"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 24 de octubre de 2013

"Ser mujer"


Me encanta ser mujer. Eso por adelantado. Jamás he deseado ser  hombre, por muchas ventajas que su sexo les proporcione. Y aunque esto suene muy natural, tal vez en mí no lo sea tanto ya que me caracterizo por la “rareza” de que, desde muy joven dije que no quería ser madre, pese a que ese parezca ser el objetivo de toda hembra que se precie. Da igual. Con esa peculiaridad y todo, me encanta ser mujer.
 Siempre he elogiado ardientemente ante mis alumnas a las mujeres que hicieron posible el que otras de su misma especie pudieran tomar conciencia de sí mismas y de su valía. Desde Hipatia de Alejandría (gracias Amenábar, por sacar su nombre de las enciclopedias y mostrarla al mundo) hasta la última premio Nóbel del campo que sea. Han sido miles las mujeres que se han dejado la piel, las lágrimas e incluso la vida en ese largo camino. Y todo para que hoy, la mayoría de nosotras, ni siquiera las conozcamos. Pero gracias a ellas votamos, trabajamos en los mismos oficios que los hombres, decidimos nuestro futuro, nuestra tendencia sexual…Somos libres. Dentro de lo que las personas podemos serlo, claro, pero no voy a entrar en filosofías.
 No obstante, esta idílica visión se empaña en cuanto comprendo que vivimos así un porcentaje tan pequeño de población en comparación con las mujeres que pueblan el mundo que entran ganas de llorar de angustia. Las europeas, las americanas, las australianas (por hablar de continentes) sí tenemos esos privilegios, pero ¿qué pasa con las africanas y las asiáticas? Y si nos adentramos en las razas ¿qué decir de las gitanas, las indígenas americanas, las negras (me niego al eufemismo “de color”, ni que habláramos de pinturas)…?
 Todo esto viene a que hace poco visité una exposición de la Fundación Vicente Ferrer; en ella se relata la vida de varias mujeres hindúes con vidas traumáticas y que, pese a las adversidades, han conseguido mejoras para sí misma y su entorno. Era una visión llena de esperanza porque a pesar de tener sida (por culpa de su marido), de ser viuda, de tener alguna discapacidad…esas mujeres han logrado, a través de asociaciones, tener una vida plena, en la que no sólo se han salvado a sí mismas de la exclusión sino que continúan ayudando para que otras mujeres no padezcan lo que ellas sufrieron. Eso me conmueve hasta el fondo de los huesos. Porque… ¿Cómo no me voy a sentir orgullosa de ser mujer si hay personas como ellas? ¿Cómo voy a quejarme de mis pobrezas, mis limitaciones, mis tonterías, si ellas viven cada día un infierno y saben sacarle provecho?
 ¿Nos daremos cuenta las mujeres afortunadas del mundo de lo mucho que les debemos a esas mujeres y a las que en el pasado sufrieron por nosotras?
 Como no tengo alma de heroína, les doy las gracias con toda la humildad de mi corazón y me limito a poner un mínimo gramo de arena tratando de que las personas que se mueven a mi alrededor sean conscientes de ello.
 Ojala sea suficiente.


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"Ser mujer" by Mercedes Gallego is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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