"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 25 de junio de 2026

PAPITIS

 

Según encuesta del CIS entre el 16 y el 18% de la población se confiesa católica practicante; el 37%, no practicante y el 40% ateos, agnósticos o sin religión.

Según la Constitución española, en su artículo 16.3, España es un estado aconfesional.

Pero...hemos tenido al Papa hasta en la sopa, en todos los informativos, en todas las cadenas públicas, en el Congreso. Le han besado el anillo los Reyes y los diputados, hasta el Presidente del gobierno ( ojo, ese rojo tannn peligroso y comunista); que lo hagan curas, monjas y todos sus acólitos me parece bien, pero que lo haga gente declaradamente aconfesional, me resulta de una hipocresía aberrante.

Poca gente se pregunta cuánto cuesta montar semejante despliegue, pero lo cierto es que muchos de esos millones se han pagado de nuestros bolsillos. Y, la verdad, me molesta un poquito.

No comprendo por qué vienen jefes de estado de otros países y se les recibe de lo más normal y viene el Papa y se monta este jolgorio. Porque es mentira que nos represente a la mayoría de los españoles, las encuestas lo dejan claro, pero aquí seguimos, sin avanzar un mínimo desde la época de Franco, con acuerdos que permiten a la iglesia recibir fondos públicos y mantener sus centros educativos bajo el falso titulillo de «concertados» para que sigan enseñando su rancia y clasista manera de ver el mundo.

Un señor que viene a defender la ayuda al migrante me parece perfecta, pero que se atreva a criticar el aborto y la eutanasia, ya me huele mal. No puede ser que, en pleno siglo XXI, llegue un señor con falda a decirnos a las mujeres qué hacer con nuestro cuerpo, ni si tenemos derecho a morir dignamente. ¡Cuánto mercader falso en cada encuentro! Jesús, dice el NT, sacó a los mercaderes del templo a latigazos. No me lo querría imaginar en estos tiempos, donde absolutamente todas estas pantomimas están hechas para vender.

No tengo nada contra este Papa, ni contra cualquier otro; simplemente insisto en que a mí no me representa; ni a mí ni casi a la mitad de la población española por mucho que hagan tanto ruido que parecen muchos. Suerte tienen de que seamos pacíficos y no nos liemos a insultos con ellos. Pero mi voz no la callan, porque para eso este es mi espacio y opino como quiero ( puede que no dure demasiado, al ritmo que van las cosas, con tanto desgraciado en contra de la libertad de expresión, y más si es de la mujer)

Me avergüenzo de unas instituciones públicas que no cesan de mencionar la Constitución como ley superior y luego van y se la saltan a la torera. Me avergüenza ver a gente coreando las consignas del Papa y mirando a los migrantes como desechos humanos, me avergüenza que se gasten millones en una visita cuando se podrían haber destinado a centros donde se les atienda con dignidad, pero claro, eso no «luce»tan bien. Me avergüenzan las comunidades gobernadas por el PP, como la mía, Extremadura, que pretenden averiguar las edades de los chicos para convertirlos en adultos y poder expulsarles con mayor tranquilidad, pero aplauden a León XIV cuando dice que «la dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera». Y, oye, ni se sonrojan.


Antes de apedrearme, recuerden el dicho del galileo: «quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra»


jueves, 11 de junio de 2026

UN HOMBRE DE VERDAD, de Liteo Pedregal.


 

 

    Soy de esa generación a la que preguntaban a qué se dedica tu madre y respondíamos «sus labores», quizá por eso me he sentido tan identificada con la película de mi amigo Liteo Pedregal. La trama es muy sencilla: señor jubilado que se queda viudo y se da cuenta de que, en su trabajo sería un genio, pero en la vida real es un inútil de pies a cabeza. Por supuesto el guion nos ofrece mucho más, el largo camino que ha de transitar Guillermo (Carlos Olalla) para enfrentarse al hecho de que ha tenido a su esposa como una criada, que no todas las mujeres están dispuestas a servirlo con la misma admiración y cariño, que no sabe dónde están están las cosas en su propia casa, que es bastante nulo en la cama, aunque su mujer ( Imma Sancho) jamás se quejara, que la condescendencia con que sus amigos hablan de las mujeres esconden el más puro machismo.

    No podemos culpar al cien por cien de esas actitudes a Guillermo; en realidad es hijo de una época, de un momento histórico ( demasiado largo) en el que las mujeres fueron educadas para servir a sus maridos en todos los ámbitos: familiar, laboral y sexual. Ellas no importaban, los que traían el sustento a casa eran ellos y por tanto había que agradecérselo. El hijo del director me preguntó, sorprendido, por qué las mujeres nos habíamos reído tanto en ciertas escenas y tuve que explicarle que nos veíamos representadas en ellas, nosotras o nuestras madres, que las cosas antes eran así, pero él se quedó perplejo. Me gustó su reacción porque demuestra que los jóvenes ven la vida de otra manera. Aunque tampoco voy a pecar de ingenua: muchas parejas aún consolidan esa relación de poder; si no, no habría tanta violencia machista.

    Guillermo no sólo es un inútil al que dos mujeres ( Rosario Pardo y Natalia Dicenta) ponen en su sitio, también mantiene una relación de desapego total con su hija, Olivia Molina. Como ella no representó el papel que le había asignado y «lo desilusionó», le resultó más fácil romper el vínculo que buscar el diálogo. Será una adorable vecina, Rosario Pardo, quién servirá de puente entre ambos para que aprendan a entenderse.

    El guion tiene giros magníficos, que nos hacen reír, aplaudir (excepcional el discurso de Laura de la Uz) y enternecernos. No en vano ganó la Tesela de Plata en el Festival de Alicante días antes del preestreno en Madrid.

    La película llega a los cines de nuestro país el 12 de junio. Os recomiendo encarecidamente que la veáis, es una apuesta segura: el guion es muy bueno, los actores lo bordan y saldréis reconfortados de las salas.


Liteo Pedregal entra con Un hombre de verdad por la puerta grande de los largometrajes, pero no es nuevo en esto, a sus espaldas hay unos cuantos cortos, con excelentes premios.

Si no lo conocéis, dadle una oportunidad.



jueves, 21 de mayo de 2026

FÁBULA DE BUITRES

 

 


 

 

    En un acantilado de afiladas rocas se acoplaron a vivir varias bandadas de buitres leonados. La de mayor tamaño decidió que su líder organizaría el territorio, pero tuvo que acceder a compartir el mando cuando una segunda se opuso; pactaron la alternancia y el resto no les contrarió. Durante unos años no hubo enfrentamientos porque la comida era abundante, pero llegó una etapa de carencias y la sintonía se rompió. Los buitres se peleaban en tierra y aire, se dedicaban a despedazarse unos a otros y los más débiles sufrieron la exclusión, el hambre y el frío.

    En medio del desaliento, nació un buitre blanco que, primero fue atacado por su disimilitud, pero logró sobrevivir a las burlas y las afrentas, y después empezó a ser admirado por su carácter alegre, tolerante y hospitalario; no tenía reparo en visitar a otros grupos de aves que habitaban más allá de los acantilados, en compartir su alimento con ellos y en trabajar en la construcción de otras sociedades. Los buitres más jóvenes empezaron a respetarlo como a un líder y a los mayores no les quedó más remedio que entregarle las riendas. Durante un tiempo, el buitre blanco consiguió que todas las bandadas compartieran los acantilados, las piezas que comían y volaran juntos. Pero la ira latía en el corazón de los mayores y terminó aflorando en el risco; surgieron de nuevo las peleas, la difamación y, quien había sido admirado, terminó abandonado por sus propios adeptos.

    El buitre blanco terminó sus días en soledad porque la maledicencia siempre arraiga en los oídos de los envidiosos y no existe nada peor para los ruines que un corazón limpio.

 

jueves, 7 de mayo de 2026

PARA FACILITAR LA VIDA AL CIUDADANO

 

El otro día se me adelantó mi querida Pilar Galán escribiendo sobre los contestadores automáticos y la rabia que genera hablarle a una máquina, pero me resisto a dejar en el tintero mi experiencia de las últimas semanas. Me las han dado por todas partes. Intenté conseguir cita en el SEPE para acudir a mi población y tras mil intentos, a diferentes horas del día, lo logré en una población vecina a veinte minutos en coche. Para los que vivís en grandes ciudades eso es normal, pero para las que lo hacemos en pueblo de cuarenta mil habitantes, no. No concibo que en mi oficina no haya hueco para tratar una urgencia, ni siquiera presentándome ante el buldog que protege sus puertas. No hablo por hablar; se puede realizar el trabajo, por ingrato que sea, con un mínimo de educación, pero cuando no se tiene y encima hasta se regodea en su «poder», pues se merece el apelativo. Antes había intentado hacer la gestión online, claro, que se supone sería más rápido, pero ilusa de mí, para ciertas gestiones no vale la clave pin, tienes que tener clave permanente o dni electrónico y ante mi carencia, me tuve que aguantar sin acceder. Lo bueno es que, en todas las páginas te dicen que use el método online «para comodidad del ciudadano», porque así se intenta facilitar el acceso a los organismos públicos sin tener que desplazarte. ¡Y una m….! Porque luego hay un teléfono, el 060, que «también» te facilita trámites...si consigues que te atienda alguien tras hablar con un teclado que te pide mil datos y te pone de los nervios. Me pregunto cómo lo harán ciertas personas que no tienen acceso habitual a un ordenador si yo, que sí lo tengo, me enfado hasta enviarles a freír gárgaras, cómo resolverán los trámites sin una cultura informática básica. De verdad que me gustaría echarme a la cara a esos listillos que deciden que un ordenador te atiende mejor que una persona.

Por otro lado, están las compañías telefónicas. La mía lleva prometiéndome el oro y el moro para que no les abandone. Un tipo me endosó un número de teléfono que no necesito porque así me abarataba la factura y resultaba absolutamente gratis. Bueno, pues no lo era. Lo he denunciado a la compañía de mil maneras y no ha habido forma, así que decidí hacerlo por WhatsApp para tener pruebas que presentar si los denunciaba a la oficina del consumidor. Y, lo admito, fui borde hasta el escándalo. Para empezar porque me jode que todos los que atienden el teléfono nos llamen «María» a las mujeres. ¿No tienes delante mi ficha y me estás preguntando el nombre? Pues me llamo Mercedes, Mercedes, recalco. La chica se disculpa como puede y me pasa con su compañera que, cómo no, quiere saber qué problema tienes, María. Otra a la que trato de pena, lo admito, pero me tiene frita esa despersonalización que hacen del cliente. Me jura y perjura que lo va a arreglar, pero que puede ofrecerme no sé qué milonga. Le digo que solo quiero que me arregle lo de ese número que no necesito y me vuelve a insistir, así que le repito que si no sabe solucionarme el problema que me pase con alguien que sí sepa. ¡Todo esto por mensajes! Me llevé media mañana y aún no sé si se ha arreglado porque insistió en que lo vería retirado en diez días. Y quiere hacerme una encuesta, encima, sobre mi satisfacción. Le dije que mejor lo dejara porque no le iba a gustar mi respuesta y, con todo, me la pasó. No respondí. No me da la gana, porque siempre aseguran que arreglan las cosas y luego es mentira. Hasta que no lo vea solucionado no pongo buena cara.

La deshumanización es inmensa en cuestión de trámites. Todo hay que hacerlo con cita previa, todo pasa por la frialdad de un contestador y la empatía es cero. Nos hemos convertido en cifras y letras sin caras, quizá porque así es más fácil jodernos la vida. Pero, por supuesto, de ese modo «nos la facilitan».