Soy de esa generación a la que preguntaban a qué se dedica tu madre y respondíamos «sus labores», quizá por eso me he sentido tan identificada con la película de mi amigo Liteo Pedregal. La trama es muy sencilla: señor jubilado que se queda viudo y se da cuenta de que, en su trabajo sería un genio, pero en la vida real es un inútil de pies a cabeza. Por supuesto el guion nos ofrece mucho más, el largo camino que ha de transitar Guillermo (Carlos Olalla) para enfrentarse al hecho de que ha tenido a su esposa como una criada, que no todas las mujeres están dispuestas a servirlo con la misma admiración y cariño, que no sabe dónde están están las cosas en su propia casa, que es bastante nulo en la cama, aunque su mujer ( Inma Sancho) jamás se quejara, que la condescendencia con que sus amigos hablan de las mujeres esconden el más puro machismo.
No podemos culpar al cien por cien de esas actitudes a Guillermo; en realidad es hijo de una época, de un momento histórico ( demasiado largo) en el que las mujeres fueron educadas para servir a sus maridos en todos los ámbitos: familiar, laboral y sexual. Ellas no importaban, los que traían el sustento a casa eran ellos y por tanto había que agradecérselo. El hijo del director me preguntó, sorprendido, por qué las mujeres nos habíamos reído tanto en ciertas escenas y tuve que explicarle que nos veíamos representadas en ellas, nosotras o nuestras madres, que las cosas antes eran así, pero él se quedó perplejo. Me gustó su reacción porque demuestra que los jóvenes ven la vida de otra manera. Aunque tampoco voy a pecar de ingenua: muchas parejas aún consolidan esa relación de poder; si no, no habría tanta violencia machista.
Guillermo no sólo es un inútil al que dos mujeres ( Rosario Pardo y Natalia Dicenta) ponen en su sitio, también mantiene una relación de desapego total con su hija, Olivia Molina. Como ella no representó el papel que le había asignado y «lo desilusionó», le resultó más fácil romper el vínculo que buscar el diálogo. Será una adorable vecina, Rosario Pardo, quién servirá de puente entre ambos para que aprendan a entenderse.
El guion tiene giros magníficos, que nos hacen reír, aplaudir (excepcional el discurso de Laura de la Uz) y enternecernos. No en vano ganó la Tesela de Plata en el Festival de Alicante días antes del preestreno en Madrid.
La película llega a los cines de nuestro país el 12 de junio. Os recomiendo encarecidamente que la veáis, es una apuesta segura: el guion es muy bueno, los actores lo bordan y saldréis reconfortados de las salas.
Liteo Pedregal entra con Un hombre de verdad por la puerta grande de los largometrajes, pero no es nuevo en esto, a sus espaldas hay unos cuantos cortos, con excelentes premios.
Si no lo conocéis, dadle una oportunidad.



