"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 2 de abril de 2020

Aplausos en las ventanas


 
Suenan las ocho en el reloj de la plaza. Sincronizados, los balcones y ventanas empiezan a abrirse y aparece la gente. Los aplausos resuenan por las calles vacías, desnudas de tráfico y ruido. En un balcón alguien comienza a bailar al ritmo de Sobreviviré de Mónica Naranjo, Resistiré del Dúo Dinámico o el Waka waka de Shakira. Es imposible no contagiarse de esa cadencia que invita a sentirse positivo, a creer que el confinamiento tiene un final, que podemos soportarlo porque los humanos somos así, imprevisibles, más débiles que un bebé pero más fuertes que un virus por mucha corona que lleve. Aquí estamos, sempiternos en nuestro deber, SOBREVIVIR. Porque sabemos que mucha gente lucha por nosotros, para que tengamos un mañana y no me refiero al bíblico. Aplausos. Muchos aplausos para que se escuche en todo el orbe que , por una vez, estamos unidos frente al enemigo. ¡Ánimo y esperanza!

jueves, 26 de marzo de 2020

Reflexiones de una afortunada


Hoy es lunes y hasta el jueves no saldrá este artículo que igual me estalla en la cara porque la situación haya cambiado drásticamente; espero que no, porque de haber cambios, no seamos ilusos, sería para peor. Aquí se cumple lo de “¡Virgencita, que me quede como estoy!”
El porqué del título está claro: vivo en un tercero con iluminación, calefacción y todo tipo de comodidades. ( Mi vecina de enfrente tiene una terraza espectacular, pero qué le vamos a hacer, siempre hay clases y clases!)
Había pensado escribir un diario de estos días enclaustrada ( en verdad lo llevo) pero prefiero ir dejándoos pinceladas de pensamientos.
Por un lado, pasó mi cumpleaños y lo celebré soplando velas sobre un donut de chocolate y con cientos de mensajes, llamadas, videollamadas, y un cariño inmenso que jamás podré agradecer bastante. No hubo fiesta, ni familiar ni de amigos pero sentí la reconfortante presencia virtual de todos ellos. No tuve ningún bajón emocional, porque lógicamente, hubiera sido para darme de tortas con lo feo que estaba el panorama ahí fuera.
El tiempo, ese tiempo al que me aferro con uñas y dientes, sacando de donde no hay para escribir… pues me ha sobrado. He tenido horas y horas para terminar mi última novela, que está más que encauzada, y… ¡ni flores! No es falta de inspiración, que ya sé lo que va a ocurrir, es falta de ganas. Una apatía salvaje al ordenador que, al menos, he limado leyendo ¡Algo es algo! Llevo zampada la mitad de mi lista de pendientes del ebook. Lo malo es que la oferta es tan amplia que se recarga enseguida. Pero bueno, ese es otro cantar…
La gente. Me pregunto si la humanidad, en general, merecemos la pena. En estos días hemos dado TODOS unos ejemplos tan claros de INSOLIDARIDAD, comprando a lo bestia en los supermercados, saliendo a la calle pese al estado de alarma, burlando normas que sirven para salvar vidas, y al mismo tiempo tiempo, de inmensa SOLIDARIDAD, estando pendientes unos de otros, saliendo a los balcones a compartir ratos tontos pero que provocaban sonrisas, intercambiando ideas para hacer más llevadero el encierro... La gente ha regalado libros, música, videos… Nos han caldeado el alma las buenas acciones y nos han enrabietado las malas. En una balanza, no sé cual pesará más. Al final de este confinamiento se verá. Yo quiero creer que vencerán las buenas, pero hay días que la sangre me bulle a unos grados fuera de termómetro.
Sanitarios. ¡Qué rabia! No es el momento, lo sé, pero qué rabia que ahora que nos aprieta el zapato los endiosemos. ¡Si siempre han estado ahí! Se han puesto en peligro de contagios de mil enfermedades, no solo del jodido coronavirus. Han estado al pie del cañón soportando impertinencias de los pacientes, de los familiares, desde hace años. Porque , al igual que a los maestros, es una profesión a la que se ha perdido el respeto. SIEMPRE HAN SIDO HÉROES. Con un sueldo de m… para lo que tenían que aguantar. Y encima, los gobiernos de derechas, privatizando y poniendo más difícil el papel de la sanidad pública. Si se hubieran tenido más medios, quizá otro gallo cantaría. ¿O no suena raro la inmensa incidencia del virus en una Comunidad que lleva siglos gobernada por la derecha? Pero hay oídos que no quieren oír. Esperemos que esto sirva de lección al menos. Porque no simpatizo con cierto partido que va de rojillo y me río yo, pero sus razones en plan social sí que tienen.
Profesores. ¡Ese colectivo que no da un palo al agua y tiene más vacaciones que un ministro! Ese colectivo se está partiendo el espinazo para que vuestros hijos no pierdan el ritmo escolar, actualizándose a toda pastilla con las redes para que los de instituto y universidades no tiren a la papelera el curso. Lo sé de buena tinta. Nuevas programaciones, remodelación de temarios, puesta a punta on line… También ellos son héroes.
Como los que reparten con sus camiones, atienden locales imprescindibles, cuerpos de seguridad, etc, etc.. Todos los que mantienen en pie el país mientras los demás “aguantamos” en nuestra zona de confort.
No quiero terminar sin enviar un recuerdo para los marginales, esas personas que a nadie importan por lo general y ahora menos aún. Espero que las medidas que el Gobierno ha prometido para con ellos se cumplan. Y espero también que no olvidemos que los refugiados en los campos de media Europa siguen allí, hacinados, sin medidas sanitarias y vete a saber en qué condiciones ¿Contarán esos muertos en el computo general de los países? ¿o como son ciudadanos de ninguna parte ni siquiera aportarán su tanto por ciento? Es fácil ser solidarios con el vecino, más con la gente que amamos, pero ¡ah! en tiempos de crisis ¿ quién recuerda a los olvidados?
¡Soy tan, tan afortunada! Blanca ( por una vez, lo de mujer casi da igual) y del primer mundo… ¡Una diosa en el Olimpo de la debacle!
Mi más triste canción para el tercer mundo, porque seguirá siendo el que pague el pato. Aunque quizá sí que haya un Dios y con su capacidad de sacrificio, su espíritu de supervivencia y su fortaleza ante la desgracia lo llevará mejor que nosotros, los pobrecitos enclaustrados en nuestras cómodas casas. Ojalá así sea.

PD: Al menos se están librando de los ingentes videos que asaltan nuestros whatsApp, de las fake news, de los bienintencionados GIF...¡ Qué cansino, por Dios!

jueves, 12 de marzo de 2020

Ser mujer


Ser mujer es, a día de hoy, mucho más que una cuestión de género.
Llevamos a nuestras espaldas el compromiso de no permitir un retroceso en los avances conseguidos por nuestras antepasadas y la obligación añadida, de mejorar aquellas cotas que aún no se han alcanzado. Vivimos en una sociedad mucho más compleja que nuestras madres o abuelas, pero no solo por las nuevas tecnologías; nos enfrentamos a la desidia de gran parte de la juventud que está “sobradamente preparada” pero muy poco “valorada”.
Antes, la mujer apenas estudiaba. Ahora, estudian todas las que quieren. Antes, se las veían canutas para trabajar; ahora, también, pero con el añadido de que en el pasado sólo optaban a equis cualificaciones y en la actualidad pueden alcanzar incluso la presidencia del gobierno.
Disponemos de libertad sexual, pero siguen existiendo “las manadas”; se disfruta de libertad de movimiento, pero escasea la economía y las jóvenes son más dependientes de la familia, convirtiéndose en cargas y además, creyéndose merecedoras de ese derecho.
Se ha olvidado bastante el espíritu de sacrificio que caracterizó a nuestras madres y abuelas, y a esas otras mujeres que, aun teniendo posicionamiento social y económico, lucharon por el derecho al voto de TODAS las mujeres, ricas y pobres, que sufrieron cárcel y acoso y derribo por parte de una sociedad que no entendía qué quieren las mujeres.
Muchos hombres se lo siguen preguntando. Y lo que es peor, algunas mujeres. No obstante, la cuestión es bien sencilla. Basta ver los gráficos de los sueldos en las empresas privadas, del género de personal activo que está trabajando y el que está en paro, de la asombrosa abundancia de embarazos no deseados pese a una supuesta información sexual, del retroceso en memoria de historia de género ( alucino con lo poco que saben las jóvenes de la escasez de derechos de las mujeres hasta hace dos días),de la invasión de lecturas de empotradores machistas, de propuestas educativas para separar géneros, etc, etc.
¿Quedan cosas por hacer? Ingentes. Unas porque se relegaron al olvido, otras porque jamas se consiguieron.
Ser mujer sigue siendo complicado hoy día. Eso sí, también resulta fascinante para las que amamos los retos. De corazón, espero que seamos muchas.
                                                              ¡Feliz mes de la mujer!

jueves, 27 de febrero de 2020

Escuela de mujeres


Una compañera me ha pedido que recoja mis impresiones de lo que supuso mi paso por la escuela de Badajoz. Una alumna desea escribir al respecto y le vendrían bien una pautas de orientación.
¡No sabes, María Luisa, lo complicado de resumir en cuatro ideas diecinueve años!
La escuela de Equipo Solidaridad no es exactamente lo que su nombre indica, un centro educativo. Sí es cierto que trabajábamos por niveles : Alfabetización,Medio ( donde se englobaba a quienes no entraban en los extremos) y Graduado. Se sumaban infinidad de talleres transversales: educación en valores, salud e higiene, informática, prevención de drogadicciones, ocio y tiempo libre, orientación laboral, cuidado medioambiental, etc, etc.
Sin embargo, la labor más importante que las “maestras” hacíamos ( hacen) es la de acompañamiento en todas las fases de la vida de esas personas que llegaban al modesto centro de San Juan, 28.
Les proporcionamos cuidado y atención de sus hijos en el Taller infantil ( el cometido realizado por las magníficas compañeras que han pasado por el aula resultó crucial para esos niños), asistencia en papeleo, apoyo moral y psicológico… En definitiva, una atención personalizada absoluta.
Las edades de las mujeres abarcaban desde adolescentes – las cuales abandonaban los institutos por imperativo de sus padres, para atender a los hermanos o contribuir con un sueldo al mantenimiento de la casa o por desinterés hacia los contenidos curriculares –hasta adultas de diferentes etnias y nacionalidades. Tuve una mujer de más de sesenta años que se sacó el graduado escolar y actualmente sigue participando de la Escuela de Mayores de la Universidad Popular. Un logro inmenso para ella y una satisfacción increíble para mí, “su maestra” como me llama siempre.
A pesar de la disparidad, las relaciones solían ser excelentes. Contribuía la actividad del café de los viernes, un espacio en el que se compartían confidencias, opiniones y, por supuesto, las diversas gastronomías de nuestras chicas. ¡Jamás he comido dulces árabes más ricos que los que ellas hacían! ¡Ni en el mismo Marruecos! Tampoco hemos bailado al son de canciones y palmas de temas gitanos con más diversión que en las fiestas de fin de curso.
¡Ha sido gratificante unir en nuestras salas a mujeres saharauis con marroquíes sin que mediaran disputas, a árabes con negras y blancas, tanto españolas como de países del este!
El respeto fue siempre la base de esa convivencia. Jamás se rompió en los años que viví entre ellas y me consta que sigue siendo regla elemental. Teniendo como presidente de la Asociación a un sacerdote y, durante muchos años, a una religiosa como directora, jamás se nos impusieron valores distintos de los de solidaridad, respeto y defensa de la mujer; su inclusión social como fin único para obtener un puesto en la sociedad que la hiciera sentirse valorada como mujer y como profesional, sin perder su identidad de gitana, inmigrante o, simplemente, perteneciente a una familia vulnerable. El objetivo máximo eran ELLAS. Siempre.
El equipo de trabajadoras del proyecto (no todas eramos maestras) cambió a lo largo de esos diecinueve años, excepto María Luisa y yo. Ella aún permanece. Confieso que fue duro, que sorteamos muchas dificultades: económicas, burocráticas, de salud.. Pero no puedo estar más agradecida a mi destino porgue me permitiera pasar esos años allí. Pocos trabajos son tan gratificantes, pocos enganchan emocionalmente hasta el punto de que despedirse provoque tristeza. Sigue habiendo un hilo que ata a quienes nos fuimos con ese lugar lleno de sonrisas, lenguas diferentes y rasgos exóticos.
Me considero parte del proyecto pese a haberlo dejado en 2014. Sigo teniendo relación con muchas de las alumnas, y por supuesto con las compañeras. Sigo añorando mi trayecto de San Fernando a San Juan cada tarde, atravesando el Puente Viejo sobre el Guadiana, para ir a encontrarme con mujeres que veían en mí no a una persona que iba a instruirles sino a una amiga con la que compartir la vida.