"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 7 de mayo de 2026

PARA FACILITAR LA VIDA AL CIUDADANO

 

El otro día se me adelantó mi querida Pilar Galán escribiendo sobre los contestadores automáticos y la rabia que genera hablarle a una máquina, pero me resisto a dejar en el tintero mi experiencia de las últimas semanas. Me las han dado por todas partes. Intenté conseguir cita en el SEPE para acudir a mi población y tras mil intentos, a diferentes horas del día, lo logré en una población vecina a veinte minutos en coche. Para los que vivís en grandes ciudades eso es normal, pero para las que lo hacemos en pueblo de cuarenta mil habitantes, no. No concibo que en mi oficina no haya hueco para tratar una urgencia, ni siquiera presentándome ante el buldog que protege sus puertas. No hablo por hablar; se puede realizar el trabajo, por ingrato que sea, con un mínimo de educación, pero cuando no se tiene y encima hasta se regodea en su «poder», pues se merece el apelativo. Antes había intentado hacer la gestión online, claro, que se supone sería más rápido, pero ilusa de mí, para ciertas gestiones no vale la clave pin, tienes que tener clave permanente o dni electrónico y ante mi carencia, me tuve que aguantar sin acceder. Lo bueno es que, en todas las páginas te dicen que use el método online «para comodidad del ciudadano», porque así se intenta facilitar el acceso a los organismos públicos sin tener que desplazarte. ¡Y una m….! Porque luego hay un teléfono, el 060, que «también» te facilita trámites...si consigues que te atienda alguien tras hablar con un teclado que te pide mil datos y te pone de los nervios. Me pregunto cómo lo harán ciertas personas que no tienen acceso habitual a un ordenador si yo, que sí lo tengo, me enfado hasta enviarles a freír gárgaras, cómo resolverán los trámites sin una cultura informática básica. De verdad que me gustaría echarme a la cara a esos listillos que deciden que un ordenador te atiende mejor que una persona.

Por otro lado, están las compañías telefónicas. La mía lleva prometiéndome el oro y el moro para que no les abandone. Un tipo me endosó un número de teléfono que no necesito porque así me abarataba la factura y resultaba absolutamente gratis. Bueno, pues no lo era. Lo he denunciado a la compañía de mil maneras y no ha habido forma, así que decidí hacerlo por WhatsApp para tener pruebas que presentar si los denunciaba a la oficina del consumidor. Y, lo admito, fui borde hasta el escándalo. Para empezar porque me jode que todos los que atienden el teléfono nos llamen «María» a las mujeres. ¿No tienes delante mi ficha y me estás preguntando el nombre? Pues me llamo Mercedes, Mercedes, recalco. La chica se disculpa como puede y me pasa con su compañera que, cómo no, quiere saber qué problema tienes, María. Otra a la que trato de pena, lo admito, pero me tiene frita esa despersonalización que hacen del cliente. Me jura y perjura que lo va a arreglar, pero que puede ofrecerme no sé qué milonga. Le digo que solo quiero que me arregle lo de ese número que no necesito y me vuelve a insistir, así que le repito que si no sabe solucionarme el problema que me pase con alguien que sí sepa. ¡Todo esto por mensajes! Me llevé media mañana y aún no sé si se ha arreglado porque insistió en que lo vería retirado en diez días. Y quiere hacerme una encuesta, encima, sobre mi satisfacción. Le dije que mejor lo dejara porque no le iba a gustar mi respuesta y, con todo, me la pasó. No respondí. No me da la gana, porque siempre aseguran que arreglan las cosas y luego es mentira. Hasta que no lo vea solucionado no pongo buena cara.

La deshumanización es inmensa en cuestión de trámites. Todo hay que hacerlo con cita previa, todo pasa por la frialdad de un contestador y la empatía es cero. Nos hemos convertido en cifras y letras sin caras, quizá porque así es más fácil jodernos la vida. Pero, por supuesto, de ese modo «nos la facilitan».


jueves, 23 de abril de 2026

POR MUCHAS FERIAS MÁS.

 

Hoy, 23 de abril, celebramos la feria del libro en todo el mundo. Al parecer, un escritor valenciano, Vicente Clavel, propuso a la Cámara del Libro de Barcelona celebrar una fiesta para promover la lectura y se escogió ese día por ser el del patrón de Cataluña ( y Aragón). Desde entonces, la tradición de unir flores y libros va pareja. La UNESCO, además, proclamó en 1995 este día como el Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Se asocia la fecha con la muerte de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega. Me suena más a dato mercantil que real, pero así se cuenta.

En mi localidad se ha festejado la Feria del libro y las flores una semana antes, ignoro el motivo. Ha sido un evento bien organizado, con la participación de cinco librerías y dos floristerías, y ha contado con una significativa afluencia de público, de Don Benito y de poblaciones vecinas.

Han estado representados los distintos géneros literarios de la narrativa: juvenil, con Alina Not y Andrea Longarela; romántica, con Esperanza Mancera y quién esto redacta; histórica, con Reyes Monforte, Paloma Sanchez Garnica y Andrés Morillo; negra, con Marta Robles y ficción religiosa, con José María Zavala. Un buen elenco, al menos a juicio del público, que ha mostrado a todos los escritores una estupenda acogida. Hemos combatido con agua y abanicos el calor, pero contra las temperaturas poco se podía hacer.

Me ha ilusionado contemplar las filas de lectores aguardando a que sus escritores favoritos les redactaran una dedicatoria y para hacerse una foto con el / la elegido/a. Estas fechas suponen un subidón de autoestima para las personas que nos dedicamos a la escritura; es el momento de establecer contacto con quienes leen nuestras historias, con aquellos que se identifican con lo que tanto trabajo ha costado crear. Porque escribir un libro, del género que sea, no es sencillo; lleva implícitas muchas horas de documentación, redacción y corrección. Por eso es un placer que haya quien lo reconozca.

He disfrutado, sobre todo, con la gente joven, porque representan la esperanza de un universo lector en el futuro. (No voy a entrar en la dinámica de las editoriales en captar lectores a través de la imagen más que del contenido, porque a mí también me gustan esas portadas chulas y esos cantos coloridos; me queda la esperanza de que, tras tanta parafernalia, se aprenda a tener una actitud crítica y prime la calidad sobre lo «guay»que queda un libro en la estantería) Lo importante, hoy por hoy, es difundir la lectura.

También por eso, en este día, leeremos fragmentos de nuestro bestseller nacional, «El Quijote», en mil y una bibliotecas y Casas de Cultura del país. Porque está bien que recordemos que, ese pobre diablo no reconocido en vida que fue Cervantes, un español, fue capaz de crear dos arquetipos del ser humano universal tan bien diseñados como Alonso Quijano y Sancho Panza. El idealismo de uno, el realismo de otro. La lealtad como relación entre ambos; la locura y la codicia, la bondad y la diversión que desprende el texto… Un libro controvertido, difícil de leer a ciertas edades, pero siempre inspirador.

Para personas como yo, para quien la lectura es una actitud ante la vida, no hacen falta ferias del libro, pero para todos aquellos que sólo dedican un ratito a buscar novedades que luego leer en vacaciones, para los que no leen pero se dejan llevar por la curiosidad de hojear un libro o escuchar a «un famoso» en la plaza de su pueblo, sí que hacen falta esos espacios. Así que gracias a todas las personas que se han implicado en estos días para que los libros estén en las calles.

                        ¡Feliz feria!


jueves, 9 de abril de 2026

AMISTAD

 

    Acabo de leer en el blog de Lidia Cantarero, Cielos de papel, su último artículo sobre la amistad y me ha dejado tan buen sabor de boca que me ha impulsado a escribir sobre el tema. Es muy posible que influya, además, que acabo de pasar unos días con una persona que está a mi lado desde hace la friolera de cincuenta años, una amiga con la que he compartido felicidad y tristeza, que ha sido mi apoyo y mi disfrute en mil ocasiones. Vivimos en puntos geográficos distintos, pero eso no empaña la relación. «Sabemos» que estamos ahí la una para la otra, en lo bueno y en lo malo.

    Por ventura, soy una mujer afortunada desde mi juventud en ese aspecto; como todas las chicas, siempre tuve mi «mejor amiga» en la escuela; después llegó Carmen en el instituto y, más adelante, mis instantes se fueron llenando de mujeres espléndidas: en los estudios, en el trabajo, en la pandilla, en los talleres, en el vecindario...incluso en los transportes he hecho amigas estupendas (¿verdad, Inma?)

La amistad de las mujeres es diferente de la de los hombres, como dice Lidia. Ellos son más rápidos en quedar, en echarse una mano, pero las mujeres nos dejamos llevar por otros intereses: el desahogo emocional, el compartir vivencias. Tengo una amiga con la que hablo todos los domingos y nuestras charlas rara vez duran menos de una hora; me preguntaba el otro día un amigo «¿Y de qué tenéis que hablar tanto?» Pues de mil cosas: del día a día, de los libros que leemos, de la familia…No faltan cuestiones. 

    En los últimos años incluso he añadido una amiga postal; no nos conocemos pero nos carteamos con mucha asiduidad porque decidimos usar ese medio. Es fantástico llegar a casa y encontrar una carta en el buzón!

    Hay mil formas de mantener una amistad si nos lo proponemos. Basta poner una gota de interés y otra de cariño. No es necesario estar codo con codo con otra persona para sentir que es importante en tu vida y tú en la suya. El caldo de cultivo es la sinceridad y los buenos sentimientos.

    Que conste que también tengo amigos maravillosos, pero ellos juegan en otra liga.


jueves, 19 de marzo de 2026

CARTA GANADORA VIII CERTÁMEN : LLUVIA DE VIOLETAS.

 

Querido Mariano:

Anteanoche volvió a llover en mi habitación. Llevaba un rato dormida cuando noté un roce en la mejilla. Después otro y otro y otro más... A tientas ―con cuidado de no tropezar y tirar el vaso con la dentadura postiza de mi compañera―, busqué la linterna, aquella que compramos hace mil años en Andorra, la encendí y encontré mi colcha cuajada de violetas. ¡Ya sabía yo que no te olvidarías de mi cumpleaños! Aunque no sé cómo haces para atravesar el techo; bah, seguramente a los de ahí arriba os resultará pan comido.

En fin, a lo que voy: ¡si supieras qué ilusión me hizo! No como durante mi primera noche en la residencia, cuando los chicos decidieron traerme aquí, donde tú y yo juramos no entrar nunca; decían que mi cabeza no andaba muy bien y, además, era un gasto inútil mantener una casa tan grande para mí sola. ¡Buf! ¡Cómo lloré aquella noche! Y tú también, desde lo alto, bien lo sé, que llovió sobre la manta un chaparrón de lágrimas y hube de dormir tiritando, arrebujada entre sábanas empapadas.

Bueno, la cuestión es que ayer, cuando entró el primer rayo de sol por la ventana, me levanté sin hacer ruido, procurando no despertar a mi vecina de cuarto, y guardé las violetas bajo el colchón, junto con los copos de nieve, perlas, estrellas, algodones de azúcar, plumas de ruiseñor y caramelos que haces llover en el dormitorio algunas noches.

Por cierto, hablando de caramelos: ten mucho cuidado con esas cosas, uno le cayó a mi compañera en pleno ronquido y casi se atraganta la pobre. Aunque semejante mujer me tiene con la mosca detrás de la oreja: le enseño tus regalos caídos del cielo y la tonta de ella se empeña en no ver nada y asegurar que estoy como una regadera. Por si acaso, no pienso mostrárselos a las cuidadoras, no vayan a tomarme por loca y atiborrarme de pastillas.
Te haré llegar estas letras por el método de costumbre: cuando vaya al cuarto de baño la curiosona de al lado, aprovecharé a subirme sobre la cama y, de un salto, colgaré la carta en la lámpara del techo: así la tendrás más cerca y llegarás a cogerla sin problemas.
Y, sobre todo, te pido un favor: no dejes de mandarme flores, azucarillos, onzas de chocolate... cualquier cosa. Saberte velando por mí es el único aliciente en esta cárcel de la que solo la muerte podrá librarme algún día. Por cierto, si tienes influencias en esas alturas por las que andas, pregunta si puedes llevarme contigo. ¡Te echo tanto de menos!
De buena gana dejaría la ventana abierta para facilitarte la entrada, pero está cerrada a cal y canto desde la tarde en que, deseando aproximarme a ti, quise trepar al pino plantado al otro lado del cristal.
Pero, oye, como para los ángeles no hay nada imposible, quedo a la espera de que, una noche, pases a través del tejado, rompas las cadenas de impotencia y desesperanza que me mantienen atrapada en esta prisión y me subas para siempre al mundo ideal donde vives. Y, juntos de nuevo, haremos llover sobre la tierra la felicidad que tu fallecimiento nos robó hace ya dos años, tres meses y seis días.
                                                        Julia

 

 

 

María Nieves Ángulo, ganadora de esta VIII edición

La autora de la carga ganadora, María Nieves Angulo, es Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad del País Vasco. Como escritora ha ganado numerosos galardones en diversos certámenes de relatos y microrrelatos a lo largo de casi treinta años; por citar algunos, estos últimos meses ha obtenido el primer premio en el Concurso “Viajeros en el tiempo. Eduard Toda i Güell”, organizado por el Museo Arqueológico Nacional, y el segundo en el IV Concurso de Relatos de la revista “Con mucha gula”. Así mismo, es autora de varios libros de cuentos infantiles protagonizados por un chow chow llamado Cuki y sus dueños; se trata de tres volúmenes en los que, mediante el humor, se exponen conceptos básicos de Historia Universal y cuyo título es “Cuki a través de la Historia” (Editorial Círculo Rojo, 2021).