"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 20 de abril de 2017

"Un día perfecto"



A veces me pasa que retraso ver una película porque pienso que va a ser un dramón y no es el momento, hasta que te dices ¡ya! y...joder, la disfrutas un montón. Eso me ha ocurrido con la magnífica obra de León de Aranoa.
Para quien no la haya visto, aparte de recomendarla, explicar que nos muestra el mundo de los cooperantes. Esta historia se centra en los Balcanes, justo al final de la contienda, cuando los límites no están bien definidos y los que dirigen el asunto – desde sus sillones de Ginebra, donde nunca han visto un muerto, como dice Tim Robbins – ni hacen ni dejan hacer; pero bien podría ser cualquier lugar del mundo y en cualquier momento presente.
Un asunto tan baladí como sacar un muerto de un pozo para descontaminar el agua es una peripecia kafkiana en la que nos enseñan como el odio puede ser tan intenso que se mate a un matrimonio que se ama por ser de diferente religión, siendo vecinos tuyos de toda la vida, como te niegan que haya cuerda en una tienda aunque la tengas en la mano. Te da a entender que contaminar el agua puede ser obra de terroristas – una acción muy común allá donde el agua es difícil de conseguir y la gente tiene muy mala leche – o de intereses particulares, como envenenarla para que la tengas que comprar a los del camión cisterna. La solidaridad se va por la cloaca cuando hay dinero de por medio.
El paisaje yermo, desolado, ayuda a recrear el clima de tensión; encontrarte las vacas en mitad del camino y que te entre la duda de si está minada ella o los alrededores...Te va dando una desazón en la que admiras sin remedio que los cooperantes continúen con su labor en vez de mandarlo todo a la m.
También vislumbramos cómo viven esos cooperantes; cómo es imposible no establecer relaciones personales en un lugar donde no sabes bien si estarás vivo al día siguiente. Es como si tuvieras que aparcar tu vida normal y entraras en una vorágine diferente, en otra estratosfera. Hay un instante que tachas de asombroso cuando a Benicio del Toro – impresionante su interpretación de Mambrú, por cierto, y eso que él no es mi tipo – se ve interpelado por su novia acerca de que color elegir para el dormitorio. Y es que la vida real es así, la cotidianidad vive paralela a la locura sólo unos Kilómetros más allá. Lo sabemos, lo llevo denunciando por activa y pasiva desde que pasó lo de Siria. La gente sufre y muere a pocos pasos y nosotros seguimos teniendo vacaciones, cenas, risas…
Especial mención merece Tim Robbins, por su aparente locura, que parece necesaria para sobrevivir, que está como de vueltas de todo, y en el fondo esconde a un ser humano que tal vez no sepa dedicarse a otra cosa. Pero ¡hacen falta gente como él, cual dice Mambrú, que lo necesitan aunque aún ni siquiera sepan de su existencia!
Los soldados no salen bien parados; órdenes son órdenes y parece que las personas están más allá de una orden. Lo malo es que esas ordenes las dan los de los despachos, no los que están al pie del cañón. ¡Qué bien les vendría a muchos pasar por una experiencia como la de los protagonistas, solo un día, pero pasar algo así, en vez de limitarse a pasar revista en las bases y presidir una comida antes de salir pitando en su avión privado hacia el mundo civilizado!
Doy gracias a Aranoa por ofrecernos un viso de esperanza con su final, por mostrar al mundo que los cooperantes son gente como tú y como yo pero con más “narices” por tener la valentía de “pringarse” en conflictos que podrían dejarles indiferentes. Gracias por la solidaridad de esos hombres y mujeres. Porque nos permite confiar en la humanidad, un poquito al menos.

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