"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 3 de octubre de 2019

Serie imprescindible


Para variar, seguro que llego tarde; pero como acabo de descubrirla ( y terminarla porque además de interesante es breve) recomiendo encarecidamente la serie The Bletchley Circle. Una primera tanda de siete episodios transcurre en Londres y otra segunda , con la variante de trasladarse dos de las protagonistas a Estados Unidos, en San Francisco.
El titulo hace alusión al lugar secreto en el que los británicos desentrañaron los movimientos del ejercito alemán. Matemáticos, criptógrafos , ajedrecistas y personas de alta capacitación trabajaron codo con codo para descifrar los mensajes de las máquinas Enigma con la que ellos se comunicaban. Gracias a la labor de estas personas se salvaron muchas vidas y se vencieron muchas batallas. Y gran parte del personal que trabajaba en Bletchley eran mujeres.
La serie no va sobre el trabajo que realizaron en esas instalaciones sino de su vuelta a “la normalidad” después de la guerra. Mujeres con una inteligencia impresionante, que pusieron su saber al servicio de su gobierno, fueron desdeñadas posteriormente por este y por sus propias familias.
Resulta elocuente el caso de una de las protagonistas. Su marido es un herido de guerra que no pierde oportunidad de vanagloriarse de los viejos tiempos y que no ve en ella otra cosa que un ama de casa aficionada a los crucigramas y puzzles. La cláusula de confidencialidad que firmó al entrar en Bletchley le impide contarle hasta qué punto ella sí que fue una heroína. Y da bastante rabia, la verdad.
Había mujeres cartógrafos, descifradoras, expertas en maquinaria… Por lógica, esa inteligencia sale a relucir en la serie en cuanto se sucede una oleada de crímenes que no pueden ignorar. Se involucran para resolverlos y se encuentran con la desidia de la policía y de los políticos. Nadie cree que “unas pobres mujeres” sean algo más que unas histéricas con exceso de tiempo libre.
Los personajes están perfectamente definidos para visionar las miserias de la sociedad de posguerra, la europea y la americana.
Se alude al machismo, el contrabando, la corrupción, la trata de bancas, la violencia de género, el racismo. En la versión de San Francisco llegan a presentarnos temas duros, como el sórdido trato que se les dio a los japoneses residentes en EEUU o la homofobia. La afrontan con la suficiente valentía como para que una protagonista sea lesbiana, otra negra y pianista en un club de jazz  y una tercera, japonesa. Todas formaron parte del equipo americano de espionaje. Todas son personas de segunda categoría después.
Mientras las ves desentrañar un misterio tras otro, enfrentarse solas a los criminales  porque los hombres las desdeñan, te comes las uñas de rabia. Por la impotencia y el desconsuelo que debieron sentir.
Hay una frase de Jane que lo engloba: “Podemos hacer lo que hacemos porque nos subestiman”.
Triste ¿no?



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