz que, como él, se ha visto forzada por las circunstancias a permanecer en el oscuro Berlín de Hitler. Dafne demostrará que bajo su apariencia dócil se esconde una mujer de temperamento, testaruda y orgullosa. Una mujer que le planta cara a la adversidad y que se lanza a ayudar a un desconocido aún estando en zona de peligro.
Es una novela atractiva, con personajes fuertes y bien definidos, con secundarios que darán lugar a otras tramas y nos encandilarán.
La documentación es ajustada y correcta. Alexis presume de escribir sin artificios pero su lenguaje es preciso y define muy bien las idas y venidas de estos ingleses en tierra alemana.
Cuando terminé la lectura de «El traidor» me lancé a por el segundo, ya os lo he dicho. Y aún no conocía a la autora. Ahora, que alardeo de contarla entre mis amistades más queridas de las redes, os la recomiendo porque pienso que merece una oportunidad de ser leída, de que su prosa os llegue al corazón...Ella es reacia a meterse en editoriales y se autopublica, quizá por eso no la tengáis entre vuestros conocidos; pedidle amistad y ved que gran persona es, ved que empeño le pone a su trabajo.
Merece la oportunidad de estar en vuestros lectores digitales o en vuestras estanterías. Dádsela y después me contáis.

PD: Alexis, insisto, quiero la novela de Kurt. Necesito saber qué es de él. Alemán y en esos últimos años...Pavor me da.

jueves, 13 de julio de 2017

A Coruña y las letras.


Siempre que acudo a un congreso de escritores lo hago desde la humildad. 
Para conocer a compañer@s, aprender de los que admiro y sentirme parte de un mundo fascinante  en el que la gente te demuestra – muchas veces con simples comentarios – lo creativos y brillantes que pueden llegar a ser.
En un ambiente donde la concurrencia lee mucho y escribe a la par es imposible no quedarte con la boca abierta, no tomar nota mental de qué libros quedan por devorar, qué autores faltan por añadir a la lista de favoritos.
Resulta satisfactorio cuando las personas que admiras por sus obras se muestran cercanas, dispuestas a compartir sus experiencias con naturalidad y te miran a los ojos sin suficiencia; te ofrecen pequeños retazos de su día a día y te hacen entender que son tan humanos para lo bueno y lo malo como tú, simple mortal. Y si ya son tímid@s resulta el colmo, porque te hablan como si no merecieran ocupar el pedestal que se han ganado con un trabajo bien hecho. (Eso, por cierto, deja en mal lugar a los que se dan aires de grandeza como si el resto del mundo les debiera algo. Pero allá cada cual).
Lo más gratificante para mí es poner voz y cara ( las fotos no hacen justicia la mayor parte de las veces) a amigos de las redes, a personas que nos seguimos por leernos aunque jamás nos hayamos visto. Es fantástico abrazar a aquellos   con quienes has mantenido arduas conversaciones y compartido emoticonos, prácticamente a ciegas.
Y al revés, conocer gente nueva y que te entren unas ganas locas de pillarte algo suyo para ver si se corresponde lo genial que te han resultado con su modo de expresarlo. Me ha sucedido con el asunto de la erótica. Yo, que no soy lectora del género, ahora tengo un listado tremendo. (Quizá lo notéis en mis futuras novelas)
No voy a dar nombres, para qué si ell@s ya saben que estuvieron allí, pero fue un placer coincidir con «las grandes», «las sabias», las «novedosas» ...
He reído, hablado – sigo afónica unos cuantos días después – bebido ( besos especiales para Raúl y Manolo) y disfrutado más que un crío en una feria.
Por cierto,no puedo concluir este artículo sin una mención especial a mi «incitadora» para acudir al congreso, la abogado esa que anda siempre con lecturas en la boca, y su hermana, excepcional conductora y mejor persona. Sin ellas, A Coruña, no hubiera sido sino un punto en el mapa. Ahora es un rincón cálido en mi corazón.


jueves, 6 de julio de 2017

Entrega


Esa palabra es la que mejor define la vida de muchas personas anónimas. Personas que parecen importantes sólo para los que tenemos la suerte de cruzárnoslas en nuestro camino. Hace unos días, una de esas personas ha fallecido. Lo ha hecho tan en silencio como vivió su existencia pese a que la dedicó, de pleno,a cuidar del prójimo.
Tuve la fortuna de tratarla un tiempo que pasó por la escuela donde ya sabéis que trabajé dieciocho años. A mí me encantaba lo de relacionarme con mujeres acuciadas por problemáticas de todo tipo, ayudar en lo posible a resolver sus cuitas y aprender de su ejemplo a ser más fuerte en mi vida personal. Paulina Díez no se relacionaba, se zambullía de pleno; compartía el mismo espacio, igual en España que en África. Regalaba su sonrisa y su buen hacer. Su cariño y su sufrimiento.
Para eso era religiosa, dirán algunos. Pues sí, pero no todos los que se dedican al Señor dan ejemplo con su vida diaria de ese estado. Y ella lo hacía. Vivía por y para los que la rodeaban.
Era ¡cómo no! de León; para mí cuna de mujeres fuertes, decididas, entrañables . Ya hice una semblanza de «las hermanas de León» y en ella estaba incluida Paulina.
Pese a ser pequeña de físico y delgada como un junco, su mirada mostraba la fortaleza interior, la sabiduría adquirida en tantos años de entrega. Su mirada se tornaba nostálgica al hablar de su época en África, de la gente que había conocido, sin recalcar los peligros a los que también se expuso, entre ellos la pérdida de salud. Pero ya sabemos que al mirar atrás pesa más lo que amamos que lo que nos hizo sufrir.
Era una persona sabia, reconocida entres sus iguales como mujer versada en múltiples talentos, y sin embargo jamás la escuche presumir de sí misma.
Ahora no está, la muerte como suele ocurrir, se lleva a buenos y malos. La ventaja es que ella se hizo un hueco en los corazones de mucha gente, y ese es el modo inequívoco de seguir viviendo por siempre. Mientras la recordemos, estará. Por eso Paulina Díez y su sonrisa permanece.
Y yo agradezco a los hados que me concedieran su amistad. 


Todo mi cariño para la comunidad de El Buen pastor , en especial la de Badajoz, y para la familia Díez. 

jueves, 29 de junio de 2017

Veinte años con magia


En estos días se ha cumplido el vigésimo aniversario de la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal, el primer libro de la fantástica ( nunca mejor empleada una palabra polisémica) saga de J. K. Rowling.
Me declaro admiradora suya, de su imaginación y su empeño. Todos los escritores sabemos lo que duele el rechazo de las editoriales y según se comenta en los medios a ella la «echaron «pa trás» ocho veces; vamos, que no tirar la toalla tuvo su mérito y, sin duda, una creencia en su historia bien arraigada.
Me alegro de su valentía porque no sólo se ha hecho rica vendiendo libros (olé sus «bemoles») sino que nos ha proporcionado a millones de lectores la posibilidad de deleitarnos con sus protagonistas y sus andanzas.
No soy tan seguidora como ciertos conocidos que podrían ganar un concurso de quien es quién en el universo Potter, pero sí reconozco adorar a Dobby, Hermione, Sirius, Dumbledore, la excelsa profesora McGonagall o al propio Harry. Lo he pasado pipa deseando pisar de verdad esos muros de Hogwarts, asistir a esas clases tan espectaculares o participar de los partidos de Quidditch.
Pero lo realmente importante de estos veinte años ha sido que millones de personas han leído. ¡Sí, por Dios!, han pillado un libro y lo han devorado, han hecho colas para comprar el siguiente, se han mordido las uñas de impaciencia por saber cómo seguía la trama...Eso es emocionante. Despertar pasión por una historia es el sueño de cada escritor, y la dichosa Rowling lo ha conseguido. Ni qué decir tiene cuánto la envidio.
Por otro lado, ha unido a adultos y jóvenes en la lectura de los mismos textos. Ha dejado de ser «ridículo» que los mayores gocemos con la literatura juvenil ; aunque hay gente que me mira con repelús cuando admito que me van los dragones, elfos, guerreros, hadas, vampiros, hombres lobo...Hay mentes muuuy limitadas.
Y en último lugar, los magos se han puesto de moda. Siempre han existido, vamos a ver, pero ahora conocemos a muchos con nombres y apellidos, les seguimos ( ¡Uf, me encanta Antonio Día, el Mago Pop!) y es maravilloso contemplar el rostro de pasmo que pone un niño al ver sus trucos...o el mío, sin ir muy lejos.
La magia existe. La felicidad que nos inunda al impactarnos también. 
Los libros existen. Su magia también.