"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 18 de julio de 2019

Una mirada




Me acabas de mirar con una sonrisa triste. Me acabas de mirar como si se fuera a acabar el mundo y nos estuviéramos perdiendo no sé qué. Me acabas de mirar y me he sentido desnuda. Otra persona. La verdadera. La mujer que se esconde tras una sonrisa amable para disimular el dolor que le atraviesa el pecho. Pero tú me ves. Lo sacas fuera de mí con una simple mirada. Y me pregunto quién eres.
Sentados frente a frente en el metro. Con tu pelo oculto bajo un gorro de lana y las manos enfundadas en guantes, con un gabán que no me deja atisbar qué escondes debajo, excepto vaqueros y botas negras. No interesa tampoco. Es tu mirada la que me aterra, la que socava mis cimientos al sentirme expuesta. Porque solo tú me ves. Un desconocido.

jueves, 11 de julio de 2019

Congreso literario.

¿Por qué recorrerse unos  cientos de kilómetros en   automóvil  para pasar apenas unas horas en un congreso de literatura romántica?
Para empezar, por el enclave. A Coruña es una de las ciudades más literarias del mundo. Sus calles están llenas de historia y su rumor del mar se mete en el corazón y solo se te sale por la boca si subes a lo alto de la Torre de Hércules...
Después, por las compañeras de viaje ( no meto a mi hermana, que es mi "baúl de la Piquer " y ella ya sabe cuánto valoro su apoyo). Las hermanas Ordiales, perdón, López Ordiales, son conocidas en el universo literario mejor que muchas escritoras, y con razón.  María José y Mercedes resultan un pozo de conocimientos en distintos ámbitos, pero por encima de cualquier consideración, son divertidas a rabiar. Les pongo una banda de honor a cada una.  Por cierto, si buscan piloto ( de coche o helicóptero), Mercedes Ordiales es su chica. Una jabata, de veras.
Pese a su pericia, el tiempo nos jugó en contra y  no llegamos a la exposición de la librería donde algunos compañeros expusieron sus trabajos; entre ellos, mi admirada Mimmi Kass, premio Terciopelo de este año. Menos mal que a Roca se le iluminó el bolsillo y nos invitó a cenar en un cuco local del centro y pudimos departir un rato. Es tan magnética que eclipsa a quienes la rodeamos, por muy cotorras o divertidas que seamos. Si alguien no la ha leído aún, que no se corte. Eso sí, un brindis a María José Losada por reunir un elenco de gente tan diversa a la mesa y por su labor al frente de eTerciopelo. Consiguió reunirnos a la sudodicha Mimmi, a Elena Bargues ( y su motero)  a Teresa Camellese y su inseparable Raúl, a Cris Trems ( para ser nuestro primer encuentro le dimos bien al pico; es encantadora), a Poppy García ( un desternillante descubrimiento recién llegado de Alemania), Lorena Escudero ( el ejemplo más claro de que ser  gamberra y madre de familia son tareas compatibles), Mencía Yano, quien nos socorrió sobre cómo comer esas judías picantes que nos puso cara de memos ... buena escritora y buen sentido del humor, las Ordiales, claro, y las hermanas ( Pérez) Gallego.
Al día siguiente, reunidas en el congreso, añoré la presencia de  buenas amigas que esperaba encontrar, entre ellas Maite Mosconi y Paula Roselló pero se saldó la pena con los abrazos a la organizadora del evento, Trinidad Palacios, la siempre didáctica Lydia Leyte ( si abre la boca, cierro la mía), la traviesa Silvia Barbeito ( le compré un libro que tiene casi más letras en el título que en el interior ), Elena Garquin , acompañada por su preciosa hija ( sí, Elena, se siente, es más guapa que tú; pero chica, está en la edad , es lógico), Ahna Sthauros , a quien perdono el nombre por ser medio francesa, pero me coló su trilogía de vampiros sevillanos en el corazón y hasta que los lea no pararé (  preciosas las portadas de Nere Gurutxeta, por cierto) , Úna Fingal a la que leeré  lo antes posible  y quien me explicó los entresijos de su seudónimo en nuestro primer desayuno ( bonito, bonito, lo del nombre, digo), Helena Nieto ( a la pobre, la juerga coruñesa le costó estar medio zombi todo el día)... 
Fijo que  me quedo a gente sin mencionar... ¡Lanzadme dagas si os fallé! Pero mostrad misericordia sabiendo que aún me recupero de la noche del sábado.   Tras terminar una impresionante jornada,  con comida de lujo en el Boavista del Sporting Club Casino, meter los pies en el congelado Atlántico sobre las arenas  de Riazor, cenar con risas, buen vino y la inestimable compañía de nuestras lectoras las hermanas Lore y Mina FC, además de la otra Lorena sin apellidos, calladita pero ávida de captar lo que nos rodeaba... acabé en un chiringo del puerto con dos licores de café que entraron como Dios, pero salieron con mis neuronas desperdigadas. Puede que el licor en sangre aún me dure. Eso sí, jamás olvidaré lo que allí se tramó y se debatió... ¡ni al pobre cojo que se tragó mis palabras sin comerlo ni beberlo!
IMPRESIONANTE.Sólo así puedo calificar al congreso de este año. Por eso se me puso el culo cuadrado y recorrí kilómetros y kilómetros. Pese al cansancio, mañana mismo repetiría.
Ah, se trataron temas de intenso interés en las mesas redondas, y se debatió muchísimo sobre el mundo de la novela romántica, y presentamos nuestras novelas, y se dieron a conocer  dos nuevos sellos, eTercipelo, de Roca, ya consolidado sin duda, y Tara, de Cazadores de ratas, en futura expansión. Pero vamos, eso es casi secundario. Lo importante fue la sintonía con la que  vibraron los corazones de gente que escribimos en novelas o blog, que hacen portadas, que autoeditan o prefieren la edición tradicional . Gente que AMAMOS la LITERATURA ROMÁNTICA   sobre todas las cosas.
El asunto del viaje de vuelta ya fue otra cosa. Más privada. Con un picnic en los jardines  del palacio episcopal de Astorga que  os pondría los dientes largos de habernos visto disfrutar en él con   la increíble Domina Corvorum ( Andrea para los amigos)  y sus preciosas hijas.
Lo dicho, un viaje IMPRESIONANTE.
Gracias a todos las participantes por alegrar mi verano.

jueves, 4 de julio de 2019

En A Coruña

ESTE JUEVES ESTARÉ DISFRUTANDO DE MIS COMPAÑER@S  EN CORUÑA, EN EL CONGRESO DE LITERATURA ROMÁNTICA ... PRÓXIMAMENTE OS CONTARÉ MIS EXPERIENCIA DEL EVENTO. HASTA ENTONCES!!

jueves, 27 de junio de 2019

Juego de damas.



 El primer fin de semana de julio lo pasaré en A Coruña, en el congreso de escritura romántica que se celebra desde hace unos años en tan bellísimo entorno. Será un placer volver a abrazar a antiguas compañeras y saludar a otras nuevas. Trinidad Palacios organiza unos eventos magníficos así que ya os contaré a la vuelta cómo nos ha ido.  Mientras, os dejo un pedacito de Juego de damas, novela que tendré el pacer de presentar,  para que vosotros disfrutéis también. 


NAVEGACIÓN , 2001
    Después de tres días de crucero, habían visitado La Goleta, en Túnez, que era la primera parada del itinerario; admiraron su arquitectura blanca, sus vistas impresionantes y su fina arena. Como no quisieron apuntarse a ninguna excursión, se limitaron a almorzar en un delicioso restaurante para turistas y a pasear por las inmediaciones del puerto, negándose con cortesía a las insistentes demandas de los tunecinos para que montaran en camello o se adentraran en los comercios de la zona.
   El siguiente destino fue Civitavecchia, donde realizaron una parada más larga para que los pasajeros visitaran Roma. Ellos permanecieron en el barco, agradeciendo el ambiente tranquilo de los salones y las piscinas de cubierta, ya que la mayor parte del pasaje optó por bajar a tierra.
   El tiempo transcurría con placidez. Los días se iban entre baños, comidas y copas, y por la noche, añadían bailes y más y más copas.
   Carla y Eva aprovechaban las siestas para sus encuentros furtivos. Habían logrado mantener a raya a sus acompañantes, pero llegó un momento en que ambos se rebelaron.
   Óscar entró un atardecer en el camarote de Eva cuando Carla se acababa de ir, y la sorprendió saliendo de la ducha. Muy serio, le tendió una toalla, pero no se apartó del frontal del lavabo donde se había acomodado. Su gesto era tan tenso que Eva temió que estuviera al corriente de la situación y le montara un número. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.
—¿Qué está pasando, Eva? —Su voz delataba cuánto le costaba estar allí, pidiéndole explicaciones; su nerviosismo se hizo patente al pasarse los dedos por el oscuro pelo con ademán mecánico—. Creí que al permitirme acompañarte en el crucero me estabas dando pie a algo. No sé a qué, exactamente. No estamos hablando de matrimonio, pero tampoco a solo meternos en la cama... Creí que te importaba. Sé que no quieres ataduras en tu vida, te lo he oído decir mil veces, pero, ¡joder!, al menos podrías disfrutar de una relación estable con alguien, ¿no? Y si no hay nadie en tu vida, ¿por qué ese alguien no podría ser yo?
   Tras la perorata se quedó inmóvil, con los brazos colgando a los lados y la mirada de perro apaleado fija en ella. Eva, aturdida, no supo reaccionar; buscaba por todos los medios no hacerle daño. Sin embargo, él no le dio tiempo a una confesión. Avanzó hasta tocar la punta de la toalla que sujetaba sus senos y susurró junto a su boca «No me rechaces», lo que la dejó paralizada.
Óscar apartó el paño, la cogió bajo los muslos y la subió al lavabo.  La piel de Eva estaba fresca, aunque al paso de sus manos y su lengua comenzó a calentarse.  Ella enredó los dedos en el cabello del hombre y atrajo su boca para devorarla en un frenesí jadeante.
   Óscar, aún con los pantalones de lino blanco y el polo azul marino puestos, se deshizo de los mocasines de una patada y se apretó contra el cuerpo desnudo de la mujer que deseaba; deslizó su lengua por el húmedo cuello, bajó hasta sus senos, succionó primero un pezón y después el otro conteniendo la sonrisa ante las manos de Eva, que se apresuraban contra su cremallera, bajándole los pantalones y los caros slips para buscar su miembro palpitante. Él gimió con su contacto, se apartó para tirar de cualquier modo el polo y volvió a saborear el
contacto de la suave piel femenina. Sus dedos se perdieron en el interior de Eva, feliz de hallarla dispuesta, mientras ella le mordía el cuello y se apretaba contra
su pecho, arañándolo más que acariciándolo con sus uñas pintadas. Durante un segundo se miraron a los ojos, castaño contra azul, y una sonrisa gozosa cruzó sus bocas antes de que Óscar la empalara por completo y ella le diera la bienvenida con un gemido ardiente.
  Óscar se regodeó en sus movimientos, viéndose a través del espejo entrar y salir de Eva mientras la espalda de ella se arqueaba buscándolo, seduciéndolo con susurros, hasta que el canal que lo abrazaba comprimió su sexo y le ofreció el placer de notar los espasmos de su compañera, y se derritió con él. Sin más espera, Óscar apretó la mandíbula, tensó los músculos y se derramó en su interior, cegado de felicidad.
  Pasado el momento de euforia, Óscar acarició los mechones sudorosos de Eva, besó sus labios con veneración y, sin preguntar, la cogió en brazos para llevarla a la ducha. Una vez dentro retomaron la pasión; se enjabonaron, se unieron bajo el agua fresca —él ya no se extrañó de sus carcajadas cortas, profundas— y, cuando lograron saciarse, se tumbaron sobre la cama y se quedaron dormidos.
   Aquella noche se les olvidó cenar.
   Nada más despertar, de madrugada, a Eva le asaltó el recuerdo de Carla. ¿Cómo le habría sentado no verla aparecer por el comedor? Sin duda Lance lo habría celebrado a lo grande, pero ¿y ella?¿Estaría dolida? La posibilidad de volver a hacerle daño como en el pasado le retorció las entrañas.
   La evocación de Alejandro se hizo tan vívida que se sentó sobre la cama y respiró hondo.
   Semejante desastre no podía volver a repetirse.