"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 13 de febrero de 2025

VIAJE EN GLOBO

 

Julia se encuentra de vacaciones en el castillo de Sigüenza, ahora convertido en un precioso parador nacional; es maestra en un colegio de Madrid y ha venido, acompañada de varias amigas, a pasar el puente de diciembre. Cuando les han hecho la oferta de subir en globo, a todas les ha dado un ataque de risa y pánico y se han negado, pero ella no ha querido perderse la experiencia. Le da yuyu, desde luego, pero le puede la emoción de sentirse ave por un rato.


Germán está pasando el puente en solitario. Lleva semanas agobiado con asuntos de la empresa inmobiliaria donde trabaja en Guadalajara y ha decidido «regalarse» un descanso. El móvil se halla perdido en el fondo de su maleta y no piensa activarlo hasta que emprenda el viaje de regreso. No lo espera nadie; está soltero y aún no conoce demasiada gente en la ciudad porque sus padres viven en Madrid y, para colmo, casi siempre están enredados en viajes del Imserso.

En el comedor se ha fijado en una chica de sonrisa franca y actitud abierta que destaca entre sus amigas. Sigue el jolgorio que les provoca la invitación de un empleado para subir en globo y le sorprende el asentimiento de la muchacha en cuestión. En cuanto termina la cena, se acerca a recepción y se inscribe también. Él es más de tierra que de aire, pero si la ocasión le permite intimar con la chica, no lo va a desaprovechar.


Julia y Germán son los únicos valientes que se atreven a subir a la cesta del globo. Luce un día radiante, sin contar el frío, pero ambos van bien pertrechados con bufandas y guantes, además de las parkas. Se saludan con un tímido «Hola» mientras los clientes del parador asisten, admirados de la valentía ajena, y un chaval del hotel les ayuda a acomodarse. Ellos solo tendrán que disfrutar del paisaje; del pilotaje se encarga Jorge, que así se ha presentado.


Hay un momento tenso cuando se suelta el anclaje y los ¡oh! salen de las gargantas. Instintivamente, Julia busca el brazo más cercano de Germán y él la mira con los ojos muy abiertos, sin atreverse a manifestar su pánico. Ríen a la par y se aferran de la mano el uno al otro, sujetando cada uno un trozo de la cuerda. Sobre sus cabezas, el helio se inflama con fuerza y suben más y más, hasta que la gente se convierte en pulgas y la población es una suma de tejados.

El piloto les avisa de que ya pueden soltarse y les invita a una copa de vino de la cesta de picnic en la que no habían reparado. Conversan los tres durante un rato y, después, Jorge les da vía libre para que se conozcan porque percibe que aquellos dos tienen feeling.

Cuando descienden ya les ha escuchado reírse, intercambiarse los números de teléfono y quedar para cenar esa noche con el resto del grupo.

Para Jorge no hay nada más romántico que un viaje en globo; lo ha descubierto a base de viajes como aquel y en pocas ocasiones su intuición le ha fallado.

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