"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 23 de abril de 2026

POR MUCHAS FERIAS MÁS.

 

Hoy, 23 de abril, celebramos la feria del libro en todo el mundo. Al parecer, un escritor valenciano, Vicente Clavel, propuso a la Cámara del Libro de Barcelona celebrar una fiesta para promover la lectura y se escogió ese día por ser el del patrón de Cataluña ( y Aragón). Desde entonces, la tradición de unir flores y libros va pareja. La UNESCO, además, proclamó en 1995 este día como el Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Se asocia la fecha con la muerte de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega. Me suena más a dato mercantil que real, pero así se cuenta.

En mi localidad se ha festejado la Feria del libro y las flores una semana antes, ignoro el motivo. Ha sido un evento bien organizado, con la participación de cinco librerías y dos floristerías, y ha contado con una significativa afluencia de público, de Don Benito y de poblaciones vecinas.

Han estado representados los distintos géneros literarios de la narrativa: juvenil, con Alina Not y Andrea Longarela; romántica, con Esperanza Mancera y quién esto redacta; histórica, con Reyes Monforte, Paloma Sanchez Garnica y Andrés Morillo; negra, con Marta Robles y ficción religiosa, con José María Zavala. Un buen elenco, al menos a juicio del público, que ha mostrado a todos los escritores una estupenda acogida. Hemos combatido con agua y abanicos el calor, pero contra las temperaturas poco se podía hacer.

Me ha ilusionado contemplar las filas de lectores aguardando a que sus escritores favoritos les redactaran una dedicatoria y para hacerse una foto con el / la elegido/a. Estas fechas suponen un subidón de autoestima para las personas que nos dedicamos a la escritura; es el momento de establecer contacto con quienes leen nuestras historias, con aquellos que se identifican con lo que tanto trabajo ha costado crear. Porque escribir un libro, del género que sea, no es sencillo; lleva implícitas muchas horas de documentación, redacción y corrección. Por eso es un placer que haya quien lo reconozca.

He disfrutado, sobre todo, con la gente joven, porque representan la esperanza de un universo lector en el futuro. (No voy a entrar en la dinámica de las editoriales en captar lectores a través de la imagen más que del contenido, porque a mí también me gustan esas portadas chulas y esos cantos coloridos; me queda la esperanza de que, tras tanta parafernalia, se aprenda a tener una actitud crítica y prime la calidad sobre lo «guay»que queda un libro en la estantería) Lo importante, hoy por hoy, es difundir la lectura.

También por eso, en este día, leeremos fragmentos de nuestro bestseller nacional, «El Quijote», en mil y una bibliotecas y Casas de Cultura del país. Porque está bien que recordemos que, ese pobre diablo no reconocido en vida que fue Cervantes, un español, fue capaz de crear dos arquetipos del ser humano universal tan bien diseñados como Alonso Quijano y Sancho Panza. El idealismo de uno, el realismo de otro. La lealtad como relación entre ambos; la locura y la codicia, la bondad y la diversión que desprende el texto… Un libro controvertido, difícil de leer a ciertas edades, pero siempre inspirador.

Para personas como yo, para quien la lectura es una actitud ante la vida, no hacen falta ferias del libro, pero para todos aquellos que sólo dedican un ratito a buscar novedades que luego leer en vacaciones, para los que no leen pero se dejan llevar por la curiosidad de hojear un libro o escuchar a «un famoso» en la plaza de su pueblo, sí que hacen falta esos espacios. Así que gracias a todas las personas que se han implicado en estos días para que los libros estén en las calles.

                        ¡Feliz feria!


jueves, 9 de abril de 2026

AMISTAD

 

    Acabo de leer en el blog de Lidia Cantarero, Cielos de papel, su último artículo sobre la amistad y me ha dejado tan buen sabor de boca que me ha impulsado a escribir sobre el tema. Es muy posible que influya, además, que acabo de pasar unos días con una persona que está a mi lado desde hace la friolera de cincuenta años, una amiga con la que he compartido felicidad y tristeza, que ha sido mi apoyo y mi disfrute en mil ocasiones. Vivimos en puntos geográficos distintos, pero eso no empaña la relación. «Sabemos» que estamos ahí la una para la otra, en lo bueno y en lo malo.

    Por ventura, soy una mujer afortunada desde mi juventud en ese aspecto; como todas las chicas, siempre tuve mi «mejor amiga» en la escuela; después llegó Carmen en el instituto y, más adelante, mis instantes se fueron llenando de mujeres espléndidas: en los estudios, en el trabajo, en la pandilla, en los talleres, en el vecindario...incluso en los transportes he hecho amigas estupendas (¿verdad, Inma?)

La amistad de las mujeres es diferente de la de los hombres, como dice Lidia. Ellos son más rápidos en quedar, en echarse una mano, pero las mujeres nos dejamos llevar por otros intereses: el desahogo emocional, el compartir vivencias. Tengo una amiga con la que hablo todos los domingos y nuestras charlas rara vez duran menos de una hora; me preguntaba el otro día un amigo «¿Y de qué tenéis que hablar tanto?» Pues de mil cosas: del día a día, de los libros que leemos, de la familia…No faltan cuestiones. 

    En los últimos años incluso he añadido una amiga postal; no nos conocemos pero nos carteamos con mucha asiduidad porque decidimos usar ese medio. Es fantástico llegar a casa y encontrar una carta en el buzón!

    Hay mil formas de mantener una amistad si nos lo proponemos. Basta poner una gota de interés y otra de cariño. No es necesario estar codo con codo con otra persona para sentir que es importante en tu vida y tú en la suya. El caldo de cultivo es la sinceridad y los buenos sentimientos.

    Que conste que también tengo amigos maravillosos, pero ellos juegan en otra liga.


jueves, 19 de marzo de 2026

CARTA GANADORA VIII CERTÁMEN : LLUVIA DE VIOLETAS.

 

Querido Mariano:

Anteanoche volvió a llover en mi habitación. Llevaba un rato dormida cuando noté un roce en la mejilla. Después otro y otro y otro más... A tientas ―con cuidado de no tropezar y tirar el vaso con la dentadura postiza de mi compañera―, busqué la linterna, aquella que compramos hace mil años en Andorra, la encendí y encontré mi colcha cuajada de violetas. ¡Ya sabía yo que no te olvidarías de mi cumpleaños! Aunque no sé cómo haces para atravesar el techo; bah, seguramente a los de ahí arriba os resultará pan comido.

En fin, a lo que voy: ¡si supieras qué ilusión me hizo! No como durante mi primera noche en la residencia, cuando los chicos decidieron traerme aquí, donde tú y yo juramos no entrar nunca; decían que mi cabeza no andaba muy bien y, además, era un gasto inútil mantener una casa tan grande para mí sola. ¡Buf! ¡Cómo lloré aquella noche! Y tú también, desde lo alto, bien lo sé, que llovió sobre la manta un chaparrón de lágrimas y hube de dormir tiritando, arrebujada entre sábanas empapadas.

Bueno, la cuestión es que ayer, cuando entró el primer rayo de sol por la ventana, me levanté sin hacer ruido, procurando no despertar a mi vecina de cuarto, y guardé las violetas bajo el colchón, junto con los copos de nieve, perlas, estrellas, algodones de azúcar, plumas de ruiseñor y caramelos que haces llover en el dormitorio algunas noches.

Por cierto, hablando de caramelos: ten mucho cuidado con esas cosas, uno le cayó a mi compañera en pleno ronquido y casi se atraganta la pobre. Aunque semejante mujer me tiene con la mosca detrás de la oreja: le enseño tus regalos caídos del cielo y la tonta de ella se empeña en no ver nada y asegurar que estoy como una regadera. Por si acaso, no pienso mostrárselos a las cuidadoras, no vayan a tomarme por loca y atiborrarme de pastillas.
Te haré llegar estas letras por el método de costumbre: cuando vaya al cuarto de baño la curiosona de al lado, aprovecharé a subirme sobre la cama y, de un salto, colgaré la carta en la lámpara del techo: así la tendrás más cerca y llegarás a cogerla sin problemas.
Y, sobre todo, te pido un favor: no dejes de mandarme flores, azucarillos, onzas de chocolate... cualquier cosa. Saberte velando por mí es el único aliciente en esta cárcel de la que solo la muerte podrá librarme algún día. Por cierto, si tienes influencias en esas alturas por las que andas, pregunta si puedes llevarme contigo. ¡Te echo tanto de menos!
De buena gana dejaría la ventana abierta para facilitarte la entrada, pero está cerrada a cal y canto desde la tarde en que, deseando aproximarme a ti, quise trepar al pino plantado al otro lado del cristal.
Pero, oye, como para los ángeles no hay nada imposible, quedo a la espera de que, una noche, pases a través del tejado, rompas las cadenas de impotencia y desesperanza que me mantienen atrapada en esta prisión y me subas para siempre al mundo ideal donde vives. Y, juntos de nuevo, haremos llover sobre la tierra la felicidad que tu fallecimiento nos robó hace ya dos años, tres meses y seis días.
                                                        Julia

 

 

 

María Nieves Ángulo, ganadora de esta VIII edición

La autora de la carga ganadora, María Nieves Angulo, es Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad del País Vasco. Como escritora ha ganado numerosos galardones en diversos certámenes de relatos y microrrelatos a lo largo de casi treinta años; por citar algunos, estos últimos meses ha obtenido el primer premio en el Concurso “Viajeros en el tiempo. Eduard Toda i Güell”, organizado por el Museo Arqueológico Nacional, y el segundo en el IV Concurso de Relatos de la revista “Con mucha gula”. Así mismo, es autora de varios libros de cuentos infantiles protagonizados por un chow chow llamado Cuki y sus dueños; se trata de tres volúmenes en los que, mediante el humor, se exponen conceptos básicos de Historia Universal y cuyo título es “Cuki a través de la Historia” (Editorial Círculo Rojo, 2021).

 

jueves, 5 de marzo de 2026

UN AÑO MÁS, ALZANDO LA VOZ.

 

    Principales conflictos y zonas de tensión activos a inicios de 2026:



    Sólo hay que tener un poco de curiosidad para entrar en internet y descubrir que el mundo está infinitamente peor de lo que nos cuentan en la radio o la televisión; que no sólo en Oriente Medio y Ucrania se está masacrando a la gente, y que lo están padeciendo, en su mayor parte, las mujeres.

    Es fácil no sufrir por personas a las que no ponemos rostro y más si sus pieles son diferentes, pero esa es una actitud cobarde y egoísta. Tanto desamparo tiene una mujer en Etiopía como en México, en Afganistán como en Sudán, tanto miedo a ser violadas, golpeadas o asesinadas; pavor a que las casen con algún viejo desdentado por el interés o la necesidad de su familia; terror a que les llegue la edad y mutilen su sexo, terror a ser abandonadas a su suerte si no lo consienten.

    Las mujeres del primer mundo nos lamentamos de otros problemas: la violencia machista, la desigualdad en los sueldos o la imposibilidad de conseguir una vivienda. Por suerte, la lucha feminista palió, en parte, las dificultades que aún sufren las mujeres de otras latitudes. Aunque tampoco podemos olvidar que la globalización ha sustituido a la desigualdad social en nuestro rico mundo, que ahora convivimos puerta con puerta los que gozamos de una casa en condiciones con los que comparten unos pocos metros y se hacinan en habitaciones insalubres porque no se pueden permitir otra cosa ( o porque algunos se niegan a alquilarles un espacio digno)

    ¿Hay que seguir «celebrando» el 8 de marzo? Da risa siquiera la pregunta. ¡Pues claro que debemos hacerlo! al menos las y los que podemos alzar la voz.

    Queda tanto, tanto por hacer, derechos por igualar y mujeres a las que prestar atención, que lo que hemos conseguido hasta el momento es una pequeña minucia.

    Por todas las mujeres y niñas del mundo, gritemos bien alto y que la SORORIDAD sea nuestro lema.