Hoy,
23 de abril, celebramos la feria del libro en todo el mundo. Al
parecer, un escritor valenciano, Vicente Clavel, propuso a la Cámara
del Libro de Barcelona celebrar una fiesta para promover la lectura y
se escogió ese día por ser el del patrón de Cataluña ( y Aragón).
Desde entonces, la tradición de unir flores y libros va pareja. La
UNESCO, además, proclamó en 1995 este día como el Internacional
del Libro y del Derecho de Autor. Se asocia la fecha con la muerte de
Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega. Me suena más a dato
mercantil que real, pero así se cuenta.
En
mi localidad se ha festejado la Feria del libro y las flores una
semana antes, ignoro el motivo. Ha sido un evento bien organizado,
con la participación de cinco librerías y dos floristerías, y ha
contado con una significativa afluencia de público, de Don Benito y
de poblaciones vecinas.
Han
estado representados los distintos géneros literarios de la
narrativa: juvenil,
con Alina Not y Andrea Longarela; romántica,
con Esperanza Mancera y quién esto redacta; histórica,
con Reyes Monforte, Paloma Sanchez Garnica y Andrés Morillo; negra,
con Marta Robles y ficción
religiosa,
con José María Zavala. Un buen elenco, al menos a juicio del
público, que ha mostrado a todos los escritores una estupenda
acogida. Hemos combatido con agua y abanicos el calor, pero contra
las temperaturas poco se podía hacer.
Me
ha ilusionado contemplar las filas de lectores aguardando a que sus
escritores favoritos les redactaran una dedicatoria y para hacerse
una foto con el / la elegido/a. Estas fechas suponen un subidón de
autoestima para las personas que nos dedicamos a la escritura; es el
momento de establecer contacto con quienes leen nuestras historias,
con aquellos que se identifican con lo que tanto trabajo ha costado
crear. Porque escribir un libro, del género que sea, no es sencillo;
lleva implícitas muchas horas de documentación, redacción y
corrección. Por eso es un placer que haya quien lo reconozca.
He
disfrutado, sobre todo, con la gente joven, porque representan la
esperanza de un universo lector en el futuro. (No voy a entrar en la
dinámica de las editoriales en captar lectores a través de la
imagen más que del contenido, porque a mí también me gustan esas
portadas chulas y esos cantos coloridos; me queda la esperanza de
que, tras tanta parafernalia, se aprenda a tener una actitud crítica
y prime la calidad sobre lo «guay»que queda un libro en la
estantería) Lo importante, hoy por hoy, es difundir la lectura.
También
por eso, en este día, leeremos fragmentos de nuestro bestseller
nacional, «El Quijote», en mil y una bibliotecas y Casas de
Cultura del país. Porque está bien que recordemos que, ese pobre
diablo no reconocido en vida que fue Cervantes, un español, fue
capaz de crear dos arquetipos del ser humano universal tan bien
diseñados como Alonso Quijano y Sancho Panza. El idealismo de uno,
el realismo de otro. La lealtad como relación entre ambos; la locura
y la codicia, la bondad y la diversión que desprende el texto… Un
libro controvertido, difícil de leer a ciertas edades, pero siempre
inspirador.
Para
personas como yo, para quien la lectura es una actitud ante la vida,
no hacen falta ferias del libro, pero para todos aquellos que sólo
dedican un ratito a buscar novedades que luego leer en vacaciones,
para los que no leen pero se dejan llevar por la curiosidad de hojear
un libro o escuchar a «un famoso» en la plaza de su pueblo, sí que
hacen falta esos espacios. Así que gracias a todas las personas que
se han implicado en estos días para que los libros estén en las
calles.
¡Feliz
feria!