"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 13 de diciembre de 2018

Palabra de rey


Hector Berlioz comentó « El tiempo es un gran maestro; lo malo es que va matando a sus discípulos » y a mí me viene bien su cita para introducir este artículo sobre mi padre y su profesión, la de calderero. Un oficio del que ya poca gente conoce su existencia puesto que ha desaparecido al igual que tantos otros que en la niñez de los que rondamos los cincuenta aún nos suenan familiares. El tiempo, la modernidad, va «asesinando» tareas que ya no tienen sentido. Los utensilios se fabrican en serie, en fábricas, con materiales baratos y con rapidez. Lo de ser artesano, sudar al calor de una fragua o dejarte la fuerza a base de martillazos son imágenes del pasado.

Paradojicamente, he tenido que recurrir a mi hermano Diego para que me recordara los nombres del género que mi padre y él fabricaban, así como el de las herramientas y el modo de trabajar. Según creo, Manuel Lomba fue el último calderero de Don Benito, pero podría haberlo sido su hijo si hubiera sentido algún aprecio por el oficio, lo cual nunca fue el caso. No obstante, me ha parecido entrever una cierta nostalgia al recordar y darme detalles. Sería por lo joven que era cuando se dedicó a ello como aprendiz de mi padre.
Mi padre debió denominarse en realidad latero u hojalatero, según definición del diccionario, pero todo el mundo lo llamaba «el calderero». Quizá por ser la parte más dificil de su oficio. Según mi hermano, trabajar estirando el molde de lata hasta darle forma precisaba de una tecnica y una precisión enormes. Había que destemplarla en la fragua tres veces y después dar forma al caldero a base de martillazos hasta dejarlo liso y del tamaño requerido. En invierno debía dar gusto pero en verano debía resultar un suplicio.
Además de calderos, en el taller se fabricaban trébedes, anafres, anafres de pinchitos ( muy demandadas ), cocinas de hierro, braseros, sartenes, peroles, badilas, badiles, paletas para remover la comida… y un producto estrella llegada la Semana Santa , las latas de las bollas. Dudo que en los desvanes de Don Benito no queden latas de las que hizo mi padre. ¿Quién no fue a la tahona en algún momento de su niñez a hornear los dulces? Yo me moría de vergüenza cuando tocaba ir, pero qué remedio, allá que nos mandaba mi madre, con una en cada brazo. En las fotos con que nos deleita Diego Sanchez Cordero (Disancor) se reconoce a más de un dombenitense en plena faena, entre ellos mi hermana, con una pinta que nos arranca carcajadas cada vez que la vemos.
Otros articulos muy solicitado eran los canalones, esos que se ponen bajo el alero del tejado para canalizar el agua de lluvia. Puedo recordarlos alineados en el patio, soldados pieza a pieza.
Un trabajo menor consistía en poner estaño a las ollas que se agujereaban. Increible nos resultaría hoy llevar a arreglar una olla o un perol cuando se estropea, pero en los tiempos de los que yo hago memoria ( cómo se reirán los jóvenes si llegan a leer este artículo, y qué antigualla les resultará) se les limaba el roto y se aplicaba una capa con un estañador de carbón. Mi hermano me enseñó un vocablo que jamás había escuchado :lañador. Pero investigando he descubierto que ese apelativo se le daba a alguien, generalmente ambulante, que arreglaba cacharros con lañas, una especie de grapas metálicas, e incluía el arreglo de utensilios de barro y loza, pero mi padre sólo se dedicó a los de lata.
Volviendo a él, he reparado en un detalle que me ha hecho sonreír. Ambos renegamos del apellido Pérez. Al calderero todos lo conocían por Lomba (supongo que porque era la familia de su madre la que tenía el taller que él terminó heredando) y yo he preferido el Gallego para evitar las cacofonías de las e.
Mi padre empezó desde muy pequeño bajo la tutela de su tío Saturio ( era hijo de viuda y tenía que colaborar en los ingresos de la familia) y se jubiló ya operado de cataratas y cargado de dolores. Le tocó una época dura y difcil, sin apenas pisar la escuela y asumiendo muchas responsabilidades. Menos mal que le salvó su humor y sus ganas de disfrutar de la vida. Lo recuerdo acarreando chapas, dando martillazos, modelando hierros en la bigornia y cantando al calor de la fragua. Siempre con buena cara, siempre con una sonrisa.
Durante muchos años, desde su niñez hasta bien mayor, viajó por la provincia vendiendo sus cacharros. A las ferias de Zalamea y Campanario, primero en carro y en camión después, y a los mercadillos de Don Benito y Villanueva todas las semanas, dónde acudía en un cuatro latas (Renault 4) que compró cuando mi hermano cumplió la edad de conducir porque él se negó a aprender.
También vendíamos en mi casa, directamente en el taller, por lo que éramos una «puerta abierta» constante. No resultaba extraño que cualquiera llamara, sin importar la hora, preguntando si allí vivía Lomba, el calderero. Incluso después de fallecido, nos ha seguido pasando durante unos cuantos años. Llegaba gente del pueblo, de la provincia, y lo que más nos admiraba a sus hijos, de Madrid. En especial una familia gitana que adquiría candiles, calderos y trébedes en miniatura, que luego envejecían con óxido para hacerlos pasar por antiguedades. Los enviaban a sitios tan sorprendentes como Suiza o Estados Unidos.
Por último, quiero explicar por qué he titulado este artículo con esa frase que yo escuché como novedosa hace unos días ante la cara de pasmo de mi hermano Diego, que la tiene por conocida desde su niñez de oírsela a mi padre. Tener «palabra de rey» es no hacer descuento. El precio marcado era inamovible. Y a quien no le gustara, que se buscara otro vendedor.
Lo dije en una ocasión y me repito ¡qué pena que la curiosidad nos entre a una edad en la que ya no existen quienes la pueden saciar! Ahora asaltaría a mi padre con mil preguntas que , en su momento, ni se me hubieran ocurrido. Pero retomando a Berlioz, el tiempo mata a los discípulos. ¡Aprovechemos a los pocos que quedan! 
 
Reproduzco este artículo que escribí para el nº19 de la revista Caramanchos de Don Benito, presentada oficialmente el pasado 30 de diciembre,  porque cuento en él cosas interesantes que no podrán llegar a los que me seguís fuera de nuestra ciudad. Espero que os agrade.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Ya son 40


Este artículo es del año pasado. Por desgracia sigue vigente cada palabra que escribí. ¡Triste pena!

La Constitución Española cumple 39 años y según leo en wikipedia se ha modificado en dos ocasiones; la primera en el 92, para adaptar uno de los artículos al Tratado de Maasstricht, en referencia al sufragio de los extranjeros; y la otra en 2011 por asuntos presupuestarios. O sea, una birria. Nada que ver con las peticiones que , desde todos los medios, los ciudadanos reclamamos.
Que sí, que estuvo muy bien para la época y se la trabajarían «hasta las tantas» los señores encargados del evento ( los llamados «padres» de la susodicha), pero como resulta que se ha quedado un pelín retrógrada, que ni una sola mujer participó en su creación y ya va siendo hora de que digamos algo al respecto, que demandamos que las Cámaras cuenten con menos políticos ( menos sueldos, menos coches, menos móviles, menos prebendas de todo tipo que pagar de nuestros exiguos bolsillos) , que insistimos mejor dicho, en que se disuelva el Senado y que esos señores se vayan a sus casas , a buscarse un trabajo acorde con sus estudios y no con sus enchufes, que incluso se reduzca el Congreso, que tampoco hace falta que haya de 300 a 400 vocingleros que nos representen...Total, poco han demostrado que les importemos , sean del partido que sean. Con que elijamos a unos 100 bastaría; igual así lograrían ponerse de acuerdo más fácilmente…
Nos sobran políticos, señores. Y leyes. O ganas de cumplirlas. Sobran privilegios para unos y faltan derechos para otros. Como esos que aparecen en el Título I «De los Derechos y Deberes fundamentales» :
- Aconfesionalidad del Estado ...Por eso la Iglesia – católica y romana, no la judía, ni la musulmana, ni otras que nos vengan a la cabeza – está presente en todo evento importante o la Corona cumple con los sacramentos públicamente en vez de en privado , como debería ser en el improbable caso de que lo sintieran de corazón…
- Derecho al trabajo… Este es de carcajada ( triste, claro) . Que se lo digan a los millones de parados que se levantan de la cama sin ilusión, sin esperanzas de que ese curso que te han obligado a hacer para cobrar X ayuda te recicle ni te sirva lo más mínimo, porque lo que en realidad está haciendo es llenando los bolsillos de quienes te lo están dando; a jóvenes cuyos padres se han gastado un pastón en másters y demás porque sin ellos no eres nadie por mucha carrera que tengas, y se tienen que largar al extranjero a servir copas o, con mucha suerte, a trabajar en lo suyo; a parados de más de cincuenta años que se sienten más obsoletos que un mueble del dieciocho…
- Derecho a la vida y a la integridad física y moral; que se lo cuenten a las 44 mujeres asesinadas por violencia de género hasta estas fechas. La policía no cuenta con medios suficientes , ni personales ni económicos, para proteger a las mujeres que se atreven a denunciar. Para otras historias sí hay.
Son sólo algunos de los ejemplos; pero lo cierto es que nuestra «Ley madre» anda necesitada de reparaciones. Lo peor del asunto es que quienes deben hacerlo, no están dispuestos a perder su parcela de poder.
Vamos, que cumplirá cuarenta o sesenta y seguirá como está, trasnochada.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Un flautista en mi acera


Se apoyaba en la pared, sentado sobre un cartón en el frío suelo. Tocaba una flauta y observaba a la gente. Había encontrado su lugar de acampada a la puerta de una tienda regentada por chinos. Algunos viandantes echaban monedas en la improvisada hucha que era su gorra. Otros, pasaban de largo.
Lo vi mañana tras mañana durante unos días. Me moría de vergüenza de dirigirle la palabra. Al fin me decidí. La primera sorpresa fueron sus intensos ojos verdes, de mirada franca, ocultos por un flequillo largo. La segunda, su sonrisa. La tercera, lo bien que hablaba nuestro idioma.
Le pregunté por qué no iba a un albergue y reconoció que le daba repelús, que prefería su tienda de campaña. Era rumano y recorría Europa con solo una mochila. "¿Si no lo hacía a su edad, entonces cuándo?" Atónita, no supe qué replicar. Quizá con veinte años menos me hubiera apuntado a una aventura semejante, pero ahora ni de coña me lanzaría a conocer mundo sin una cobertura cómoda.
Volvimos a charlar, varias veces. Estaba al tanto de numerosos temas. Leía la prensa que los demás desechaban; comía en comedores de beneficencia y se duchaba en sitios parecidos. Su tienda, pese a ser invierno, la montaba bajo un puente. Nunca aceptó que le diera dinero. Tocó su flauta para mí por placer, por amistad. Por haberme parado a hablarle. Por «verle»
No me avisó el día que se fue. Simplemente desapareció. La avenida se quedó en un raro silencio.


Una historia real para homenajear a Noelia Amarillo y su Jared de «Quédate a mi lado».

jueves, 22 de noviembre de 2018

Tengo voz


 Código de registro: 1811209105552




No me mires con desprecio por el color de mi piel,
no repares en mis ropas o mis cabellos ocultos,
no pienses «esa indígena de mierda es una inculta»,
no creas que mis tacones y mi falda corta te dan derechos sobre mi cuerpo.

Puedo ser negra, mulata, árabe, judía, cristiana,
oriunda de los Andes o la selva,
puta a la fuerza o por elección…
pero soy una MUJER.

No mutiles mi sexo ni me fuerces a casarme,
no me excluyas de afrontar el mañana con estudios,
no me quites la esperanza del hoy
insultando mi valía o mis destrezas.

Puedo ser africana, asiática, americana,
europea u oceánica…
puedo ser adolescente, joven, adulta, mayor…
Sigo siendo una MUJER.

No recortes mi salario con excusas,
no me obligues a escoger casa y niños,
no elijas mi ropa y mis amigos,
no me pegues,
no me violes.

SOY UNA MUJER.
Como tu madre, tu hermana, tu futura hija.

Sin una como yo no estarías en el mundo.

25 de Noviembre, Día Internacional de la NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Maldito morbo


No suelo ver televisión y cada día lo celebro más. Disculpadme si ofendo a alguien pero no comprendo que la desgracia ajena mantenga a la gente amarrada a la silla sin apartar la vista de las imágenes morbosas. ¿Qué se saca de ver cuerpos destrozados en la calle, familiares llorosos o gente asustada?
¿Qué fue primero, la gallina o el huevo? ¿Qué primero, la audiencia o los espectadores? ¿Quién delimita lo que es curiosidad o morbo? ¿ Es dar una noticia sensacionalista lo primordial en un periodista? ¿Ya no existe la ética profesional?
Quizá porque esta semana me tocó vivirlo de cerca os puedo asegurar que repugna que estés llorando la pérdida de alguien querido, que estés acompañando a la familia y tengas tras de ti a los medios queriendo saber cómo te sientes. ¿Cómo coño te vas a sentir? ¡Deseando que te dejen en paz! Si eres un famoso que cobra por exclusivas allá tú con que te hagan la vida imposible, pero si eres un ciudadano corriente y de golpe te ves inmerso en un drama lo último que deseas es que vengan a ponerte una alcachofa en la boca y quieran lanzarte a los lobos. Acoso a los vecinos, machaque «desinformativo», fotos de menores ...historias que a nadie importan y que ellos se empeñan en meter en cada una de nuestras casas.
De verdad, lo juro, cada día más feliz de no ver la tele.

miércoles, 31 de octubre de 2018

La curva en la carretera

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Andrés conducía despacio. Llevaba unas copas de más después de haber celebrado Halloween en la parte antigua de la ciudad con sus amigos universitarios. Le insistieron para que se quedara a dormir, pero al día siguiente había acordado con su padre que llevarían flores a la tumba de su madre y prefirió regresar al pueblo. El recuerdo le empañó la alegría de la juerga y de los absurdos disfraces que habían lucido por calles y bares. De inmediato le vino a la mente la imagen de una chica de cabellos oscuros y semblante pálido que había vislumbrado en unos cuantos tugurios. En el primero se sintió halagado por su descarada atención, en el segundo, le siguió el juego y le guiñó un ojo, imaginando una pura coincidencia, pero ella le dio la espalda y se alejó. Sorprendido, Andrés había vuelto a la música y las copas, pero cuando se topó con su mirada en el tercero frunció el ceño. ¡Era Halloween, por Dios! ¿Lo estaban acosando o incitando? Ni comentó ni sus amigos hicieron bromas al respecto. Nadie pareció reparar en ella. Y después ya no la vio. La había olvidado hasta ese momento.
De repente, la sangre se le heló en las venas al divisar una figura en el arcén de la carretera. No llevaba reflectante ni hacía el signo de auto stop, pero la distinguió metros antes de ponerse a su altura. Y cuando lo hizo se le erizaron los vellos de la nuca. ¡Era ella, la chica de los bares! Una muchacha de apariencia normal, con tejanos, botas y una cazadora roja. ¿Qué pintaba tan lejos de la ciudad en mitad de la noche? Aprensivo, Andrés pasó de largo. Luego, sus entrañas le dijeron que no fuera absurdo, que no podía dejar a una chavala tirada en la cuneta con el frío que hacía por rara que le resultara. Miró por el retrovisor y ella seguía parada, los puños apretados y los labios tensos, como si le reprochara su cobardía, aunque sin dar muestras de tiritar, pese a la helada, ni de correr a refugiarse. Mosqueado, dio marcha atrás , se puso a su altura de nuevo y le abrió la ventanilla.
¿Te llevo a alguna parte?
La chica asintió sin sonreír, subió al asiento del copiloto y fijó la vista al frente.
No eres de Zarzales. Recordaría tu cara…- Se obligó Andrés a conversar, aturdido por tan extraña pasajera – ¿Es allí dónde vas?
Ten cuidado en esa curva. Puede patinarte el coche.
Andrés pensó que tenía una voz ronca capaz de ponerle a cien si lo acompañaba de un buen vocabulario; sin embargo la hizo caso y aminoró la marcha. Las ruedas chirriaron por el hielo y mantuvo fijas las manos en el volante. Le tranquilizó ver las primeras luces del pueblo a escasos kilómetros. Volvió a escuchar su voz.
María me pidió que te trajera de vuelta a salvo.
Andrés, confuso, no entendió el mensaje. «¿Qué María? » Pero el respingo de verse solo en el habitáculo le cortó la respiración y apretó el pedal del freno por inercia. «¿Dónde estaba la chica ? ¿Qué María? ¡Su madre se llamaba María! »
Bajó del coche y vomitó en el arcén el poco alcohol que le quedaba en el cuerpo. ¿Le habrían dado un tripi con la bebida? Era noche de Halloween pero...Como respuesta, una luz difusa iluminó el cementerio a lo lejos. Andrés se restregó los ojos y se puso a llorar como un niño. «¿Su madre le había enviado un ángel para que le salvara la vida?» ¡Ella había muerto en un accidente de auto, aunque no en ese lugar! Incrédulo, perdido, agradecido, cerró la puerta y condujo hasta su casa a velocidad de tortuga. Mientras, la luz lo acompañó en la distancia.


Adelanto un día mi blog para que os llegue a tiempo el relato.
En homenaje a las fiestas de estos días y a la leyenda urbana de la chica de la curva. ¡Ja, ja, ja!¡ Feliz Halloween!

jueves, 25 de octubre de 2018

¡Panda de crápulas!






Me siento frente a ellos y los observo fijamente. Acabo de mandarles unos ejercicios y me miran como si fuera marciana. Son lo más básico del universo y parecen pensar que les estoy puteando de lo lindo. ¡Si sólo deben rellenar el adverbio de frecuencia adecuado en uno y tachar la palabra que no se ajuste al grupo donde está incluída en otro! ¿Para esto he estudiado cinco años de carrera, he opositado y me he matado a currar de camarera en Londres un montón de veranos?
Tengo una academia. Me han enviado a una panda de crápulas que deben superar un curso de inglés de cuatrocientas horas si quieren seguir en sus puestos, pero les importa un ...pimiento, por ser fina. A uno que lleva dos días sin justificar las faltas le llaman «el psicópata». Tendré que hacer un parte, pero miedo me da. ¿Y si lo apodan así con razón? Luego está «el porrero», uno que se pasa el tiempo liando canutos en la puerta y cuando entramos en clase se ríe como un bobo y me suelta « yo lo entiendo todo,pero se me olvidan tus explicaciones enseguida! ¡No te fastidia! ¡Si va de hachis hasta las cejas! ¡El humo le nubla la mente! ¿Y el cubano? Jovencito, guapete, con rastas...¡Las chicas se lo comen con los ojos! Y con la boca. ¡Vergüenza me da imaginar que algún día mis hijas se porten con semejante descaro!
Para remate, a los veinticinco se suma el chico de prácticas. Memo. ¡Pero memo! Se sienta en primera fila y se comporta como si fuera un alumno. Está de un verde que mosquea. Sin iniciativa, sin motivación...¿para qué puñetas quiere ser profesor? ¿Para terminar algún día teniendo mi cara de cabreo?
Luego dicen que el profesorado está bien pagado… ¡Les dejo un día mi clase!


Para Fátima, por sus inestimables ratos de desahogo telefónico. No me he atrevido a usar su auténtico vocabulario, que hace que me carcajee hasta saltar las lágrimas Pero la recomiendo encarecidamente para un espacio de El club de la comedia. Lo borda. 

   Código de registro: 1810248808714
 

jueves, 18 de octubre de 2018

María de la O Lejárraga


Con motivo del día de las escritoras anduve curioseando páginas y encontré a esta mujer sorprendente, de la cual sólo me habían llegado rumores de que su marido la suplantó a la hora de firmar sus obras. Confieso que la primera intención fue denominarlo «capullo», pero tras investigar ya no estoy segura de si, aparte de interesado en dineros, se le pueden imputar más  cargos.
Conocí a Gregorio Martínez Sierra en mis libros de literatura del instituto y por entonces no se mencionaba que suplantaba su mujer .Espero que los encargados de los planes de estudio hayan modificado la referencia. Martínez Sierra fue un buen empresario teatral. Todo lo demás queda en el limbo de la duda. Firmó un documento donde declaraba la autoría de su esposa de la mayor parte de sus obras, pero también dijo que trabajaban al alimón, cual hermanos Quintero, Preston and Child, Eva Soler e Idoia Amo o las hermanas Urian. ¡Vete a saber!
De lo que sí estoy cierta es de que no fue por cobardía por lo que María no firmó con su nombre. Imagino que los retrógrados de la época no querrían editar la obra de una mujer. Ahora, a la contra, tengo un amigo que firma sus novelas románticas con nombre de chica ( extranjera, además) por sugerencia de la editorial. ¡Mundo de locos!
Perdón por el desvarío. Estaba con María. Nació en 1874 (¡ y falleció en 1974! ), en el seno de una familia acomodada , y por toda lógica, burguesa. O sea, que no les gustó que su hija escribiera. Sin embargo, era políglota y estudió Comercio y Magisterio. Viajó por Europa y conoció las ideas socialistas, convirtiéndose en una ferviente feminista y luchadora por los derechos civiles en general y de las mujeres en particular.
¡Imposible creer que una mujer así temiera publicar con su nombre! Más bien parece que mangoneó a su marido,porque si las cuentas no me fallan, se casó a los 26 años con un señor de 19. En esa época, chocaría. El caso es que , al año de matrimonio, empezaron a publicar y se llevaron como veintidós de «yo escribo, tú firmas» ¡Me hubiera encantado conocerla en persona y preguntarle por sus motivos reales! Publicó en revistas literarias, participó en obras teatrales (Gregorio dirigió el Teatro Lara), en guiones de cine... La nombraron diputada en el Congreso de la República y agregada de comercio en Suiza...Por supuesto murió en el exilio, en Buenos Aires, tras haber recorrido un montón de países y haber seguido escribiendo, ya con el nombre de María Martínez Sierra. ¡Incluso debió reclamar sus derechos de autor a la hija ilegítima que Gregorio tuvo con una famosa actriz ! Para escribir una novela con su vida, sin duda.
Me he limitado a daros pinceladas para que, si os sentís tan fascinad@s como yo, buceéis en las páginas de Internet y averigüéis más cosas. De verdad que María de la O las merece. ¡A mí me ha dejado con ganas de pillar una guija e invocar su nombre!

jueves, 11 de octubre de 2018

Con permiso de Carlos Goñi.


Odio la ensalada de verano y las luces amarillas que alumbran el extrarradio.
No soporto las tulipas de las lámparas que anidan en las mesitas de noche cada cuarto.
Odio las neveras donde nunca hay nada, aparte de agua del grifo en botellas de cocacola.
No soporto a la gentuza que tiene perro en invierno y en verano va a la calle porque sobra.
Odio a los violentos que golpean encubiertos por la ley a sus familias en sus casas.
No soporto los mosquitos ni las ratas y el olor a sucio del que no se lava.
Odio al que se juega sin escrúpulo ninguno su sueldo en una máquina del bar.
No soporto a los que acuden los domingos a la iglesia y luego el lunes son peor que Satanás.
No me gustan las cadenas ni los lazos. No me gustan las fronteras ni visados.
No me gustan los anzuelos ni las balas, ni la ley sin la justicia en el que manda.

¡Qué le voy a hacer ,si con razón o sin razón,
aunque tú me des la vuelta tengo el mismo corazón!

No soporto a los que dicen « la letra con sangre entra». Con la sangre yo no pienso negociar.
Odio a los torturadores, pistoleros y asesinos. Les deseo cien años de soledad.
¡No soporto a los que hablan, siempre a gritos, por el móvil nada más aterrizar el avión!
Odio a los gallitos de gimnasio porque siempre desprecian mi sudor.
No me gusta que me obliguen, sin brindarme explicaciones de porqué si o porqué no.
No me gusta ni que humillen a los toros ni la caza con hurón.
¡Qué le voy a hacer, si con razón o sin razón,
aunque tú me des la vuelta tengo el mismo corazón!

No soporto a los ases del volante que a volar a dos cuarenta le llaman su factor riesgo.
Me parecen reprimidos y egoístas porque exponen mi pellejo y tu pellejo.
No soporto a los perros de la guerra porque se corren disparando su cañón.
Odio a los discjockeys asesinos porque siempre me joden la canción.

Añadiría:
Odio a los que hacen del ruido su costumbre sin respetar a los demás.
Odio a los que ensucian el espacio ajeno y te miran con desprecio si les reprochas la verdad.
Odio a los que  educan a sus hijos sin valores.
Odio a los que presumen de chulos y se ríen de la humildad.
Odio a los que odian sin comprender cuán feo es el verbo odiar.


jueves, 4 de octubre de 2018

La belleza de las piedras






Siendo joven me regalaron un topacio engastado en un aro de oro. Llegado el momento, me desprendí de él sin el menor reparo. Sin embargo, cuando terminé mi trabajo en la escuela, recogí mi colección de cuarzos, piedras volcánicas, pizarras y demás y me la llevé a casa. Cuando he mudado de ciudad, mis piedras han venido conmigo. Pocas veces he comentado esta afición pero forma parte de mi naturaleza desde siempre. Igual que escribía desde pequeña, recogía piedras en el campo o conchas en la playa.
Me apetece contároslo porque en las dos últimas semanas de septiembre hemos tenido la oportunidad de apreciar en el Museo etnográfico de Don Benito una curiosa exposición. Se titula Camino de piedras y se la debemos a Michel Cerdan. Este francés, nacido en Argelia pero de orígenes españoles, recorrió durante unos meses de 2015 un itinerario histórico, el Camino Mozárabe, desde Granada a Santiago de Compostela. Recogió muestras de todo tipo, desde silex, cuarzos, pizarras... hasta cerámicas o ladrillos. Tomó nota de cada geolocalización y, de paso, relató su experiencia de cada lugar.
A mí me encantó. Si te sientes interesad@, puedes visitar su web, http://www.caminodepiedras.com/es/, y hacerte una idea. Quizá en cualquier momento aparezca por tu ciudad este proyecto y te apetezca vivirlo en directo. En todo caso, ahí os dejo la información.

jueves, 27 de septiembre de 2018

¡BASTA!


Tratar el asunto de la violencia de género me resulta complicado. Quizá porque me he movido en un mundo donde es el pan nuestro de cada día. En la marginalidad no es extraña la violencia, del género que sea. La depresión, las drogas, cualquier tipo de dependencia, convierten al ser humano en inhumano. No es raro que el hombre llegue sin un euro en el bolsillo y la pague con los que menos lo merecen, con los que dependen de él y a quienes se ve incapaz de proteger; como autodefensa, les destruye. La esposa, tan amargada como él, lo soporta  o le responde, pero es más débil y pierde.
Esa es la tónica más habitual; pero no es la única.
He conocido familias donde el maltrato se daba por hecho, como una acción normalizada. Cuando en clase expliqué que ninguna mujer, bajo ningún concepto, merece ser golpeada por su marido, una de mis alumnas, adolescente, se echó a llorar y me dijo con ira «¿Quieres decir que mi padre no quiere a mi madre?» No hicieron falta más palabras. ¡Jamás olvidaré su desconsuelo!  Era de etnia gitana, pero no viene al caso; en la marginalidad, la raza es lo de menos.
En la escuela luchamos por una mujer marroquí , para que se independizara de su marido maltratador, puesto que era ella quien aportaba los ingresos que llegaban a casa. Después de , incluso, ganar un juicio, volvió al redil. En la mezquita la dejaban de lado, en la calle la ignoraban, su comunidad en pleno la repudió. Su hijo varón, un mocoso que no levantaba un palmo del suelo, la rechazó.
Sociedad, religión, costumbres… Macho alfa venciendo sobre la mujer.
No obstante, esto que sigue pareciéndonos tan corriente, rompe los esquemas con el siguiente caso: mujer adulta, casada, con carrera universitaria, viajada y leída… Marido machista, con diplomatura, gustos violentos. Desprecio verbal ante sus amistades, actitudes arrogantes ( traeme, no te  pongas, no te juntes…), separación física de lo seres queridos.  Aceptación.
¿Comprensible? Para mí, no.
Por eso comencé diciendo que me resulta complicado el tema de la violencia de género, que no lo entiendo. No sé qué mecanismo lleva a la mente de una mujer a aceptar que otro ser ( padre,marido, hermano, hijo) la desprecie, la destruya psicológica y físicamente.
Tampoco entiendo que una mujer lo haga con un hombre.
Simplemente no comprendo que un ser humano destroce a otro, a alguien que aseguras querer. No entiendo el amor con golpes. No entiendo el amor con ironía y burla. No entiendo «dejarse querer» después de una primera vez.
Quizá soy demasiado afortunada y mi fortaleza me excluye de ese grupo.
En todo caso, para los que no tienen voz, o para los que no se atreven, o se limitan a susurrar, levanto la mía.
Alzo un clamoroso ¡BASTA! y sueño con que, algún día, el respeto impere entre los seres humanos.


Escribí este artículo hace unos meses para un medio que me lo solicitó, pero por desgracia, sigue más que vigente. ¿Hasta cuándo?

jueves, 20 de septiembre de 2018

Depresión

No es mi situación. En estos momentos estoy tan llena de proyectos que me falta el tiempo para concluir las mil cosas que quiero hacer. Pero sé de personas que están pasando un bache. Los motivos son variados. No a todos nos afectan los mismos asuntos ni del mismo modo. Pero sé cómo se sienten en general. Todos lo sabemos, supongo; la vida es larga y las etapas variadas. ¿Quién no pasó por una enfermedad, la ausencia de un ser querido, un desamor? ¿Quién no lloró por la falta de trabajo o el exceso de él?
Sin embargo, las malas rachas pasan. Y, si somos listos, nos hacen crecer. Nos ayudan a mirar el mundo bajo otra perspectiva y a saborear los buenos ratos con más intensidad.
No soy quién para dar consejos. Sé que sirven de  poco si uno no está motivado para sacar la cabeza del agua y respirar hondo. Lo que sí grito a pleno pulmón es lo que dice ese lema: NADA ES PARA SIEMPRE.  Ni lo bueno ni lo malo.
Como rezaba Og Mandino "Esto pasará también".

jueves, 13 de septiembre de 2018

Campeones...de emociones.


Es mi primera película de Javier Fesser. No he visto las demás porque no me han interesado. Y esta la he visionado sin prejuicios puesto que no identificaba al director con su curriculum. Lo digo después de haber leído algunas críticas en las páginas de cine con verdader asombro. ¡Hay mucha mala baba en el mundo! Te puede gustar o no algo, pero el modo de contarlo influye. Y yo, de haber visto algunas reseñas antes, quizá no le hubiera dado la oportunidad.
Miento. Con Javier Gutierrez en el reparto me arriesgo fijo.
De todas formas, ahora no solo la he visto, la recomiendo.
Si algo flojea (siempre desde mi gusto y mis entendederas) es la historia personal del entrenador, pero en fin, aporta sus dosis de comedia ( y algo de drama, sutil). El reparto estelar es el de Los amigos, el equipo que Gutierrez debe entrenar por orden del juez, por chulo y por prepotente. Paro, que no quiero meter la pata ( paso de decir spoiler). Los actores no son tales, según parece, sino personas con discapacidades varias. Trabajan de lujo. Han aprendido un papel que yo no sé si estaba hecho a la medida para ellos o han sido tan inteligentes de interiorizarlos y darles forma. Cada uno tiene su historia particular, aunque la presenten en retazos cortos. Pero oye, ¿ quién asegura que una comedia no sirve para hacer denuncia social? Porque, vamos, la trama da unos toques de advertencia que nos dejan pensativos un rato.
No puedo contar más sin fastidiar a quien no la haya visto; que serán pocos ya que en mi indagación he encontrado que ha llevado ante la pantalla a más de tres millones de espectadores y tampoco somos tantos los apasionados del cine, supongo. De no ser así ¿ por qué se cierran tantas salas? ¿Por qué es tan cara una entrada? Dejaré eso, que es meterme en otro berenjenal.
Si recomiendo la película es porque, sigue siendo mi opinión, no peca de ñoña en ningún momento; resulta super divertida; captas valores en personas que creemos discapacitadas y nos demuestran que lo somos nosotros, de sentimientos al menos. Es un gustazo el tramo final. Una lección de lo que es importante en la vida y lo que no.
Una de las críticas que leí decía algo con lo que me identifiqué. Transcribo: «Creo que es una película con tanta empatía que consigue hacernos conscientes de cómo nos ven los discapacitados a nosotros. Que hay una línea muy delgada y borrosa que a veces desaparece, y somos los capacitados los que estamos llenos de prejuicios y de miedo a lo desconocido». Yo no lo habría escrito mejor.


jueves, 6 de septiembre de 2018

¡Hola! Regreso con una curiosidad.


La Historia me resulta apasionante de principio a fin. Lo malo es que la conocemos tan fragmentada, nos llegan sucesos tan escogidos que, cuando topo con uno desconocido y sugestivo se me hace la boca agua.Eso me ocurrió cuando supe de la existencia de descendientes de japoneses en Coria del Río, un pueblo de la provincia de Sevilla.
Para los corianos no es ningún secreto, claro, pero que un amigo me envíe fotos de una excursión por Andalucia donde aparecen elementos japoneses alertó mi naturaleza curiosa. Y así me enteré de lo que ahora os relato a vosotros, por si os pica el interés también.
Al parecer, en octubre de 1614 una notable delegación, con un samurái llamado Hasekura Tsunenaga a la cabeza, asomó por el Guadalquivir para establecer relaciones comerciales con España (potencia hegémonica del momento para fastidio de ingleses, franceses y holandeses) y Roma. Fue recibida en Sanlúcar de Barrameda por el duque de Medina Sidonia, quien la trasladó a Coria del Río a la espera de «hacer una entrada triunfal» en Sevilla, la cual, según las crónicas, resultó tal cual se esperaba, un éxito.
Sin embargo, como a Hasekura lo que le interesaba era la corte, se trasladó a Madrid con un buen puñado de hombres. Los que se quedaron debieron sentirse super a gusto porque, cuando la expedición regresó con intención de retornar, siete años después, dijeron que nanai. Se les sumaron otros cuantos que tampoco debían tener muchas ganas de volver a Japón, lo cual se entiende porque la expedición resultó un fracaso. Según se dice «bajo cuerda», lo que querían comprar eran buques y armas pero ni el rey de España, Felipe III , ni el Papa Paulo V, estuvieron por la labor de negociar con ellos. Entre otras razones, el shogun Tokugawa acababa de prohibir el cristianismo en Japón y decretado la expulsión de los jesuitas, o sea que muy propicia no resultaba la empresa. Ya sabemos que, en aquella época, lo de la religión se lo tomaban muy a pecho. Bueno, y en esta también, ¡qué comentario más tonto!
Pero vamos, que el pobre Hasekura regresó de vacío, eso sí, bautizado. Ignoro si como condición sine qua non para presentarse ante el Papa o por verdadera devoción. Sin embargo, como buen samurái volvió a darle cuentas de sus intentonas al shogun y este no lo decapitó. Quizá se apiadó de su mal aspecto porque lo cierto es que murió un año después de algún tipo de enfermedad.
Para los muy interesados, recomiendo la página https://www.apuntesdehistoria.net/embajada-keicho/
Por supuesto, los que se quedaron en España se mezclaron con los andaluces , que nunca hemos sido los españoles de hacer ascos al asunto de "pelar la pava". Empezaron a nacer corianos con ojos achinados y proliferó el apellido Japón. Si hacemos caso a La Vanguardia, en un artículo refiere que unos 400 corianos descienden de aquellos vínculos. No está mal, en una población de casi 30.000 habitantes.
Aparte de la habitual invasión de japoneses en forma de turistas, en 1992 una delegación acudió expresamente a Coria para regalar a la ciudad una estatua de Hasekura y en 2013, el mismísimo príncipe heredero de Japón visitó la localidad y plantó un árbol junto al monumento. El equipo de rugby de la localidad se llama Samurais en recuerdo de dicha visita ( cito a Wikipedia).
Si me decís que este artículo no ha sido interesante...pues vale, respetaré vuestra opinión, pero a mí me ha parecido un estupendo regalo cultural compartir con vosotros mi apasionada investigación como reinicio de temporada del blog.
Gracias por leerme y bienvenidos a tintadreams.














jueves, 26 de julio de 2018

Nos vemos!!

Queridísim@s amig@s, un verano más dejo el blog a vuestra entera disposición. No os impongo la lectura semanal aunque os agradeceré que no me olvidéis. Ahí quedan los relatos, las reflexiones, las semblanzas, los microrrelatos que os leéis en un pispás, los poemas y las canciones imprescindibles. Espero que, en mi ausencia, os regodeéis en ellas.  
Volveremos en septiembre con nuevas ideas, vivencias y espero, mucha energía.  
Os deseo  un feliz, muy feliz, verano.

jueves, 19 de julio de 2018

DISFRUTAR EN VERANO

Disculpad que me atreva, como dice la etiqueta, pero me ha parecido buena idea ofreceros las novelas que he publicado hasta el momento, presentadas bajo el prisma de sus protagonistas. (Faltan tres que están retiradas por cambio de editorial) Todas ellas son, según las críticas,  una lectura amena. ¡Déjate sorprender! 

Soy Ana Beltrán y me he metido en un lío tremendo. Se me ocurrió solicitar un puesto de profesora particular de un adolescente  y me encontré con el pijo más descarado y adorable de Escocia. Sólo tiene un pero: odia a su tío. ¿Qué quien es él? Dylan MacDougall. ¡El hombre con más carisma que he conocido en mi vida! ¿Piensas que se me cae la baba con mi jefe? ¡Pues claro! Atrévete a conocerlo y luego me dices si no te pasaría lo mismo. 
Mi nombre es Brenda. Toda la vida he soñado con ser cocinera profesional y con que James MacDougall pusiera sus ojos en mí. Gracias a Ana pasamos juntos días inolvidables… ¡Pero las cosas no siempre salen como una las sueña! Diez años después soy una chef de prestigio y tengo un novio fotógrafo. James, por su parte, ha regresado de Estados Unidos convertido en duque y prometido a una multimillonaria. Sin embargo, ¿ por qué saltan chispas cada que vez que nos vemos? ¿Por qué él no desaprovecha para llamarme Mo fàil cuando estamos juntos?

 
Conquisté un castillo y perdí mi corazón. Ella lo defendió con saña pero ningún sajón puede enfrentarse al poder de Guillermo I y su ejército normando. Soy uno de sus barones y me he ganado la estima de mi rey hasta el punto de prometerme a su prima más querida. Sin embargo, lady Anne ha hecho estragos bajo mi armadura y me debato entre la lealtad y mis sentimientos. ¡Suerte que ella es intrépida y pondrá en jaque a medio Londres para salirse con la suya! ¿Su premio? Yo, por supuesto. 
 
Estoy enamorado de la mujer más complicada del universo. Le he ofrecido la luna, he puesto el mundo a sus pies, pero me ha dejado. Aborrece mi dinero y afirma que necesita encontrarse a sí misma. ¡Quizá tuve la desdicha de conocerla demasiado joven! Ella soñaba con trabajar en prisiones y provocar cambios sociales. Se ha ido con Carlos, su amor de adolescente, el chico perfecto, el que vive de acuerdo a sus ideales. Mi modo de demostrarle que la amo es esperar a que se dé cuenta de que el único hombre que necesita en su vida es a mí, Mario, su marido. 
 


Mi nombre es Dimitri. Viajo en un yate por aguas brasileñas con el archifamoso cantante Sasha Abbaci . Pero nos ha surgido un contratiempo que ha puesto a mi hermanito de un humor de perros. Hemos rescatado del mar a un bombón que asegura ser escritora y nos mete una bola que parece sacada del más entretenido libro de aventuras. Sasha no la cree. Yo sí, soy fan suyo...y ¡ diantres, está buenísima! De repente, empiezan a pasarnos cosas raras… ¡Parece que Sylvie Doumier no tiene tanta imaginación! Parece que alguien quiere matarla, sí. ¡No podemos dejarla en la estacada! ¡Claro que nunca imaginamos en qué embrollo nos estábamos metiendo!

jueves, 12 de julio de 2018

Falsos derechos



Centro comercial abarrotado. Acompaño a un familiar en silla de ruedas. Necesitamos pasar por el WC y pregunto a una de las dependientas. Su cara de estupor es total. Me crujen las neuronas porque estoy viendo una puerta al fondo, un poco tapada, eso sí, con la señal











Interrogo con firmeza «Tenéis, ¿no? Y ella
 « Sí, si, pero es que…. Perdone, pregunto a la encargada» Otra chica joven, muy mona y pizpireta me saluda.  
¿Sabéis que la mayoría de los minusválidos son invisibles? Los demás siempre se dirigen a las personas que los conducimos, como si ellos padecieran alguna deficiencia mental en vez de física. Más motivo de mosqueo por mi parte. Sonrisa de dentífrico por la suya. «Hola, Buenas. Me ha dicho X que preguntan por el servicio de minusválidos...Hay uno en el centro, en la planta baja...» La señorita Rottenmeier a mi lado parece Heidi . «Perfecto, ¿pero vosotros tenéis o no tenéis servicio adaptado?porque esa puerta dice que sí» Risas nerviosas. «Ya, sí, bueno, ya sabes...la normativa...pero en realidad lo usamos de almacén» Por si me quedan dudas, me lo enseña.
Pido la hoja de reclamaciones. Lo siento por la chica. Ella no tiene la culpa, es evidente. La empresa sí. Y los de inspección, más. ¿Les han untado para que firmen que la obra está hecha cuando en realidad es un decorado?
¡Visibilidad para los minusválidos! ¡Cómo se les llena la boca a los políticos con ese tema! Sin embargo, los bordillos son altos, los accesos mal construidos, las rampas con pendientes de mil demonios… ¡Un poquito de respeto, por favor! Son personas, pagan impuestos, tienen los mismos derechos que un ciudadano cualquiera. Que se note.