Principales conflictos y zonas de tensión activos a inicios de 2026:
Europa y Eurasia:
Guerra Rusia-Ucrania: Conflicto a gran escala que continúa intensificado.
Tensiones en el Cáucaso: Fricciones persistentes en la región.
Oriente Medio:
Conflicto Israel-Palestina: Gaza y Cisjordania presentan altos niveles de violencia, siendo una de las zonas más peligrosas.
Siria y Yemen: Conflictos civiles prolongados con inestabilidad constante.
Tensión Irán/Hutíes: Enfrentamientos en la región.
África:
Sudán: Guerra civil que genera una gran crisis humanitaria.
Sahel (Malí, Burkina Faso, Níger): Insurgencias yihadistas activas.
República Democrática del Congo (RDC): Conflicto persistente en el este del país.
Etiopía: Tensiones post-Tigré y nuevos conflictos en Amhara.
América:
Asia:
Birmania (Myanmar): Guerra civil interna.
Afganistán-Pakistán: Insurgencia continua en la zona fronteriza.
Sudeste Asiático: Tensiones fronterizas entre Tailandia y Camboya.
Sólo hay que tener un poco de curiosidad para entrar en internet y descubrir que el mundo está infinitamente peor de lo que nos cuentan en la radio o la televisión; que no sólo en Oriente Medio y Ucrania se está masacrando a la gente, y que lo están padeciendo, en su mayor parte, las mujeres.
Es fácil no sufrir por personas a las que no ponemos rostro y más si sus pieles son diferentes, pero esa es una actitud cobarde y egoísta. Tanto desamparo tiene una mujer en Etiopía como en México, en Afganistán como en Sudán, tanto miedo a ser violadas, golpeadas o asesinadas; pavor a que las casen con algún viejo desdentado por el interés o la necesidad de su familia; terror a que les llegue la edad y mutilen su sexo, terror a ser abandonadas a su suerte si no lo consienten.
Las mujeres del primer mundo nos lamentamos de otros problemas: la violencia machista, la desigualdad en los sueldos o la imposibilidad de conseguir una vivienda. Por suerte, la lucha feminista palió, en parte, las dificultades que aún sufren las mujeres de otras latitudes. Aunque tampoco podemos olvidar que la globalización ha sustituido a la desigualdad social en nuestro rico mundo, que ahora convivimos puerta con puerta los que gozamos de una casa en condiciones con los que comparten unos pocos metros y se hacinan en habitaciones insalubres porque no se pueden permitir otra cosa ( o porque algunos se niegan a alquilarles un espacio digno)
¿Hay que seguir «celebrando» el 8 de marzo? Da risa siquiera la pregunta. ¡Pues claro que debemos hacerlo! al menos las y los que podemos alzar la voz.
Queda tanto, tanto por hacer, derechos por igualar y mujeres a las que prestar atención, que lo que hemos conseguido hasta el momento es una pequeña minucia.
Por todas las mujeres y niñas del mundo, gritemos bien alto y que la SORORIDAD sea nuestro lema.

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