Según
encuesta del CIS entre el 16 y el 18% de la población se confiesa
católica practicante; el 37%, no practicante y el 40% ateos,
agnósticos o sin religión.
Según
la Constitución española, en su artículo 16.3, España es un
estado
aconfesional.
Pero...hemos
tenido al Papa hasta en la sopa, en todos los informativos, en todas
las cadenas públicas, en el Congreso. Le han besado el anillo los
Reyes y los diputados, hasta el Presidente del gobierno ( ojo, ese
rojo tannn peligroso y comunista); que lo hagan curas, monjas y todos
sus acólitos me parece bien, pero que lo haga gente declaradamente
aconfesional, me resulta de una hipocresía aberrante.
Poca
gente se pregunta cuánto cuesta montar semejante despliegue, pero lo
cierto es que muchos de esos millones se han pagado de nuestros
bolsillos. Y, la verdad, me molesta un poquito.
No
comprendo por qué vienen jefes de estado de otros países y se les
recibe de lo más normal y viene el Papa y se monta este jolgorio.
Porque es mentira que nos represente a la mayoría de los españoles,
las encuestas lo dejan claro, pero aquí seguimos, sin avanzar un
mínimo desde la época de Franco, con acuerdos que permiten a la
iglesia recibir fondos públicos y mantener sus centros educativos
bajo el falso titulillo de «concertados» para que sigan enseñando
su rancia y clasista manera de ver el mundo.
Un
señor que viene a defender la ayuda al migrante me parece perfecta,
pero que se atreva a criticar el aborto y la eutanasia, ya me huele
mal. No puede ser que, en pleno siglo XXI, llegue un señor con falda
a decirnos a las mujeres qué hacer con nuestro cuerpo, ni si tenemos
derecho a morir dignamente. ¡Cuánto mercader falso en cada
encuentro! Jesús, dice el NT, sacó a los mercaderes del templo a
latigazos. No me lo querría imaginar en estos tiempos, donde
absolutamente todas estas pantomimas están hechas para vender.
No
tengo nada contra este Papa, ni contra cualquier otro; simplemente
insisto en que a mí no me representa; ni a mí ni casi a la mitad de
la población española por mucho que hagan tanto ruido que parecen
muchos. Suerte tienen de que seamos pacíficos y no nos liemos a
insultos
con ellos. Pero mi voz no la callan, porque para eso este es mi
espacio y opino como quiero ( puede que no dure demasiado, al ritmo
que van las cosas, con tanto desgraciado en contra de la libertad de
expresión, y más si es de la mujer)
Me
avergüenzo de unas instituciones públicas que no cesan de mencionar
la Constitución como ley superior y luego van y se la saltan a la
torera. Me avergüenza ver a gente coreando las consignas del Papa y
mirando a los migrantes como desechos humanos, me avergüenza que se
gasten millones en una visita cuando se podrían haber destinado a
centros donde se les atienda con dignidad, pero claro, eso no
«luce»tan bien. Me avergüenzan las comunidades gobernadas por el
PP, como la mía, Extremadura, que pretenden averiguar las edades de
los chicos para convertirlos en adultos y poder expulsarles con mayor
tranquilidad, pero aplauden a León XIV cuando dice que «la dignidad
humana no pierde valor al cruzar una frontera». Y, oye, ni se
sonrojan.
Antes
de apedrearme, recuerden el dicho del galileo: «quién esté libre
de pecado, que tire la primera piedra»