"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 21 de mayo de 2026

FÁBULA DE BUITRES

 

 


 

 

    En un acantilado de afiladas rocas se acoplaron a vivir varias bandadas de buitres leonados. La de mayor tamaño decidió que su líder organizaría el territorio, pero tuvo que acceder a compartir el mando cuando una segunda se opuso; pactaron la alternancia y el resto no les contrarió. Durante unos años no hubo enfrentamientos porque la comida era abundante, pero llegó una etapa de carencias y la sintonía se rompió. Los buitres se peleaban en tierra y aire, se dedicaban a despedazarse unos a otros y los más débiles sufrieron la exclusión, el hambre y el frío.

    En medio del desaliento, nació un buitre blanco que, primero fue atacado por su disimilitud, pero logró sobrevivir a las burlas y las afrentas, y después empezó a ser admirado por su carácter alegre, tolerante y hospitalario; no tenía reparo en visitar a otros grupos de aves que habitaban más allá de los acantilados, en compartir su alimento con ellos y en trabajar en la construcción de otras sociedades. Los buitres más jóvenes empezaron a respetarlo como a un líder y a los mayores no les quedó más remedio que entregarle las riendas. Durante un tiempo, el buitre blanco consiguió que todas las bandadas compartieran los acantilados, las piezas que comían y volaran juntos. Pero la ira latía en el corazón de los mayores y terminó aflorando en el risco; surgieron de nuevo las peleas, la difamación y, quien había sido admirado, terminó abandonado por sus propios adeptos.

    El buitre blanco terminó sus días en soledad porque la maledicencia siempre arraiga en los oídos de los envidiosos y no existe nada peor para los ruines que un corazón limpio.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario