"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 8 de noviembre de 2018

Maldito morbo


No suelo ver televisión y cada día lo celebro más. Disculpadme si ofendo a alguien pero no comprendo que la desgracia ajena mantenga a la gente amarrada a la silla sin apartar la vista de las imágenes morbosas. ¿Qué se saca de ver cuerpos destrozados en la calle, familiares llorosos o gente asustada?
¿Qué fue primero, la gallina o el huevo? ¿Qué primero, la audiencia o los espectadores? ¿Quién delimita lo que es curiosidad o morbo? ¿ Es dar una noticia sensacionalista lo primordial en un periodista? ¿Ya no existe la ética profesional?
Quizá porque esta semana me tocó vivirlo de cerca os puedo asegurar que repugna que estés llorando la pérdida de alguien querido, que estés acompañando a la familia y tengas tras de ti a los medios queriendo saber cómo te sientes. ¿Cómo coño te vas a sentir? ¡Deseando que te dejen en paz! Si eres un famoso que cobra por exclusivas allá tú con que te hagan la vida imposible, pero si eres un ciudadano corriente y de golpe te ves inmerso en un drama lo último que deseas es que vengan a ponerte una alcachofa en la boca y quieran lanzarte a los lobos. Acoso a los vecinos, machaque «desinformativo», fotos de menores ...historias que a nadie importan y que ellos se empeñan en meter en cada una de nuestras casas.
De verdad, lo juro, cada día más feliz de no ver la tele.

miércoles, 31 de octubre de 2018

La curva en la carretera

            Código de registro: 1810318870733

 
Andrés conducía despacio. Llevaba unas copas de más después de haber celebrado Halloween en la parte antigua de la ciudad con sus amigos universitarios. Le insistieron para que se quedara a dormir, pero al día siguiente había acordado con su padre que llevarían flores a la tumba de su madre y prefirió regresar al pueblo. El recuerdo le empañó la alegría de la juerga y de los absurdos disfraces que habían lucido por calles y bares. De inmediato le vino a la mente la imagen de una chica de cabellos oscuros y semblante pálido que había vislumbrado en unos cuantos tugurios. En el primero se sintió halagado por su descarada atención, en el segundo, le siguió el juego y le guiñó un ojo, imaginando una pura coincidencia, pero ella le dio la espalda y se alejó. Sorprendido, Andrés había vuelto a la música y las copas, pero cuando se topó con su mirada en el tercero frunció el ceño. ¡Era Halloween, por Dios! ¿Lo estaban acosando o incitando? Ni comentó ni sus amigos hicieron bromas al respecto. Nadie pareció reparar en ella. Y después ya no la vio. La había olvidado hasta ese momento.
De repente, la sangre se le heló en las venas al divisar una figura en el arcén de la carretera. No llevaba reflectante ni hacía el signo de auto stop, pero la distinguió metros antes de ponerse a su altura. Y cuando lo hizo se le erizaron los vellos de la nuca. ¡Era ella, la chica de los bares! Una muchacha de apariencia normal, con tejanos, botas y una cazadora roja. ¿Qué pintaba tan lejos de la ciudad en mitad de la noche? Aprensivo, Andrés pasó de largo. Luego, sus entrañas le dijeron que no fuera absurdo, que no podía dejar a una chavala tirada en la cuneta con el frío que hacía por rara que le resultara. Miró por el retrovisor y ella seguía parada, los puños apretados y los labios tensos, como si le reprochara su cobardía, aunque sin dar muestras de tiritar, pese a la helada, ni de correr a refugiarse. Mosqueado, dio marcha atrás , se puso a su altura de nuevo y le abrió la ventanilla.
¿Te llevo a alguna parte?
La chica asintió sin sonreír, subió al asiento del copiloto y fijó la vista al frente.
No eres de Zarzales. Recordaría tu cara…- Se obligó Andrés a conversar, aturdido por tan extraña pasajera – ¿Es allí dónde vas?
Ten cuidado en esa curva. Puede patinarte el coche.
Andrés pensó que tenía una voz ronca capaz de ponerle a cien si lo acompañaba de un buen vocabulario; sin embargo la hizo caso y aminoró la marcha. Las ruedas chirriaron por el hielo y mantuvo fijas las manos en el volante. Le tranquilizó ver las primeras luces del pueblo a escasos kilómetros. Volvió a escuchar su voz.
María me pidió que te trajera de vuelta a salvo.
Andrés, confuso, no entendió el mensaje. «¿Qué María? » Pero el respingo de verse solo en el habitáculo le cortó la respiración y apretó el pedal del freno por inercia. «¿Dónde estaba la chica ? ¿Qué María? ¡Su madre se llamaba María! »
Bajó del coche y vomitó en el arcén el poco alcohol que le quedaba en el cuerpo. ¿Le habrían dado un tripi con la bebida? Era noche de Halloween pero...Como respuesta, una luz difusa iluminó el cementerio a lo lejos. Andrés se restregó los ojos y se puso a llorar como un niño. «¿Su madre le había enviado un ángel para que le salvara la vida?» ¡Ella había muerto en un accidente de auto, aunque no en ese lugar! Incrédulo, perdido, agradecido, cerró la puerta y condujo hasta su casa a velocidad de tortuga. Mientras, la luz lo acompañó en la distancia.


Adelanto un día mi blog para que os llegue a tiempo el relato.
En homenaje a las fiestas de estos días y a la leyenda urbana de la chica de la curva. ¡Ja, ja, ja!¡ Feliz Halloween!

jueves, 25 de octubre de 2018

¡Panda de crápulas!






Me siento frente a ellos y los observo fijamente. Acabo de mandarles unos ejercicios y me miran como si fuera marciana. Son lo más básico del universo y parecen pensar que les estoy puteando de lo lindo. ¡Si sólo deben rellenar el adverbio de frecuencia adecuado en uno y tachar la palabra que no se ajuste al grupo donde está incluída en otro! ¿Para esto he estudiado cinco años de carrera, he opositado y me he matado a currar de camarera en Londres un montón de veranos?
Tengo una academia. Me han enviado a una panda de crápulas que deben superar un curso de inglés de cuatrocientas horas si quieren seguir en sus puestos, pero les importa un ...pimiento, por ser fina. A uno que lleva dos días sin justificar las faltas le llaman «el psicópata». Tendré que hacer un parte, pero miedo me da. ¿Y si lo apodan así con razón? Luego está «el porrero», uno que se pasa el tiempo liando canutos en la puerta y cuando entramos en clase se ríe como un bobo y me suelta « yo lo entiendo todo,pero se me olvidan tus explicaciones enseguida! ¡No te fastidia! ¡Si va de hachis hasta las cejas! ¡El humo le nubla la mente! ¿Y el cubano? Jovencito, guapete, con rastas...¡Las chicas se lo comen con los ojos! Y con la boca. ¡Vergüenza me da imaginar que algún día mis hijas se porten con semejante descaro!
Para remate, a los veinticinco se suma el chico de prácticas. Memo. ¡Pero memo! Se sienta en primera fila y se comporta como si fuera un alumno. Está de un verde que mosquea. Sin iniciativa, sin motivación...¿para qué puñetas quiere ser profesor? ¿Para terminar algún día teniendo mi cara de cabreo?
Luego dicen que el profesorado está bien pagado… ¡Les dejo un día mi clase!


Para Fátima, por sus inestimables ratos de desahogo telefónico. No me he atrevido a usar su auténtico vocabulario, que hace que me carcajee hasta saltar las lágrimas Pero la recomiendo encarecidamente para un espacio de El club de la comedia. Lo borda. 

   Código de registro: 1810248808714
 

jueves, 18 de octubre de 2018

María de la O Lejárraga


Con motivo del día de las escritoras anduve curioseando páginas y encontré a esta mujer sorprendente, de la cual sólo me habían llegado rumores de que su marido la suplantó a la hora de firmar sus obras. Confieso que la primera intención fue denominarlo «capullo», pero tras investigar ya no estoy segura de si, aparte de interesado en dineros, se le pueden imputar más  cargos.
Conocí a Gregorio Martínez Sierra en mis libros de literatura del instituto y por entonces no se mencionaba que suplantaba su mujer .Espero que los encargados de los planes de estudio hayan modificado la referencia. Martínez Sierra fue un buen empresario teatral. Todo lo demás queda en el limbo de la duda. Firmó un documento donde declaraba la autoría de su esposa de la mayor parte de sus obras, pero también dijo que trabajaban al alimón, cual hermanos Quintero, Preston and Child, Eva Soler e Idoia Amo o las hermanas Urian. ¡Vete a saber!
De lo que sí estoy cierta es de que no fue por cobardía por lo que María no firmó con su nombre. Imagino que los retrógrados de la época no querrían editar la obra de una mujer. Ahora, a la contra, tengo un amigo que firma sus novelas románticas con nombre de chica ( extranjera, además) por sugerencia de la editorial. ¡Mundo de locos!
Perdón por el desvarío. Estaba con María. Nació en 1874 (¡ y falleció en 1974! ), en el seno de una familia acomodada , y por toda lógica, burguesa. O sea, que no les gustó que su hija escribiera. Sin embargo, era políglota y estudió Comercio y Magisterio. Viajó por Europa y conoció las ideas socialistas, convirtiéndose en una ferviente feminista y luchadora por los derechos civiles en general y de las mujeres en particular.
¡Imposible creer que una mujer así temiera publicar con su nombre! Más bien parece que mangoneó a su marido,porque si las cuentas no me fallan, se casó a los 26 años con un señor de 19. En esa época, chocaría. El caso es que , al año de matrimonio, empezaron a publicar y se llevaron como veintidós de «yo escribo, tú firmas» ¡Me hubiera encantado conocerla en persona y preguntarle por sus motivos reales! Publicó en revistas literarias, participó en obras teatrales (Gregorio dirigió el Teatro Lara), en guiones de cine... La nombraron diputada en el Congreso de la República y agregada de comercio en Suiza...Por supuesto murió en el exilio, en Buenos Aires, tras haber recorrido un montón de países y haber seguido escribiendo, ya con el nombre de María Martínez Sierra. ¡Incluso debió reclamar sus derechos de autor a la hija ilegítima que Gregorio tuvo con una famosa actriz ! Para escribir una novela con su vida, sin duda.
Me he limitado a daros pinceladas para que, si os sentís tan fascinad@s como yo, buceéis en las páginas de Internet y averigüéis más cosas. De verdad que María de la O las merece. ¡A mí me ha dejado con ganas de pillar una guija e invocar su nombre!