"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 19 de julio de 2018

DISFRUTAR EN VERANO

Disculpad que me atreva, como dice la etiqueta, pero me ha parecido buena idea ofreceros las novelas que he publicado hasta el momento, presentadas bajo el prisma de sus protagonistas. (Faltan tres que están retiradas por cambio de editorial) Todas ellas son, según las críticas,  una lectura amena. ¡Déjate sorprender! 

Soy Ana Beltrán y me he metido en un lío tremendo. Se me ocurrió solicitar un puesto de profesora particular de un adolescente  y me encontré con el pijo más descarado y adorable de Escocia. Sólo tiene un pero: odia a su tío. ¿Qué quien es él? Dylan MacDougall. ¡El hombre con más carisma que he conocido en mi vida! ¿Piensas que se me cae la baba con mi jefe? ¡Pues claro! Atrévete a conocerlo y luego me dices si no te pasaría lo mismo. 
Mi nombre es Brenda. Toda la vida he soñado con ser cocinera profesional y con que James MacDougall pusiera sus ojos en mí. Gracias a Ana pasamos juntos días inolvidables… ¡Pero las cosas no siempre salen como una las sueña! Diez años después soy una chef de prestigio y tengo un novio fotógrafo. James, por su parte, ha regresado de Estados Unidos convertido en duque y prometido a una multimillonaria. Sin embargo, ¿ por qué saltan chispas cada que vez que nos vemos? ¿Por qué él no desaprovecha para llamarme Mo fàil cuando estamos juntos?

 
Conquisté un castillo y perdí mi corazón. Ella lo defendió con saña pero ningún sajón puede enfrentarse al poder de Guillermo I y su ejército normando. Soy uno de sus barones y me he ganado la estima de mi rey hasta el punto de prometerme a su prima más querida. Sin embargo, lady Anne ha hecho estragos bajo mi armadura y me debato entre la lealtad y mis sentimientos. ¡Suerte que ella es intrépida y pondrá en jaque a medio Londres para salirse con la suya! ¿Su premio? Yo, por supuesto. 
 
Estoy enamorado de la mujer más complicada del universo. Le he ofrecido la luna, he puesto el mundo a sus pies, pero me ha dejado. Aborrece mi dinero y afirma que necesita encontrarse a sí misma. ¡Quizá tuve la desdicha de conocerla demasiado joven! Ella soñaba con trabajar en prisiones y provocar cambios sociales. Se ha ido con Carlos, su amor de adolescente, el chico perfecto, el que vive de acuerdo a sus ideales. Mi modo de demostrarle que la amo es esperar a que se dé cuenta de que el único hombre que necesita en su vida es a mí, Mario, su marido. 
 


Mi nombre es Dimitri. Viajo en un yate por aguas brasileñas con el archifamoso cantante Sasha Abbaci . Pero nos ha surgido un contratiempo que ha puesto a mi hermanito de un humor de perros. Hemos rescatado del mar a un bombón que asegura ser escritora y nos mete una bola que parece sacada del más entretenido libro de aventuras. Sasha no la cree. Yo sí, soy fan suyo...y ¡ diantres, está buenísima! De repente, empiezan a pasarnos cosas raras… ¡Parece que Sylvie Doumier no tiene tanta imaginación! Parece que alguien quiere matarla, sí. ¡No podemos dejarla en la estacada! ¡Claro que nunca imaginamos en qué embrollo nos estábamos metiendo!

jueves, 12 de julio de 2018

Falsos derechos



Centro comercial abarrotado. Acompaño a un familiar en silla de ruedas. Necesitamos pasar por el WC y pregunto a una de las dependientas. Su cara de estupor es total. Me crujen las neuronas porque estoy viendo una puerta al fondo, un poco tapada, eso sí, con la señal











Interrogo con firmeza «Tenéis, ¿no? Y ella
 « Sí, si, pero es que…. Perdone, pregunto a la encargada» Otra chica joven, muy mona y pizpireta me saluda.  
¿Sabéis que la mayoría de los minusválidos son invisibles? Los demás siempre se dirigen a las personas que los conducimos, como si ellos padecieran alguna deficiencia mental en vez de física. Más motivo de mosqueo por mi parte. Sonrisa de dentífrico por la suya. «Hola, Buenas. Me ha dicho X que preguntan por el servicio de minusválidos...Hay uno en el centro, en la planta baja...» La señorita Rottenmeier a mi lado parece Heidi . «Perfecto, ¿pero vosotros tenéis o no tenéis servicio adaptado?porque esa puerta dice que sí» Risas nerviosas. «Ya, sí, bueno, ya sabes...la normativa...pero en realidad lo usamos de almacén» Por si me quedan dudas, me lo enseña.
Pido la hoja de reclamaciones. Lo siento por la chica. Ella no tiene la culpa, es evidente. La empresa sí. Y los de inspección, más. ¿Les han untado para que firmen que la obra está hecha cuando en realidad es un decorado?
¡Visibilidad para los minusválidos! ¡Cómo se les llena la boca a los políticos con ese tema! Sin embargo, los bordillos son altos, los accesos mal construidos, las rampas con pendientes de mil demonios… ¡Un poquito de respeto, por favor! Son personas, pagan impuestos, tienen los mismos derechos que un ciudadano cualquiera. Que se note.

jueves, 5 de julio de 2018

Limpieza y civismo

«¡Qué asco de ciudad! » «Vivimos en la población más sucia de…»Frases que escucho de continuo a mi alrededor.
Todo el mundo se queja de lo sucias que están las calles, de lo mal que se cuidan los parques y jardines y se culpa ¡cómo no! a los políticos y los empleados de la limpieza.
Ni la menor autocrítica a nuestras actitudes invicas. No nos culpamos de tirar colillas al suelo, huesos de aceitunas, papeles… De no recoger las cacas del perro, de permitir a los niños pegar voces y romper lo que les cae a mano…
No nos avergüenza poner verde al político de turno, o al policía local, o a la persona de la limpieza; sin embargo, no decimos ni mú si somos testigos de cualquier infracción que ocurre a nuestro lado.
Estoy descubriendo estos días cómo los contenedores de plantas se llenan de vasos de plástico, cajetillas de tabaco, bolsas de chuches… Cuando a solo dos pasos hay una papelera. Eso, por no hablar de cómo se arrancan las plantas y se las llevan o las dejan de cualquier manera sobre el pavimento.
¡Mas vigilancia policial! , reclaman algunas voces. Y yo me pregunto ¿ es eso lo que queremos? Un policía en cada calle o , peor aún, una cámara que me vigile? ¿Es preciso que vivamos en un estado de Gran Hermano – el de Orwell, no de la tele – para aprender a respetar nuestro entorno?
¿Aún no hemos meditado en que lo que hace falta es más sentido cívico, más educación ciudadana? ¿Es más eficiente la represión que la educación? Triste conclusión si decimos que sí.
Personalmente pago impuestos para ver limpias mis calles. Para que mi Ayuntamiento vigile y fomente los espacios bien cuidados...Y para que mi gobierno incluya una severa ley de educación que muestre a los niños que el planeta se salva cuidándolo y que les enseñe a reprender a sus padres si se muestran descuidados en sus deberes cívicos. Porque de verdad, no son los peques los culpables, lo somos los adultos.