Confieso no haber sabido de José María Pemán hasta que leí un artículo de Nieves Concostrina sobre su persona. Lo llamaba «el azote de los maestros» y, siendo como soy, maestra vocacional, me interesé de inmediato por el asunto.
Yo recordaba su nombre de haberlo estudiado en Literatura, pero jamás supe de su perfil político. Ahora me estremece que, ni siquiera en Magisterio, me hablaran de él. Estudié del 81 al 83 del siglo pasado, ya en Democracia, y no hubo una sola mención a semejante «caballero». Claro que, viendo la cobardía institucional que aún permanece, tampoco es de extrañar. Aquellos habían bebido de las universidades y escuelas del franquismo, pero vamos, ¡es que ni una sola crítica! Así nos va, con falsas informaciones que la gente se traga sin pestañear.
Lo que os cuento está confrontado, por si hay dudas.
La depuración del magisterio dirigida por José María Pemán se articuló a través de la Comisión de Cultura y enseñanza, utilizando un aparato legal estricto basado en delaciones y juicios de conducta ideológica. El marco normativo definitivo se fijó con el Decreto del 8 de noviembre de 1936, el cual justificaba la purga afirmando que la escuela republicana había estado en manos de «ideologías disolventes» contrarias a la tradición nacional.
Quienes peor futuro tuvieron fueron las mujeres, por supuesto, a las maestras se las evaluaba bajo un prisma estrictamente moral, religioso y de sumisión de género:
Criterios de «moralidad» implacables: Se castigaba con la expulsión el estar divorciada, casada por lo civil, convivir con un hombre sin estar casada, o incluso la soltería si los informes del párroco sugerían una «conducta ligera».
El estigma de la «mujer moderna»: Haber llevado el pelo corto, usar pantalones, fumar en público o viajar solas durante la República eran pruebas de «desviación moral y antirreligiosa».
Destrucción de la coeducación: La mezcla de niños y niñas en la misma aula fue prohibida de inmediato por considerarse pecaminosa. Las maestras fueron relegadas exclusivamente a las escuelas de niñas para enseñar «labores del hogar, maternidad y piedad cristiana».
Pérdida de la independencia: El objetivo del nuevo modelo de la Sección Femenina era devolver a la mujer al espacio doméstico.
Esta Comisión entendió que para cambiar la mentalidad de las futuras generaciones no bastaba con cambiar a los profesores; había que erradicar todo el material didáctico previo: Se exigió la retirada de todas las bibliotecas escolares de cualquier libro de autores liberales, socialistas, científicos contrarios al dogma católico (como las teorías de Darwin) o que ensalzaran la democracia. Se eliminó la libertad de cátedra. Las editoriales católicas obtuvieron el monopolio. El Estado impuso un manual único obligatorio por materia para asegurar que todos los niños de España leyeran exactamente las mismas consignas. Los nuevos libros (como la famosa enciclopedia Álvarez en los años posteriores) reescribieron la historia. Se presentaba el golpe de Estado como una «Cruzada», se glorificaba el pasado imperial de los Reyes Católicos y el Imperio Español, y se eliminaba cualquier referencia a la ciencia moderna o al progreso social de libre pensamiento.
Esta depuración destrozó las innovaciones educativas de la Segunda República y convirtió la escuela en un lugar de pensamiento único, de catolicismo integrista y disciplina militar.
Por supuesto, las Universidades sufrieron el mismo tipo de represión. Aunque la purga comenzó en 1936 con suspensiones provisionales de empleo y sueldo, el golpe definitivo se articuló mediante el Decreto del 4 de febrero de 1939. Esta ley establecía que el profesorado universitario debía ser un modelo de «adhesión inquebrantable» a los principios del nuevo Estado. Cualquier mínima sospecha de simpatía hacia el laicismo, el liberalismo, la democracia o el marxismo conllevaba la pérdida de la cátedra de forma vitalicia. Más del 40% del profesorado universitario fue represaliado mediante la expulsión definitiva, la jubilación forzosa o el exilio.
La inmensa mayoría de las grandes figuras de la ciencia y las letras españolas abandonaron el país para salvar sus vidas. Esto enriqueció culturalmente a países de acogida como México, Argentina o Estados Unidos, pero empobreció a España durante décadas.
Aquellos que decidieron quedarse y tenían un perfil liberal sufrieron la muerte civil o la prisión. Un caso paradigmático fue el de Julián Besteiro, catedrático de Lógica, juzgado por un tribunal militar y fallecido en la prisión de Carmona en 1940. Otros científicos de primer nivel fueron degradados a trabajar en laboratorios privados o academias clandestinas, privados de sus laboratorios oficiales.
Uno de los casos más trágico y simbólico fue el de Leopoldo Alas Argüelles (hijo del escritor «Clarín»), rector de la Universidad de Oviedo. Fue detenido por las fuerzas sublevadas y fusilado en febrero de 1937 tras un juicio sumario, debido exclusivamente a sus ideas republicanas y su defensa de la extensión universitaria para las clases obreras.
Para rellenar las miles de plazas vacías, el régimen no utilizó criterios de mérito científico, sino de lealtad política y militar: Se dio prioridad absoluta a los «mutilados de guerra» del bando franquista y a los miembros de Falange o del Opus Dei. Las oposiciones a cátedra pasaron a llamarse popularmente «oposiciones patrióticas», donde el principal requisito era demostrar haber combatido en el «Bando Nacional» o certificar una moral católica intachable mediante informes eclesiásticos. La Iglesia católica asumió un control férreo del ámbito universitario a través del Sindicato Español Universitario (SEU), eliminando toda libertad de cátedra e investigación.
Habiendo sido así las cosas durante cuarenta años, cómo fuimos tan ilusos de creer que «esa gente» había desaparecido y se había asimilado a la España de la Constitución. Es evidente que en la izquierda siempre pecamos de lo mismo, confiar en la bondad humana. Los franquistas se camuflaron como los nazis en toda América Latina , pero mantuvieron vivos sus ideales y su odio.
A las pruebas de la sociedad actual me remito.
Este articulo lo escribí para el fancize Piedra, papel y molotov que dirige mi compañera Rebeka Bolaños, pero lo he considerado lo bastante interesante para reiniciar mi blog tras el verano. Se escuchan tantas tonterías en redes que un poquito de información veraz nunca sobra.
Saludos y bienvenidos a tintadreams. Que la paz de mi jardín y mi biblioteca os colmen el alma.




















